. A los festejos tradicionales que se celebran
cada 24 de julio, este martes se unieron los informes médicos y antropológicos
de la comisión que por disposición presidencial ha venido investigando las causas
de la muerte de El Libertador. Pero por si esto fuera poco, días atrás, el historiador
y Presidente del Instituto Venezolano de Genealogía, Antonio Herrera Vaillant,
anunciaba que no sólo Leopoldo López está emparentado con Bolívar, sino también
el candidato presidencial Henrique Capriles, por ser descendiente de un hijo
natural que tuvo Juan Vicente Bolívar y Ponte, padre de El Libertador.
Aunque me voy a adentrar
en campos que manejan mejor los historiadores, estoy seguro que los amigos, como
Tomás Straka, Inés Quintero o los que laboran en El Bolivarium de la
Universidad Simón Bolívar, sabrán
perdonarme si cometo algún desaguisado. Pero el caso es que todos
sabemos que muchos de los gobiernos que se sucedieron en Venezuela a partir de
1830 han usado, de una forma u otra, la figura de Bolívar con fines políticos. Hay
casos emblemáticos, como el del gobierno de Guzmán Blanco o el de Juan Vicente
Gómez, pero otros de más bajo perfil que tampoco se quedaron atrás, como el del
mismo Luis Herrera cuando nos sometía a un constante bombardeo de las
consabidas “frases de El Libertador”. De esta forma, y desde que Páez astutamente
hiciera traer los restos de El Libertador en 1842 y encargara al coronel
Codazzi muchos de los preparativos que ello requería, el culto al héroe de la
patria –tan bien estudiado por
académicos de la talla de Carrera Damas, Castro Leiva o el mismo Bernardo Viso–
se fue filtrando en el imaginario colectivo del venezolano hasta el punto de que,
en estos momentos, ha llegado a hacer una especie de corto circuito al chocar con la desmedida polarización política que se vive
en el país. Así, desde la presidencia de la república se desprecian, de forma
insólita, los hallazgos de Herrera Valliant,
que en otro momento hubieran sido causa de alegría ; se proclama que “el patriotismo
no se hereda”; se hace alusión a los rasgos mestizos de Bolívar y se llama a
los ciudadanos a cuidarse de esos “supuestos parientes de El Libertador”. Del otro lado
también se “cuecen habas”; pues si estuviésemos en otro momento histórico donde
se tuviera más confianza en los
gobernantes, seguramente no se despreciarían las investigaciones genéticas y
los avances científicos por los cuales se
ha podido confirmar que los restos que reposan en El Panteón son efectivamente
los de El Libertador; ni tampoco se
subestimaría el sorprendente hallazgo de que fue la histoplasmosis lo que mató
a Bolívar, y no la Tuberculosis, como siempre habíamos creído. (Reconozco incluso
que al menos yo, ante la disímil y variada iconografía de Bolívar, también sentía curiosidad de saber
cómo había sido su rostro realmente. Y es que si eso nos sucede con Julio Cesar,
Leonardo da Vinci y otros, no veo por qué no nos habría de pasar con Bolívar).
Por supuesto que es irrelevante a estas alturas del
partido hacer mención al mestizaje de Bolívar, que , según Salvador de Madariaga,
fue lo que impidió que le otorgaran los títulos nobiliarios que una vez reclamó
a la corona española; ya que hacer énfasis en cosas de este tipo y culpar a algunos
de representar a Bolívar “casi rubio” no baja los decibeles que ha alcanzado
esta polarización y confrontación política, máxime cuando “hablar de pureza racial en Venezuela es
imposible”, como acota acertadamente el historiador Manuel Donís.
En fin, esperemos que este permanente enfrentamiento que
ha sido promovido fundamentalmente por los que se dicen bolivarianos y que ahora
ha tocado incluso hasta la misma persona de El Libertador, no termine dándole a éste una vez
más la razón; pues recordemos que meses antes de morir y en carta al general
Rafael Urdaneta, ya Bolívar nos alertaba sobre los niveles de frenesí y
antropofagia que había alcanzado la América española, señalándonos que el mundo
nunca había visto cosa igual, pero que lo peor de todo era que en el futuro
terminaríamos devorándonos unos a otros irremediablemente.