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Luxemburgo y la riqueza para su gente


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15/08/2012


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Se trata del país más pequeño de la Unión Europea, que a su vez es el país con la mayor riqueza per cápita. El Gran Ducado de Luxemburgo, una nación exótica rodeada por Francia, Alemania y Bélgica, presenta algunos aspectos que la hacen curiosa y enigmática: desde sus palacios y castillos coloniales, hasta su ubicación privilegiada por sus elevados niveles de calidad, sus ingresos millonarios y el enorme flujo de personas que traspasan sus fronteras todos los días para trabajar o hacer turismo. Con un territorio accidentado, lleno de colinas, peñas, bosques y valles, sus postales lo grafican como enigmático y lejano.


Luxemburgo posee una población de medio millón de habitantes sobre una superficie de poco más de 2.500 kilómetros cuadrados. Pero con una economía sólida, con mucha su capacidad de generar riqueza y con una buena distribución, los resultados en materia de ingreso económico por habitante lo posicionan por encima de naciones poderosas como Estados Unidos, China o Japón. Actualmente su renta per cápita es 2.5 veces superior al promedio de los países de la Unión Europea, en tanto es 7 veces superior a Bulgaria, el país de menor ingreso en el bloque económico del viejo continente. Uno de sus grandes secretos para lograr convertirse en el más rico de Europa es la flexibilidad de su frontera: una gran parte de la fuerza laboral está constituida por alemanes, franceses y belgas que trabajan en Luxemburgo pero residen en países vecinos.

Además de ser uno de los grandes centros financieros internacionales, con un sector bancario y uno de seguros muy fuertes, posee una industria metalúrgica muy desarrollada. También la agricultura, la viticultura, las telecomunicaciones forman parte de las actividades generadoras de empleo y desarrollo. Al tratarse de una economía pequeña y organizada, ofrece numerosos atractivos para la radicación de empresas multinacionales y para la circulación de capitales. A tal punto, que las facilidades fiscales son vistas con recelo por algunos miembros del bloque europeo, que se ven en desventaja ante un sistema permisivo.

El Gran Ducado ha sabido aprovechar su ubicación entre naciones ricas y poderosas, estableciendo facilidades comerciales y laborales, incentivando el turismo, la radicación de empresas, las inversiones y la circulación de capital. Produce por su cuenta, atrae la riqueza y se extiende hacia los mercados vecinos. Hoy en día sus tasas de desempleo son muy bajas en tanto los salarios son elevados.

Detrás de este conjunto de datos económicos, la educación trilingüe destaca como una novedad: al luxemburgués se suman el francés y el alemán como idiomas básicos en la formación escolar de los habitantes. No hay jóvenes analfabetos en este país: la educación gratuita y obligatoria se encarga de que los niveles de escolaridad sean altos y competitivos.

Visto desde la distancia, parece una pintura lejana a nuestra realidad latinoamericana. Pero con una buena mirada encontramos que hay fórmulas demasiado simples que marcan la diferencia entre el atraso y el progreso, entre mantener cifras escandalosas de pobreza y lograr ingresos que mejoren la calidad de vida. Mientras en Latinoamérica nos complicamos con enredadas relaciones fronterizas, conflictivas, trabadas y en permanente entredicho, los países desarrollados han minimizado la burocracia y han facilitado la circulación de personas y capitales. Y curiosamente, en Latinoamérica son las economías más grandes las que más trabas ponen, las que más bloquean y las que más boicotean al vecino.

Algo que deberíamos recuperar con urgencia es la confianza, esa condición que hace que los capitales fluyan, que se radiquen empresas y se generen empleos. Y esa confianza pasa por tener sistemas financieros estables y creíbles, por minimizar la burocracia y comenzar a hacer concesiones a todos aquellos que aporten a la producción de riqueza.

Más allá de nuestros conflictos latinoamericanos, hay muchos ejemplos de fórmulas conocidas para erradicar los males que nos aquejan. La educación en Singapur, el orden en Suiza, la transparencia sueca o el incentivo a la innovación en Israel: cada uno de ellos supo explotar sus condiciones para dar el gran salto hacia un mejor nivel de vida.





Etiquetas:   Economía   ·   Recursos Humanos   ·   Políticas Públicas

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