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Muy conocida y
también comentada, aquí, en México, es la frase que encabeza este artículo y
que llevó al expresidente norteameriacano Bill Clinton a ocupar la Casa Blanca,
pero al parecer a nosotros la historia, incluso la más reciente, nos pasa
simple y sencillamente desapercibida. El presidente Felipe Calderón Hinojosa
(FCH) se enfrascó, quizá con razón, en una larga y sangrienta guerra contra el
narcotráfico tratando de hacer, tal ves, de una forma estéril, la talacha sucia
para el vecino del norte, que, dicho sea de paso, nos ve como su patio trasero
y solo voltea para acá cuando siente que se está reproduciendo muy rápido la
fauna nociva y se puede pasar para su lado. Y ensimismado con esta lucha, con
un pésimo, o nulo, equipo de comunicación social en la presidencia, se olvidó
de otro gran tema, que por pegarnos en el dia a dia, tenemos muy presente los
mexicanos, el de la economía, y no me refiero a la macro, sino a la micro, a la
que nos pega directamente en nuestros bolsillos como el precio de las
gasolinas, la electricidad, el huevo, las hipotecas, el tomate verde, el pollo
y algunas otras cosillas que necesitamos para poder subsistir.
Desde arriba nomás se ve el paisaje, pero no los
detalles.
También es famosa la premisa de que si se quiere ver
el paisaje hay que subir a la cima para poderlo contemplar completo, en toda su
extención y belleza, pero si lo que se pretende es reparar en los detalles,
entonces es indispensable bajar para conseguir verlos y apreciarlos en forma
correcta. !Bien! Pues durante todo el sexenio del presidente Calderón se estuvo
hacendo énfasis en la solidéz de la macroeconomía y se habló de
"blindajes" contra golpes externos e internos. Mi percepción es que
sí hay mucho de cierto en esto, incluso el Bancoi de México llegó a apalancar
al peso mexicano con cañonazos de 300 millones de dólares diarios para
protejerlo contra los especuladores y se estableció una suerte de control de
cambios, aunque no les gusta llamarlo así, fijando montos máximos de compra y
endureciendo los requisitos para poder comprar grandes cantidades de dólares
norteamericanos o euros. Pero cuando
menos dos factores han pegado fuertemente al poder adquisitivo de todos
aquellos que no formamos parte del "selectísimo y cómodo grupo de los 300
empresarios que tienen acceso al presidente" como dijo alguna cez el
ex-banquero Agustín Legorreta y son el de las alzas en los precios de las
gasolinas y en la electricidad (este último especialmente en la zona centro
después de la extinción de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro). Mi recibo de luz pasó de setecientos cincuenta
pesos bimestrales a cuatro mil ochocientos (!Casi nada!) y nomás no hay poder
humano que los haga rectificar. Cabría añadir un tercer elemento, que es el del
aumento, paulatino, pero constante, en los costos de las hipotecas y de las ya
de por sí jugosas comisiones bancarias.
Mientras el paisanaje "aguantando vara",
como suele decirse por ahí.
Hubo un momento, más o menos a principios del sexenio,
que pareció como que al presidente le había caído el veinte cuando les dijo a
los grandes empresarios algo así (no recuerdo las palabras textuales, mas tengo
presente el hecho) como que todo eso del Teletón y los donativos estaba muy
bien, pero que sería mejor que ya pagaran sus impuestos correctamente al igual
que todos los demás. Estaba más o menos de moda, entre los periodistas de
economía, hablar del famoso régimen de "consolidación fiscal" que, en
muy resumidas cuentas, les permite a los gigantes aplicar las pérdidas de
algunas de sus empresas a las jugosas ganacias de las realmente productivas y
de mayor lucro, entre otras cosillas por el estilo. El golpeteo de algunos
periodistas y comentaristas, ¿chayoteros?, contra el presidente no se dejó
esperar, pronto, muy pronto, hubieron reuniones privadas con los empresarios y
ceremonias públicas en Los Pinos donde fumaron la pipa de la paz y nadie volvió
a hablar del asunto ni por equivocación.
En pocas palabras, esos 300 se quedaron con su régimen de privilegios y
a nosotros nos apretaron las pinzas con que nos tienen bien sujetos.
Mientras... el paisanaje aguantando vara y viendo como su ya de por sí escazo
dinerito le alcanzaba y alcanza, para comprar cada vez menos y de menor
calidad. !Uff! Ya me imagino como estuvieron los cocolazos allá arriba,
segurito que le pusieron las peras a veinticinco al primer mandatario para
obligarlo a recular como lo hizo.
Ahora que el P.R.I. promete "Reformas
Estructurales"...
Y ahora es cuando la cosa se pone buena, porque ya
terminaron !Afortunadamente para todos nosotros! las campáñas electorales,
incluída la presidencial, y ya veremos como no es lo mismo criticar y decir que
"se es incapáz para gobernar" y que "es hora de quitar al mal
gobierno" que cumplir lo prometido. Porque resulta ser que hace falta
dinero, mucho dinero, para hacer siquiera algo de lo prometido y más para
conseguir un mayor crecimiento de nuestra economía. La única vía por la cuál el
gobierno que desafortunadamente presidirá el niño bonito, mujeriego, y al
parecer también hombreriego, copetón, podrá allegarse recursos extras es por la
vía de los impuestos, es decir, volvernos a cargar la mano a los causantes
cautivos (dudo que a los grandototes los molesten ni con el pétalo de una rosa
y a los múltiples grupos "populares" que tampoco pagan impuestos
tampoco pues como es previsible, no querrán enemistarse con los llamados
"poderes fácticos" en en eso el Rev. Ins. es maestro). Que la Peña nieto contrató a un general
colombiano, quesque experto en el combate al narcotráfico y no sé cuántas otras
monerías, bueno, como gople estrictamente mediático y propagandístico se
entiende, que seguramente maquillará y le cambiará la marca y envoltura a la
estrategias seguida por su antecesor panista, también se antoja obvio, pero que
no pierda de vista la verdadera y gran preocuación de los mexicanos que no
tenemos acceso al presidente ni se olvide de las palabras de Mr. Clinton:
"Es la economía !Estúpidos!