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“El año del wólfram”, de Raúl Guerra Garrido.


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07/08/2012


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Guerra Garrido es uno de los escritores españoles destacados de finales del siglo XX. Emigrante berciano al País Vasco, es farmacéutico de profesión. Ha participado activamente en la vida pública, siendo esa faceta suya un referente en algunas obras y, sobre todo, artículos de opinión.


Recibió los premios Nadal en 1976 (“Lectura insólita del capital”) y Nacional de las Letras Españolas en 2006. Se puede seguir su obra en su web (http://www.guerragarrido.es/).

La novela que comento hoy es El año del wólfram”, escrita en 1984, sorprendente por la temática, pues sin ser un tema extraño el de la minería, sí lo es la el modo de narrar la época histórica en que se desarrollan los hechos novelados: 1945.

Independientemente del sentido biográfico y personal que Guerra Garrido imprime a la historia, para comprender el trasfondo de la misma es necesario recordar la importancia que tuvo el metal denominado wólfram o tungsteno (piedra fuerte) en la tecnología de guerra. Fue el wólfram considerado un metal estratégico por los dos bandos contendientes de la II Guerra Mundial. España era y sigue siendo un país con una extraordinaria riqueza en este metal, asociado generalmente al estaño. Ambos metales se localizan en algunas de las rocas más antiguas del oeste peninsular (Galicia, León, Zamora, Salamanca, Cáceres y Badajoz, en España, y también en el país vecino, Portugal), donde se conoce del aprovechamiento minero que realizaran especialmente los alemanes. El wólfram se utiliza para mejorar la resistencia de las aleaciones tanto de los vehículos de guerra como de los proyectiles, de ahí la importancia del control de los yacimientos minerales localizados en Europa en plena Guerra Mundial.

A mediados del siglo XX España estaba inmersa en plena postguerra civil y el huroneo y estraperlo eran algunas de las formas que los españoles tenían de mejorar su microeconomía. Recordemos que la minería era y sigue siendo factoría de sueños, más que ningún otro sector primario de la economía, donde se espera siempre dar con un filón primoroso (la veta madre) que nos haga ricos. “Pueblo de mina, pueblo de ruina”, dice el refrán, y en cierto modo en esta historia de Raúl Guerra se demuestra eso, puesto que se observa el paso del auge a la caída del precio.

Son muchos los variopintos personajes cuyas vidas el autor hace girar en torno al codiciado mineral wolframita, del que se obtiene el metal wolframio o wólfram, como se debe decir en España. Desde los sempiternos civiles hasta los rudos mineros, pasando por un farmacéutico altruista y su hijo aparentemente adoptivo, astuto superviviente de la época y que decide escribir su futuro con su algo más que amada, Olvidín.

Es esa relación de don Ángel (farmacéutico) con José Expósito (verdadero protagonista del relato) el hilo conductor del mismo, tejido de muchas vidas que se cruzan en un momento crucial de la historia de España, donde con nuestros recursos minerales se fabricó armamento del ejército nazi, un hecho constatado y que conviene recordar para que se sepa que nuestro país no fue ni mucho menos tan neutral como se pensaba. Quizá esta novela sirva para mantener viva esa memoria tan frágil que tenemos los españoles.

Son aproximadamente 300 millones de años los que separan la formación de los minerales de wolframio y estaño de Europa de la historia de la Humanidad y resulta extraño pensar que sea un metal descubierto por los químicos españoles hermanos Elhúyar el condicionante de tantas vidas y de la economía de parte de un país. Sin duda, recuerda a lo que acontece actualmente en países del Tercer Mundo, donde se guerrea para controlar yacimientos de metales preciosos (oro), minerales energéticos (uranio) y gemas (diamantes), mientras los países desarrollados observamos ese escenario sin inmutarnos demasiado. Deberíamos recordar que hace unos 65 años nosotros éramos los observados. Insisto: ¡Qué débil memoria la de los españoles!



Etiquetas:   Minería

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