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El triunfo de Humala: ¿La espada de Bolívar camina por América Latina?


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13/04/2011

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Aunque esta vez se habla del asesoramiento de Lula y del Partido de los Trabajadores de Brasil en el triunfo que le ha permitido obtener a Ollanta Humala y a su agrupación Gana Perú un 32 % de los votos del electorado peruano (a 8 puntos de distancia de Keiko Fujimori, de Fuerza 2011, su rival más cercano), e independientemente de que los llamados estratos A, B, y C, que votaron, entre otros, por Pedro Pabro Kuczynki (PPK), de Alianza por el Gran Cambio , Alejandro Toledo (Perú Posible) y Oscar Luis Castañeda (Alianza Solidaridad Nacional), previsiblemente terminen votando a regañadientes por Keiko en la segunda vuelta que tendrá lugar en el mes de junio, muy pocos dudan que de ganar Humala el Perú pasaría a formar parte del grupo de países que conforman el ALBA (Alianza Bolivariana para los pueblos de América), se convoque una Asamblea Constituyente para cambiar la constitución y , en definitiva, su gobierno termine abrazando el ya famoso Socialismo del Siglo XXI, tal como hicieron antes Correa o Morales. Pues nadie parece olvidar las declaraciones que el propio Humala ha hecho en este sentido desde las elecciones del año 2006 ( cuando finalmente perdió con Alan García), el apoyo que ya en esa época le dio el gobierno venezolano, y hasta aquel estrambótico caso de las latas de atún que fueron repartidas entre los damnificados del terremoto de 2007 con las imágenes de Humala y el presidente Chávez.


 

Pero, ¿ en qué consiste ese proyecto que desde hace años viene liderando el presidente venezolano y que llaman socialismo del siglo XXI? ¿Por qué millones de personas de países como los ya mencionados muestran algún tipo de simpatías por ese proyecto? No basta tildar a aquél de populista y descalificarlo como no revolucionario (llevados tal vez por el prestigio de que todavía goza el término revolución, el cual está asociado no sólo a cambios y mejoras sociales sino a que todo ello, según creemos que nos lo ha enseñado la historia, son acontecimientos irreversibles ) cuando su proyecto se ha extendido más allá del suelo venezolano y no parece obedecer sólo al dinero de que, con toda seguridad, dispone . No basta decir tampoco ,como se ha llegado a hacer en Venezuela – en vista de la popularidad que todavía mantiene el presidente, aunque muchos ciudadanos sufren la escasez de vivienda, ven limitada su libertad de elección al no conseguir los artículos que necesitan en los anaqueles de los supermercados, y no pueden disfrutar de ciertos servicios básicos como la luz eléctrica – que por primera vez tenemos un gobierno que atiende a los pobres; pues en gobiernos anteriores, como, por ejemplo, los de Acción Democrática ,también hubo infinidad de programas sociales (las becas escolares , el vaso de leche , los hogares de cuidado diario, etc. ). Al mismo tiempo, nadie parece saber a ciencia cierta cuáles son las bases de este mentado socialismo, aunque éste se haya caracterizado hasta ahora por un nacionalismo extremo, acompañado de un desmedido antiimperialismo, y un centralismo que se da la mano con un antiliberalismo excesivo. Nada de esto, sin embargo, parece explicar suficientemente dicha notoriedad, a pesar de que en estas últimas oposiciones podemos adivinar ya ciertas respuestas.

 

Es cierto que los militares, como sostiene Kent Follet en una de sus novelas, no están preparados para evitar las guerras sino para ganarlas, y hasta es posible que como estamento social tengan su propia ideología, una ideología negativa y dominante, legitimada esta vez por el carisma (Max Weber) de unos líderes que , como Chávez y Humala, trataron de subvertir el orden en su momento. Pero es indudable que al menos el discurso del primero ha logrado transmitir a ciertas estratos de la población un lenguaje y unas categorías interpretativas que les permiten a éstos no sólo poseer cierta identidad que antes no tenían , sino , también, disponer de un instrumento para enfrentar un mundo tan heterogéneo como el que nos ha tocado hoy , del cual han estado tradicionalmente excluidos. Los conceptos – o significantes – de que todos disponemos son tan vagos y abiertos (occidentales, cristianos, obreros , etc.) que por momentos permiten que esos discursos totalizadores los cierren y nos confieran, a través de la oposición con los otros , una identidad de la que siempre estamos, de alguna u otra forma, necesitados . Por eso la confrontación con el otro (la llamada polarización) ha servido para otorgar a ciertos ciudadanos una suerte de identidad de la que estaban desprovistos, a la vez que les ha proporcionado un discurso necesario para enfrentar el mundo del cual, no sin razón, se sienten apartados. De ahí que muchos de ellos aunque se quejen de que no tienen viviendas y de que no disponen de ingresos apropiados, paradójicamente, y sin embargo, se sigan autodenominando revolucionarios y, para más señas, chavistas.

 

No conozco el caso peruano, pero en Venezuela los elementos que se oponen al gobierno no parecen haber captado esta arista del problema y continúan haciendo una política desleída, como si hablar sólo de los problemas cotidianos y de la escasez fuera suficiente; como si la política, al decir de Weber, se tratara de ganar el cielo. El problema de la política, como ya lo asomó éste, es mucho más serio como para ser tratado de ese modo. Entre otras cosas, tendrían que preguntarse por qué estos nuevos revolucionarios se comparan con el Libertador y sostienen que la espada de Bolívar camina otra vez por América Latina. ¿O es que no fue Bolívar quien también, gracias a su retórica diferenciadora, supo imprimir una identidad a unos pueblos que sin ella no hubieran podido derrotar al imperio español? Pero el asunto de Bolívar es ejemplar también en otros sentidos: esta identidad de la que venimos hablando llega a hacerse tan fuerte (y consecuentemente también la identificación con el líder) y a estabilizarse tanto que casi siempre los líderes revolucionarios, cuando dan un pequeño traspiés que la contradiga, acaban siendo devorados por el proceso que ellos mismos condujeron.



Etiquetas:   Política

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