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La
primera cuestión que nos plantean es si los niñ@s se
dan cuenta de lo que está ocurriendo entre sus padres.
Con
frecuencia se tiende a pensar que un niñ@, por ser pequeño, no es capaz de darse
cuenta de lo que está pasando y lo cierto es que ellos, al no tener las
herramientas que tenemos los adultos, manifiestan su malestar, hablan a través
de actos, de acciones y de síntomas.
¿Y
cuáles son estos síntomas?, es la segunda pregunta que nos
hacen.
Cada niño y cada niña expresará su malestar de
una forma. Al ser demasiadas las
variables que determinan el modo en que cada uno responde ante la situación, no
es fácil definir unas condiciones generales.
Podemos
exponer las reacciones más habituales, dejando claro que su aparición, gravedad
o frecuencia dependerá de la edad, del temperamento y de otros muchos
factores.
Entre 2
y 6 años
-
Son habituales las conductas regresivas
(vuelven a chuparse el dedo, a querer dormir con los padres, vuelven a tener
miedos que ya no tenían, etc.).
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También
se dan rabietas, necesidad de llamar la atención constantemente, ansiedad de
separación cuando se les deja en el colegio o en otro
sitio.
-
Pueden
pasar de la agresividad a la búsqueda de un afecto incondicional (abrazos,
besos, promesas de que se portarán bien, etc.)
-
Alteran
el patrón de comida y de sueño.
-
Tienen
quejas somáticas como dolor de cabeza o de barriga, sin
justificación.
-
Se
niegan a ir a casa de uno de los padres.
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Sienten
apatía (no tienen ganas de nada), se vuelven más introvertidos, tienen
dificultad para relacionarse o jugar.
Entre 7
y 12 años
-
En
estas edades ya tienen más recursos verbales y eso les permite exteriorizar sus
sentimientos.
-
Pueden
presentar conductas de recriminación a los padres con la esperanza de que
vuelvan a unirse. Los manipulan y les presionan para que se junten de nuevo y al
ver que no lo consiguen se frustran, se vuelven más agresivos, disminuye su
autoestima, etc. Les cuesta aceptar la realidad.
-
En
estos años, se dan cuenta de que tienen un problema y que les duele, pero no
saben cómo reaccionar ante ese dolor.
-
También
puede ocurrir que los niños que antes
eran buenos estudiantes comiencen a tener
dificultades.
Adolescencia.
-
La
adolescencia es una etapa complicada donde se suele magnificar los problemas que
se tienen.
-
Suelen tener más miedos que el resto de chicos
y chicas de su misma edad, se sienten solos y
culpables.
-
Dudan
de sus habilidades para casarse y para mantener una
relación.
Para
terminar, nos piden algunas pautas que hagan más fácil y saludable la situación
de separación y/o divorcio:
·
Tener
claro que lo que se disuelve es la pareja y no los lazos de
familia.
·
Buscar
la forma más saludable de llevar a cabo el proceso de
separación.
·
Promover el diálogo, enfocar la atención de
los niños/as en lo que les une más que en lo que les
separa.
·
Que los
niños/as perciban complicidad y compromiso incondicional aunque sus padres ya no
vivan juntos.
·
No
hablarles mal del otro miembro de la pareja y evitar cualquier discusión delante
de ellos.
·
No colmarles de juguetes y regalos para
ganarse su afecto. El afecto de un hijo/a se gana dedicándole tiempo,
comprensión y afecto incondicional.
·
No
utilizar al niño/a como mensajero o espía de lo que sucede en casa del otro
progenitor.rocioriverolopez@gmail.com