El cocodrilo y la publicidad

Suelo intentar escapar de las rutinas, de las imitaciones, y de las vulgaridades. Lo de “¿Dónde va Vicente?, dónde va la gente” es ritual que no va con mi carácter. Me niego a ser víctima del marketing y copiar las tendencias, las modas o las rutinas del prójimo. Quizás se trata de una rareza larvada, pero es mi estilo.

 

. Lo de “¿Dónde va Vicente?, dónde va la gente” es ritual que no va con mi carácter. Me niego a ser víctima del marketing y copiar las tendencias, las modas o las rutinas del prójimo. Quizás se trata de una rareza larvada, pero es mi estilo.

Desde hace años, bastantes, observo el clonaje que emplean muchas personas en la vestimenta con determinadas marcas de renombre. Parece responder a una tendencia mayoritaria a la hora de enfundarse una prenda con el mismo símbolo de marca. Las prendas a las que me refiero están presididas por una característica etiqueta ‘cocodrilo’ que se identifica con una concreta y conocida marca. Todos parecen ufanos en lucir sobre su pechera la colorida silueta del popular ‘cocodrilo’.

Les ves por la calle, en los bares, sentados en una terraza, subiendo en el ascensor, participando en tertulias televisivas, en entrevistas, en esas manifestaciones y concentraciones hoy tan en moda o, simplemente, relamiendo un helado por Santander. Casi todos se muestran indiferentes y ufanos con su distintivo comercial presidiendo la prenda. Sucede lo mismo con otras marcas, como por ejemplo con la de prendas deportivas “Adidas”, que disfraza a más de media población con chándales y resto de prendas y accesorios deportivos presididos por grandes letras con la marca. O sea, todos como Vicente y sin complejos.

Considero una paletada lucir prendas con los mismos distintivos que visten miles de personas. Me recuerdan a los sometidos comunistas de Mao Tse-Tung, todos de azul. Pero es que, en realidad, yo no publicito graciosamente el ‘cocodrilo’ ni aunque me regalen la prenda. Me preocupa una hartada hacer el ridículo presumiendo de marca masiva, pero me inquieta aún más lucir propaganda sublimal de una marca de forma gratuita. Tuve un compañero de trabajo que dejaba en las mangas de los trajes y chaquetas las etiquetas con la marca de la prenda. “No hagas el ridículo, -le aconsejaba-, y quita esa etiqueta”. Pero la copla no le sonaba.

Esta modalidad que nos están inculcando de convertir a los consumidores en postes publicitarios gratuitos a través de la vestimenta, se está ahora ampliando a la simple acción de la compra. Cada vez que sales de un comercio con alguna adquisición, inicias un proceso publicitario del negocio que, para más inri y cachondeo, nos hacen pagar. El pirateo está en el envoltorio de la compra. Antes regalaban la bolsa pero ahora, con la nueva fórmula de ahorro, la mayoría de comercios, así como las grandes, medianas y pequeñas superficies, te cobran las bolsas de la compra.

Lo lógico, ya que las pagas, es que te den las bolsas en blanco, negro, gris o en arcoíris, pero sin letras ni distintivos. Pero no, las bolsas que te cobran llevan impresa la publicidad de la tienda o del negocio y nosotros, como lelos pardillos, las transportamos de aquí para allá como auténticos postes publicitarios y con la propaganda que nosotros mismos sufragamos.

A esto se le llama marketing comercial inteligente.

UNETE



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