Olimpíadas III



Todo fue cuestión de tiempo. Ya había comentado antes que la medalla más segura de la delegación cubana a los XXX Juegos Olímpicos era la del luchador grecorromano Mijaín López, y no defraudó.

 

Una vez más compitió como si estuviera jugando con sus contrarios; sabedor de su supremacía. El mismo se encargó de dejarlo claro cuando declaró: “no tengo papá en la lucha olímpica”; poco antes de la discusión del título, y luego de vencer al turco Riza Kayaalp, el único que en los últimos tiempos logró derrotarlo.

Y se le disculpa la inmodestia a quien está acostumbrado a ganar torneos sin que le marquen un solo punto. Si eso no es superioridad sobre sus contrarios, entonces no sé que lo será.

Mijaín se incluye desde ya entre los grandes. Dos medallas de oro olímpicas, lo igualan al también cubano Filiberto Azcuy y lo marcan como uno de los mejores atletas del deporte cubano en todos los tiempos.

Desde ya muchos se preguntan si repetirá la hazaña en Río 2016; es temprano para pensar en eso, aunque cuando el abanderado de la delegación cubana se para sobre el colchón, cual mole inamovible, cualquier cosa puede suceder.

Una plata con altura de oro.

En uno de los comentarios vertidos por los lectores del sitio Cubadebate, alguien dijo que la medalla de plata obtenida en la jornada de ayer por la joven pertiguista cubana Yarisley Silva no fue una sorpresa para él.

Algunos podrán pensar que está loco, que habla con la certeza del resultado en la mano. Pero no lo creo, también fui de los que confió en una pequeñita de apenas 25 años, que se ha atrevido a incluir a Cuba en lo más alto (casi literalmente) del atletismo mundial.

Hace apenas uno muchos nos sorprendimos con el quinto lugar mundial de una desconocida Yarisley Silva, que se colaba entre las cinco mejores del mundo en el salto con pértiga.

¿Cómo es posible?, quizás nos preguntamos. Y no era para menos: Cuba jamás había tenido tradición en esta modalidad atlética y ahora, de la noche a la mañana, una cubanita a la que ni siquiera las cámaras seguían, inscribe su nombre entre las primeras del mundo.

¿Casualidad? Ella misma se encargó de demostrar que no lo era, cuando en formidable competencia, de la que aún guardo algún que otra mordida en mis dedos, ganó la medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Guadalajara.

Desde ese día al verla competir, con serenidad, valentía y una exquisita técnica, es difícil no contar con una buena actuación de su parte.

Antes de esta olimpíada, Silva había cosechado algunos triunfos en el circuito mundial de eventos de la IAAF, sin embargo, no lo bastó para que las cámaras olímpicas la siguieran durante la presentación de las finalistas, amén de ser campeona continental.

Pero la pinareña está más allá de esas formalidades. Ella hizo su competencia. Quizás un fallo innecesario en la primera altura la privó de ejercer mayor presión sobre sus contrarias (pienso que de no haber fallado su primer intento sobre los 4.30 m, quizás hubiera sido merecedora del oro); pero compitió serena, conocedora de sus posibilidades, y poco a poco la cámara no pudo negarla. La rodeaba, coqueteaba con ella, mientras Yarisley seguía murmurando su estrategia, mirando al vacío en busca de concentración.

Yarisley Silva ya inscribió su nombre en los libros olímpicos. De ahora en adelante ya no pasará inadvertida nunca más. Desde su estatura le quedan nuevos retos y parece que tiene todo lo necesario para lograrlo.

Para mí, será una de las medallas de plata con mejor sabor, de esas que sí tienen sabor dorado; de las que se ganan y no son la evidencia del oro perdido.

Cuba amaneció hoy en el lugar 13 del medallero olímpico (tres de oro, tres de plata y un bronce). Ya superó su actuación dorada de hace cuatro años. Amén de decepciones, actuaciones para el olvido, fallos arbitrales vergonzosos, los deportistas cubanos nos llenan de orgullo y quizás nos reservan no pocas alegrías más.

En lo que queda por venir pongo mis mayores esperanzas en alguno de los boxeadores (sobre todo Julio César la Cruz), aunque espero otras actuaciones trascendentales como la del homólogo de Silva, el joven pertiguista Lázaro Borges, quien quizás también tenga entre sus planes, alcanzar la gloria olímpica.

Nota: Esta columna también está publicada en Santiago en mi