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La amabilidad fingida de los hombres


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13/08/2012

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“Hola”

 

Esta singular palabra es bienaventurada y maldita a la vez, es lo que permite la apertura del hombre en el mundo de los otros, respecto a lo anterior añadiré que la marginidad de nuestro sistema anímico no permite ser completamente lo uno o lo otro, es decir feliz o infeliz, de todas maneras las cosas se pueden afirmar que “Son” y peor si se habla de ambivalencia.





Un saludo en la nación, tribu, lengua o pueblo que sea y de la manera que se demuestre es un producto del engaño, es decir, de la cultura, entonces por cuanto digo esto se me juzga de anarquista, de formar nuevos valores y de manipular sistemas de filosofar: racionales o irracionales consciente e inconscientemente, como sea, masacrare la confianza de las mujeres hacia las hombres y viceversa.





Los hombres son amables con los otros, con esto denoto la falsedad de la llamada amistad del desconocido que llega en ocasiones ser “El que se conoce” y la “Persona de confianza” que termina a veces traicionando abiertamente, más en secreto falla siempre.





Lo infinito no se llena, la amabilidad busca llenar eso que complete la fusión con el otro, más desatinamente ya que  ha llegado tarde, otra ley se antepone a sus siniestros planes, digo siniestros porque si no el esclavo seria leal para siempre, no hay esclavo, sino sugestionado, que no busque la libertad de la cárcel de su lugar de permanencia física o psíquicamente.





El hombre caza presas, maquina el acercamiento con nobleza o maldad, a veces para confundir mezcla ambas, parece bueno y/o parece malo, en ocasiones no se sabe,  se dice las dos o ninguna, sea de la forma que sea se añade el extra de que existe un apuntalamiento, la necesidad que demanda, necesidad que oculta sus propósitos mas ocultos porque no todos los motivos se desglosan ante la mirada ajena ni aún se notan distinguir del todo en la mejor de las observaciones, entonces se necesita sostenerse en lazos de dominación: dominar y ser dominado, cuando ninguna de las dos cosas gustan, ese lazo es solo alimento y vestido y la llamada comodidad que no es sino solo vanidad, porque aunque se desnudara a todos los hombres y se le quitasen todas sus posesiones seguirían siendo vanidosos, la vanidad es la engendradora de su superficialidad en su amistad, de esa amistad que no vale nada sino solo el valor que se le da, valor que ni siquiera es real, solo es otra ficción el que las cosas valgan algo, simulaciones atormentadoras que traen consigo valoraciones y discriminaciones.





Es abrupta la llegada de hombres a la vida de otros, se deseen o no siempre están con sus mentes abiertas y solo pocos entre ellos disimulan bien.





Los hombre fingen querer al objeto, más mienten, no lo desean lo que buscan es su posesión y pertenencia.





El desleal finge su amistad por lo tanto todos fingen bajo mil mascaras cual si se lloviese infinitamente los unos sobre los otros.





El verse solo es la excusa perfecta para atacarse a uno mismo y correr en la búsqueda de otro que se parece a mí, pero que solo es otro cualquiera, al que tomo como favorito y que además se ajuste a mi existencia.





Son traumas estas experiencias diarias de convivir con personas, esto nos sugestiona tanto que pensamos que por  algunos somos felices y por otros no lo somos, pero ¿Qué es esto? Solo son tonterías, es atascarse en lo mismo una y otra vez y a esto se queda pegado el sujeto cual si fuese abeja a la miel.





Que falsos son los que sonríen para quedar bien, igualmente aquellos que solo se quedan en silencio, los que lo hacen con enojo y otros con un sinfín de gestos obsoletos.





Si se pudieran contar las intensiones del corazón y los hechos para los determinados fines de los hombres se aborrecerían en su mayoría las cordialidades, esos lazos que no se ven, nudos con muchas vueltas, por eso mismo los hombres son de dura piel.





Se es amable porque se teme a la soledad, el enfrentamiento con uno mismo, disgusta al que no sobrevive esta “Pena”.





Se necesita la sonrisa ajena cual pan que se come en sueños cuando se duerme con hambre. 





Mentiré para convencerme es necesaria la hermandad entre los hombres: es cierto ¡Qué triste es pensar negativamente, la amargura destellante no debería opacar una mente triunfante! una vez dicho esto nada cambia, todos siguen siendo unos miserables: los buenos y los malos.





¡Qué amables son las personas, no sé qué haría sin ellas!





El deseo transforma lo hermoso y lo horroroso en la más preciada bendición por eso mismo la belleza y su antagónico fallan, tornan siniestra cualquier relación.





Cualquier día te conoceré, en ese momento: Serás mi desconocido favorito.





En resumidas palabras: Se es amable para tomar las cosas seriamente, esa es una buena artimaña para enredar eficazmente.











Etiquetas:   Psicología   ·   Reflexión   ·   Filosofía   ·   Cultura

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