Competitividad: Clústeres

Competitividad: Clústeres

 

. Michael Porter (1998)

Las raíces de los clústeres a menudo reflejan circunstancias históricas o desarrolladas por eventos casuales, pero una masa crítica impulsa un proceso de auto-refuerzo. En Chile, el clúster de la minería del cobre, o el del vino, son algunos ejemplos conocidos.

 

Existe evidencia que los clústeres bien llevados aumentan la productividad / eficiencia operacional, y se basan en un equilibrio entre la competición y la cooperación.

 

En general, las políticas de clúster han contribuido substantivamente a superar varias barreras de cooperación, tanto dentro de clústeres como entre los distintos clústeres.

 

¿Qué papel deben jugar las instituciones para la colaboración o Stakeholders en estos dinámicos encadenamientos?

Estos contribuyen a modelar y/o mejorar los entornos competitivos a través de:

1.      La creación de relaciones y del nivel de confianza que hace a las empresas más efectivas.

2.      La definición de estándares comunes.

3.      La dirección o facilitación de acciones colectiva.

4.      La definición y comunicación de creencias y actitudes comunes.

5.      El suministro de mecanismos para desarrollar un plan de trabajo del clúster o de la economía en general.

 

¿Qué ocurre cuando tales instituciones son esmirriadas?

Es allí donde el liderazgo del gobierno es vital, facilitando, integrando, promoviendo, apoyando, incentivando, el trabajo emergente de los clústeres, e involucrando a la empresas “tractoras” que “tirarán” o “empujarán” a las instituciones clusterizadas. Ese rol del gobierno ocurre hasta que el tejido empresarial madura en cooperación y gestión de clusters.

Todo ello en el marco de una Estrategia Regional de Competitividad, de Planes Competitivos, de Programas de Competitividad que contienen sus respectivas áreas de trabajo en cada clusters y de propuestas de acción para cada caso.

La “triple hélice” Empresa, Gobierno, Universidades, en general; y las instituciones de colaboración, en particular -en interacción más constructiva que burocratizante-,  llegan a identificar nuevas oportunidades para la competitividad de una región, a identificar sinergias, a difundir información estratégica, a evaluar todo su proceso.

Así, en todo el proceso cada clusters define la mejora de su competitividad respondiendo a los retos estratégicos a través de la cooperación de todas sus instituciones.

 

Se ha constatado, en tiempo razonable,  que se empiezan a desarrollar sinergias entre los diferentes clusters existentes de una región: entre “clústeres de cadena de valor”  y “clústeres transversales”; entre clusters heterogéneos en tamaño, nivel de asociación, y tipo de miembros; pero que en definitiva todos trabajan en común tres áreas principales de acción: calidad, tecnología e internacionalización.

 

Así, los clusters incrementan la productividad en su región y el ingreso de sus habitantes. 

 

MBA. Universidad de Talca.

UNETE



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