A lo largo de nuestra existencia, hemos hablado de la libertad, pero la acepción de este término resulta complicado, susceptible a diversos sentidos, según el ámbito en el que se aplique, pues donde haya una decisión, una elección por más minúscula que se presente encamina a alguna clase de autonomía, a un tipo de libertad. La libertad sociológica se refiere, en la antigüedad griega y romana, a que el individuo no se halla en la condición de esclavo, mientras que, en la actualidad alude a la autonomía que goza el individuo frente a la sociedad, y se refiere a la libertad política o civil, garantizada por los derechos y libertades que amparan al ciudadano en las sociedades democráticas. La libertad en un sentido psicológica es, por su parte, la capacidad que posee el individuo de no sentirse obligado a actuar a instancias de la motivación más fuerte. En cambio la libertad moral se refiere a la capacidad del hombre de decidirse a actuar de acuerdo con la razón, sin dejarse dominar por los impulsos y las inclinaciones espontáneas de la sensibilidad.



