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La generación del cambio


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15/08/2012

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Confesiones.


 

La generación del cambio.

 

Hay una diferencia radical entre crecer con el fracaso a hacerlo con la victoria, del ejemplo se aprende, las nuevas generaciones de mexicanos, lo decíamos en la columna anterior han aprendido a ganar y se están acostumbrando a ello.

Al menos en el tema del deporte, que bien puede servir como un buen indicativo general, sin embargo eso no significa que la situación sea la misma para todos.

Por un lado vemos a jóvenes deportistas, muy jóvenes algunos, con un temple extraordinario, capaces de afrontar cualquier prueba con dominio y superioridad, mientras que vemos a otros que ante la falta de oportunidades, caen en la tentación de encontrar fortuna en la delincuencia.

Si bien es cierto que hoy las generaciones menores a los veinticinco años, no cargan con el pesado lastre de la historia de derrotas que era una constante, también lo es que el aumento de la violencia perfila un modelo agresivo de comportamiento.

Son dos realidades contrastantes, tenemos a los que están desarrollándose acompañados de dos campeonatos mundiales sub 17 y la medalla olímpica en futbol como una referencia entre otras, y a los que encuentran la posibilidad de ganar dinero fácil en el crimen.

En esa relación, obtener siete medallas olímpicas para un país con el tamaño y las posibilidades del nuestro es muy poco, pero eso es parte de una evolución en proceso, que vislumbra que hay una mentalidad renovada.

Lamentablemente estos fugaces episodios de triunfo, contrastan con el devenir cotidiano, ese en el que el recuento de víctimas de la delincuencia alcanza cifras espeluznantes.

Esto nos conduce a reflexionar acerca de la necesidad de definir el tipo de patrón que debería encauzar a nuestra sociedad, porque hay una capacidad y talento manifiestos, que no se aprovecha cabalmente.

Los elementos para plantear un desarrollo adecuado existen, sin embargo no están disponibles para todos, de hecho quienes acceden a ellos son los menos y eso se nota.

Precisamente el recuento de logros en las pasadas olimpiadas, es un referente que ejemplifica la situación, entre lo que se puede lograr y lo que se obtiene finalmente.

Aun y cuando en el plano de las perspectivas podríamos pensar que hay argumentos suficientes para darle la vuelta a las cosas, el camino para llegar a ello se antoja todavía muy largo.

No deja de ser muy positivo encontrar expresiones de excelencia, en este caso a través de nuestros deportistas de alto rendimiento, pero ellos en porcentaje son minoría.

La transformación de la mentalidad se circunscribe como el elemento fundamental del cambio, se trata pues de un asunto de fondo que infiere en una nueva personalidad.

Pero eso no limita que dadas las condiciones políticas, económicas y sociales del país, existan también severos riesgos en el proceso formativo de esas nuevas generaciones.

Como lo pudimos observar recientemente en el pasado proceso electoral, hay una tendencia a la intolerancia y esta a la provocación que termina en violencia verbal y física.

Si a eso le sumamos el flagelo que significa la preponderancia de la delincuencia organizada, tenemos un escenario resquebrajado, una disyuntiva que no solo divide entre el bien y el mal.

Se trata de un asunto decíamos que tiene que ver con la formación y no solo académica, esto se expresa en que para muchos jóvenes sea el crimen la oferta más tentadora, la integración de grupos políticos que privilegian la corrupción, gracias precisamente a la ausencia de valores y compromisos.

Esto infiere que quienes serán los próximos dirigentes del sistema político se educan en la simulación, la ineficiencia solapada por los acuerdos de convivencia entre iguales.

En general un esquema donde sobresale la soberbia, una visible incapacidad de resolver asuntos a través del dialogo, una banalidad que desnuda la escasa preparación, académica decíamos tanto como la moral.

Estas generaciones del cambio, cuentan con herramientas tecnológicas extraordinarias que fomentan el acceso a la información y la comunicación, sin embargo estás no se orientan en la mayoría de los casos a la búsqueda del aprovechamiento, sino simple y llanamente como mecanismos para el enfrentamiento.

En el renacimiento, sobre todo en la sociedad italiana, se desarrollo el concepto del ser integral, representado por personajes como Leonardo Da Vinci por ejemplo, una concepción armónica de conocimientos equilibrados que le daban una gran fortaleza al individuo.

El hombre del renacimiento ponderaba un amplio aspecto cultural que se traducía en el pensamiento y de este en la creación, la divergencia actual es que ese virtuoso esquema se ha relajado por completo.

Nuestras generaciones del cambio a pesar de tener a la mano incontables formas de auto formación, se orientan más en la facilidad que no profundiza y elimina por completo la creación de conceptos.

La modernidad no debería de ser un elemento para limitar la construcción de ideas, aun y con todas las complicaciones de nuestro tiempo, la velocidad de nuestra dinámica se contrapone con la integralidad.

Ahora bien, esto supone que el problema viene desde las bases, empezando por un muy contradictorio sistema educativo, secuestrado en los intereses de los liderazgos sindicales.

En el abandono de causas, que se encumbren en un sistema de partidos que premia mas el amiguismo que el talento, que enseña que para progresar no hay necesidad de la virtud.

Esto por supuesto se conjuga con una sociedad que hasta hace poco era cómplice de ese esquema,  un colectivo que apenas esta despertando de ese marasmo afortunadamente para ser mucho más exigente.

En cualquier caso, lo que se tendría que discutir porque eso es un asunto de responsabilidad, es el tema de los modelos, porque de su despliegue dependerá el país del futuro.

No podemos pues distraernos pensando que se avanza por unos cuantos resultados que son positivos, no es la intención minimizarlos, son extraordinarios y ellos mismos nos confirman tener capacidad y talento para sobresalir en cualquier plano.

Que el festejo no sea un pretexto para caer en la comodidad, por el contrario esos triunfos, en este caso los deportivos, son una muestra innegable de que si podemos apostar por una nueva generación exitosa, que aprendió a ganar y que puede acostumbrase a ello.

Sin ánimo contradictorio también hay que reconocer que esas victorias son pocas dado el potencial real con el que contamos, por tanto habría que aprender de esos casos para saber qué fue lo que se hizo bien y replicarlo.

Porque no son ni por mucho una muestra general, son referentes pero no son tampoco el resultado de una estrategia, son parciales y por ello muy indicativos.

La generación del cambio tiene pues en conclusión muchos argumentos para transformar, ahora lo que corresponde es que esos valores se reproduzcan y lleguen a las mayorías, no se trata de un esquema de distribución simple.

Va más allá de un aspecto administrativo, lo es de mentalidad, de formas y fondos, que ya demostró ser el camino correcto que hay indiscutiblemente que seguir.

Es adelantador pensar que tenemos frente a nosotros la posibilidad real de cambiar, que nuestros jóvenes pueden desterrar vicios y comportamientos erráticos del pasado, sin embargo eso no será por casualidad hay que dedicarse a ello.

 

guillermovazquez991@msn.com

twitter@vazquezhandall



Etiquetas:   Política   ·   Juventud

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