He sido abuelo. Como todos los recién nacidos, el nuevo regalo de Dios a la vida es una linda niña, diminuta y frágil, silenciosa y sonriente, dormilona y serena. Con suave tacto he acariciado su fresca piel, fina, suave, aterciopelada, como la de todos los bebés, pero en este caso un tanto especial, tiene sabor a nieta. Aún no he podido captar el color de sus achinados ojos, pero los intuyo hermosos, claros, de mirada alegre. Sus padres, Sergio e Isabel, ya lo han decidido. Su hija primogénita se llama Estela.



