Cuando cobrar es pedir limosna

En un ayuntamiento de la provincia de Cádiz, La Línea, deben a la plantilla municipal ocho nóminas. Los empleados ya, ni protestan. Se sienten indigentes en su propio puesto de trabajo. Como si cada mes reclamaran una limosna, como si se hubiera perdido la sana y justa costumbre de cobrar por tu propio trabajo. A esta situación hemos llegado. A la de la desmoralización, la depresión laboral, el bajón anímico más absoluto.Cuando llegas a la sede del ayuntamiento linense, se escucha un triste silencio. Los trabajadores están en sus puestos, atendiendo al ciudadano que se acerca, como pueden y como su estado de ánimo les permite. Levantarse cada día es un triunfo. 

 

. Los empleados ya, ni protestan. Se sienten indigentes en su propio puesto de trabajo. Como si cada mes reclamaran una limosna, como si se hubiera perdido la sana y justa costumbre de cobrar por tu propio trabajo. A esta situación hemos llegado. A la de la desmoralización, la depresión laboral, el bajón anímico más absoluto.Cuando llegas a la sede del ayuntamiento linense, se escucha un triste silencio. Los trabajadores están en sus puestos, atendiendo al ciudadano que se acerca, como pueden y como su estado de ánimo les permite. Levantarse cada día es un triunfo. 
Empezaron a protestar el año pasado. Las movilizaciones en la calle, cuando comenzaron los primeros impagos fueron sonoros: cortaron carreteras, organizaron pitadas, manifestaciones, protestas en la frontera con Gibraltar, acampadas a la puerta del ayuntamiento, algunos pasaron parte de sus navidades dentro del edificio municipal....

Las ideas se les acabaron. Comenzaron arropados, izados por la moral sindical, se trasladaron a todos los lugares donde podían y no podían para hacer llegar sus protestas...

Cada vez que cambian de mes, lo sienten como un trágico aniversario en el que algunos, casi sueñan con que les despidan porque trabajar ya no es cobrar ese salario que tienen ganado con su esfuerzo.

Sé de policías locales que se han echado a llorar en medio de una jornada laboral, de personas que temen explotar colgándose de un palo, de trabajadores con depresiones agudas que se arrastran para llegar al ayuntamiento, de gente que ha tenido que regresar a casa de sus padres con sus propios hijos, de una gran mayoría que se acuesta con la pesadilla del desahucio, de muchos que no saben lo que es hablar por teléfono porque les han cortado la línea una y otra vez, sé de los que pasan a Gibraltar a intentar sacar unos euros con un cartón de tabaco....y así hasta cientos de dramas personales, de rutinas en las que han dejado de ser personas con sus primeras necesidades cubiertas.

De un día para otro, son los NUEVOS POBRES, los que hasta hace nada podían salir con su familia a darse una vuelta con unos euros en los bolsillos.

Hoy son abandonados de las administraciones, personas llenas de odio y peligroso rencor donde las rencillas políticas municipales han hecho mella hasta límites insospechados, hoy son indigentes sin estar desempleados.

Algunos que a diario manejan cifras con largos ceros siguen llenos de la dignidad que le están quitando a pasos agigantados a los trabajadores. 

Ya no sienten ira porque no sufren recortes. Los tienen todos: el de la nómina a final de mes. Ahora son trabajadores tristes a los que nadie hace caso como una bolsa de basura que se deja junto a un contenedor.

UNETE



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