Realidad virtual y virtualidad real

A día de hoy hay muchísmos conflictos en el mundo, pero uno de los que no se le da demasiada importancia y tampoco se hace nada por terminar con él, es, tal vez, el de la realidad o ficción, el más visceral u orgánico y el de los cables y bits.

 

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Desde la aparición de las redes sociales y nuestra prolongación de la personalidad en ellas por medio de perfiles, el mayor eco de nuestra voz mediante blogs y el éxito de compartir archivos utilizando los contactos, existe la creencia de que el mundo en la red es sólo otro mundo.

Ese otro mundo, el malo, es también llamado el pequeño, aunque sea mucho más grande que el pueblo que vivimos, contactemos con más personas de lo que solíamos hacer y leemos y somos leidos por más personas de lo que hacíamos anteriormente.

Parece que ese mundo sea como una diversión o una especie de complemento de nuestras vidas que nos podemos poner y quitar cuando queramos, que a algunas personas se lo escondemos y frente a otras -que sabemos que les interesa- lo lucimos.

Es un mundo que elegimos cuando entrar pero no cuando salir, exactamente igual que ahí afuera, uno mismo decide cuando conocer a alguien pero por más que te alejes luego de esa persona, por más que te esfuerces en olvidarla y hacer como si no hubiese existido e incluso si logras olvidarla, no habrás desaparecido. La otra persona perfectamente te puede seguir recordando al igual que todas las terceras personas que os vieron juntos o escucharon acerca de vosotros.

No se trata de un mundo real y otro falso, incluso podríamos decir que ambos no son paralelos, sino que están en la misma dimensión, ciertamente son el mismo mundo, ambos son parte de la realidad y no deben ser separados por nada. Esta claro que no podemos tomar del mismo modo una -por ejemplo- falta de respeto por parte de alguien que jamás hemos visto y se esconde en un anónimo por la red que alguien que si conocemos. Vale, extrapolémoslo a la llamada realidad, ¿acaso no es un anónimo si alguien que no conocemos nos dice algo por la calle? ¿Y no nos afecta si es de alguien conocido? Como mucho, si es de alguien que jamás hemos visto, reincide con las ofensas hacia nosotros y llevamos un mal día, tal vez logre desequilibrarnos y hagamos una estupidez. También la soltaríamos -por MP o mediante comentarios- si nos empieza a spamear el blog y nos ataca personalmente alguien que no conocemos.

Lo que quiero decir es que no es lo mismo estar dos personas separadas por una pantalla y varios kilómetros que lo único que se interponga entre ambos sea un poco de aire y unos cuantos centímetros. No obstante, ambos mundos tanto repercuten en nuestras vidas como entre ellos se influyen constantemente.

Es difícil hacer un movimiento en la red que no cambie tu vida más convencional y es más complicado aún que no se generen las mismas respuestas a una iniciativa en plataforma web que en un cara a cara. Tampoco es fácil ir al ordenador y actuar como si no hubiera pasado nada luego de que tu vida en la calle sea afectada por diversos motivos.

No creo que haga falta más comparaciones, si son actualmente dos mundos distintos es porque nosotros queremos que así sea, pero por nada más. También decir que esta muy de moda utilizar ese otro mundo para refugiarse del de verdad.

Lo que necesitamos es creer verdaderamente en este nuevo mundo y verlo como real, no como algo complementario o de apoyo. Deberíamos hacer un simulacro, cambiar alguna cosa de nuestro mundo del día a día y así nos sería más fácil apreciar este mundo virtual.

¿Qué pasaría si, hipotéticamente, el DNI no fuera el Documento Nacional de Identidad? Si, a partir de ahora el DNI pasará a ser la Digital National Identification, una targeta o carta de identidad- como la actual-, sobre nuestra identidad digital.

Hagamos que nuestra identidad en la sociedad sea únicamente la digital o virtual -tomemos a éstas como la misma cosa- y que somos ahí afuera tal y como somos en la red. En un principio tampoco debería de cambiar tanto, a no ser claro que tengamos una identidad digital falsa y que hayamos mentido respecto de nuestros perfiles. Bueno, esta es otra cosa que también podríamos hacer en el mundo de la calle, falsificando el pasaporte o el documento nacional de identidad.

Es interesante que reflexionemos acerca de ello debido a que, a menudo, tratamos el mundo virtual como si no importase y estamos perdiendo empleos, haciendo daño a personas, hundiendo nuestra popularidad y oscureciendo nuestro trabajo. Por eso, pienso constantemente que este mundo de las pantallas debería de darnos un ultimatum, demostrarnos qué cosas no podemos hacer sin él.

Tal vez la posibilidad de trabajar con el documento de identidad no sea la mejor opción, pero estaría bien que un día al año -nada más que uno- intentáramos darle más importancia a lo que hacemos más allá de la calle, que viésemos como necesario este mundo no tan -aparentemente- real.

Sólo de este modo nos daríamos cuenta de que nuestro mundo es uno -y no varios- y esta conformado por lo que somos delante y detrás de la pantalla, nos daríamos cuenta de que es importante ser riguroso en ambos lugares y que hemos de tomarlos en serio, pues ambos mundos son el mundo. Nuestra forma de ver la vida y todo lo que la acontece ha de cambiar debido a que el mundo, tal y como lo conocían nuestros antepasados, ya no existe, ahora esta formado por un dualismo de realidad y ficción no establecidos, solamente nosotros estamos capacitados para -como ya hacemos- decidir qué queremos que sea cierto y qué no.

UNETE



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