La crisis económica es un virus

Muchas cosas se han dicho, se dicen y se dirán sobre la crisis económica que está afectando, principalmente, a Europa y a los Estados Unidos. Soy “fan” (nótese la ironía) de algunas como aquellas que dicen que en España “vivimos por encima de nuestras posibilidades” o que "vivíamos una fiesta". A estas personas hay que recordarles que hubo unos años en los que la noticia eran los “mileuristas” y sus pocas perspectivas de futuro. Si había alguna fiesta, a muchos de los ciudadanos no nos invitaron a ella, así que no es de recibo pretender que ahora todos tengan que pagar por los platos rotos.También soy “fan” de los neoliberales que negaban, unos años atrás, que el origen de la crisis económica pudiera ser de los bancos y los títeres políticos supeditados a ellos. Es más, si te atrevías a decir que la crisis era fruto de un sistema viciado y corrupto, donde unos pocos poderosos podían decidir sobre el resto, te tachaban de “conspiranoico”. Y soy, no fan, sino “muy fan” de ellos, porque me pregunto cómo no les cae la cara de vergüenza al presenciar, día tras día, que el sistema financiero internacional estaba podrido (el último caso, el de la dimisión del consejero delegado del banco británico Barclays), y que el sistema político y las democracias nacionales nada han podido hacer para remediarlo. Ah, me olvidaba, esta corriente ideológica de la que soy tan “fan”, también defendía la austeridad y los recortes como una solución pasajera a la crisis económica. Suma y sigue… a este paso pronto los veremos en los programas del tarot, esos que dan de madrugada. Al fin y al cabo, las soluciones aportadas merecen el mismo respeto.Pero dejemos a un lado a los tarotistas neoliberales, y centrémonos en una de las cuestiones, mitos o creencias que está más socialmente aceptada: pensar que estamos asistiendo a una crisis global o internacional. Por poner los primeros ejemplos que me vienen a la cabeza, China (el país más poblado del mundo) y Brasil, llevan años creciendo a un ritmo muy fuerte. O Australia, con una economía estable y una tasa de paro que no alcanza el 6%. En el otro extremo, podríamos hablar del continente africano, cuyos habitantes nos podrían dar (a los occidentales) clases magistrales sobre lo que es vivir una auténtica crisis, no sólo económica, sino también humanitaria y de pobreza, en todos los sentidos.

 

. Soy “fan” (nótese la ironía) de algunas como aquellas que dicen que en España “vivimos por encima de nuestras posibilidades” o que "vivíamos una fiesta". A estas personas hay que recordarles que hubo unos años en los que la noticia eran los “mileuristas” y sus pocas perspectivas de futuro. Si había alguna fiesta, a muchos de los ciudadanos no nos invitaron a ella, así que no es de recibo pretender que ahora todos tengan que pagar por los platos rotos.También soy “fan” de los neoliberales que negaban, unos años atrás, que el origen de la crisis económica pudiera ser de los bancos y los títeres políticos supeditados a ellos. Es más, si te atrevías a decir que la crisis era fruto de un sistema viciado y corrupto, donde unos pocos poderosos podían decidir sobre el resto, te tachaban de “conspiranoico”. Y soy, no fan, sino “muy fan” de ellos, porque me pregunto cómo no les cae la cara de vergüenza al presenciar, día tras día, que el sistema financiero internacional estaba podrido (el último caso, el de la dimisión del consejero delegado del banco británico Barclays), y que el sistema político y las democracias nacionales nada han podido hacer para remediarlo. Ah, me olvidaba, esta corriente ideológica de la que soy tan “fan”, también defendía la austeridad y los recortes como una solución pasajera a la crisis económica. Suma y sigue… a este paso pronto los veremos en los programas del tarot, esos que dan de madrugada. Al fin y al cabo, las soluciones aportadas merecen el mismo respeto.Pero dejemos a un lado a los tarotistas neoliberales, y centrémonos en una de las cuestiones, mitos o creencias que está más socialmente aceptada: pensar que estamos asistiendo a una crisis global o internacional. Por poner los primeros ejemplos que me vienen a la cabeza, China (el país más poblado del mundo) y Brasil, llevan años creciendo a un ritmo muy fuerte. O Australia, con una economía estable y una tasa de paro que no alcanza el 6%. En el otro extremo, podríamos hablar del continente africano, cuyos habitantes nos podrían dar (a los occidentales) clases magistrales sobre lo que es vivir una auténtica crisis, no sólo económica, sino también humanitaria y de pobreza, en todos los sentidos.
Históricamente, las naciones “ricas” de Occidente, también conocidas como “países industrializados” o “desarrollados”, han compartido una visión egocéntrica y determinista del mundo y del progreso que ha dominado completamente tanto su esfera política como económica. Es la tendencia casi “innata” que tenemos en Occidente, por ejemplo, de situar en el centro del mapa del mundo a Europa y el continente americano, como si no pudiera haber otros centros (¿por qué no la India?). Si al proponerte la India como país para marcar el centro de la Tierra en un mapa, has experimentado incredulidad o un rechazo momentáneo, es que eres víctima de una “egocentritis” occidental contagiosa. Tan sólo pregúntate: ¿y por qué no?Como decía, a los países occidentales les ha gustado situarse siempre como el centro y el motor del progreso. Y fruto de este egocentrismo se han justificado guerras, invasiones y colonizaciones. Se podría decir que triunfaba la ley del más fuerte pues, al fin y al cabo, se trataba de implantar por la fuerza, aquello que no se conseguía con la política y el comercio (mercados). No ha cambiado mucho la cosa desde entonces, a pesar de creernos que viviendo en democracia, los gobiernos de los Estados están ligados a la voluntad de los ciudadanos: piénsese en guerras como las de Irak (millones de manifestantes en contra, tanto en España como en Estados Unidos y Gran Bretaña). O piénsese en los recortes sociales que está llevando a cabo el partido político que, unos meses atrás, ganó por mayoría absoluta en España. Se trata de la imposición, pura y dura, por las buenas… o por las malas. Este mismo egocentrismo, el de creernos los mejores, y el de pensar que vivíamos en un sistema que había que exportar, como fuese, al resto de países, ahora es lo que está en crisis. ¡Qué curioso sería ahora retomar la expresión de “países industrializados”, cuando muchas de las industrias se están trasladando (deslocalizando) hacia otros países en “vías de industrialización”!. Me pregunto si, de seguir así los próximos años, los países ricos deberán llamarse entonces “países en vías de desindustrialización”.

El debate de la crisis económica lo ganan cada día cuestiones como la “bolsa”, la “prima de riesgo”, los “mercados”, el “BCE”, la “deuda”, el “paro”, etc. Sin embargo, casi nadie habla del hecho de que están emergiendo otros países competidores fuera del mundo egocéntrico que conocíamos hasta la fecha. Tampoco se habla mucho de los recursos energéticos que van a ser necesarios para seguir alimentando su crecimiento económico, ni de los movimientos geopolíticos (¿conflictos armados?) que se generarán para asegurar su control. No, este tipo de asuntos no se discuten en democracia. Nadie vota si está de acuerdo en que una empresa se deslocalice y se marche a otro país. Nadie vota si está de acuerdo en que una empresa nacional venda armas a un país que está en guerra. Nadie vota si está de acuerdo en que un gobierno apoye a un país que está en guerra. Nadie vota si está de acuerdo en que se bombardee un territorio (siempre fuera del mundo egocéntrico occidental) como medida de represión. En democracia, no se vota sobre este tipo de asuntos. Pero poco importa, porque ya no vivimos ni en democracia, vivimos en una deudocracia, donde también las promesas electorales son ya una ficción.El sociólogo Karl Marx fue acertadísimo cuando dijo que el “capital no tiene patria”. Y es que poco le importa al capitalismo que en un país los ciudadanos sufran o se empobrezcan. El dinero no entiende de fronteras ni de naciones. Y cuando las cosas van mal, el poderoso (que controla el dinero), se marcha, y se va a un lugar que le asegure unas buenas perspectivas para seguir creciendo. Y los demás, que sigan discutiendo sobre primas y riesgos. Que para entonces, el capital ya se habrá colocado en otro lugar más “estable”. Igual que un virus, cuando se “ensambla” en una célula de un organismo y se sirve de ella para su propia replicación, hasta que la célula estalla. Supongo que no hace falta explicar quién es la célula, y quién es el virus.

UNETE



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