EL CABALLERO OSCURO: una mirada adulta a Batman

Christopher Nolan dilapidó el concepto de que segundas partes nunca fueron buenas y, manteniendo la frescura y duplicando el efecto sorpresa de Batman Begins (2005), primera parte de su trilogía sobre el hombre murciélago, sorprendió a propios y extraños con El caballero oscuro (2008). Con el mismo plantel de actores –a excepción de Katie Holmes, que fue reemplazada por Erica Edwards en el papel de Rachel Dawes, el amor de Batman- y la misma dosis de energía con la que afrontó el primer proyecto de la saga, Nolan da continuación a su adulta mirada al mítico personaje. El resultado es una película mucho más compleja, más extensa en todos los sentidos, donde el director volvió a reafirmar a Batman como lo que es: un símbolo del Bien que representa los valores más puros del ser humano. Con un villano de excepción, el Joker (excepcional Heath Ledger en una interpretación por la que recibió un Oscar póstumo), la película no cae en el mismo error de Tim Burton, que dedicó más secuencias al archiconocido enemigo del justiciero de la noche, entonces interpretado por Jack Nicholson, que al propio héroe. Nolan sigue empeñado en desentrañar y adentrarse en el comportamiento humano y filosófico de su rol principal, aunque aquí se muestre más interesado en rematar la propia identidad del personaje que en indagar en unos origines que ya quedaron explicados en la primera parte de la saga; para ello, además de coescribir la historia, contó con un presupuesto de unos bien aprovechados 180 millones de dólares que le permitieron dotar a su historia de una impecable realización, unos espectaculares escenarios y, en resumen, una calidad artística prácticamente impensable en el cine de superhéroes hace una década. Todo un arsenal de virtudes que se vieron recompensadas, además de por su posición en lo más alto de las películas más taquilleras de la historia, por su avalancha de premios, entre los que destacan sus 8 nominaciones a los Oscar.

 

. Con el mismo plantel de actores –a excepción de Katie Holmes, que fue reemplazada por Erica Edwards en el papel de Rachel Dawes, el amor de Batman- y la misma dosis de energía con la que afrontó el primer proyecto de la saga, Nolan da continuación a su adulta mirada al mítico personaje. El resultado es una película mucho más compleja, más extensa en todos los sentidos, donde el director volvió a reafirmar a Batman como lo que es: un símbolo del Bien que representa los valores más puros del ser humano. Con un villano de excepción, el Joker (excepcional Heath Ledger en una interpretación por la que recibió un Oscar póstumo), la película no cae en el mismo error de Tim Burton, que dedicó más secuencias al archiconocido enemigo del justiciero de la noche, entonces interpretado por Jack Nicholson, que al propio héroe. Nolan sigue empeñado en desentrañar y adentrarse en el comportamiento humano y filosófico de su rol principal, aunque aquí se muestre más interesado en rematar la propia identidad del personaje que en indagar en unos origines que ya quedaron explicados en la primera parte de la saga; para ello, además de coescribir la historia, contó con un presupuesto de unos bien aprovechados 180 millones de dólares que le permitieron dotar a su historia de una impecable realización, unos espectaculares escenarios y, en resumen, una calidad artística prácticamente impensable en el cine de superhéroes hace una década. Todo un arsenal de virtudes que se vieron recompensadas, además de por su posición en lo más alto de las películas más taquilleras de la historia, por su avalancha de premios, entre los que destacan sus 8 nominaciones a los Oscar.
Lo mejor para disfrutar de El caballero oscuro, la más redonda de las películas de un director que demostró que se pueden hacer grandes superproducciones en Hollywood no destinadas exclusivamente a los encefalogramas planos, es olvidar desde el primer instante de que se trata de una película de superhéroes y digerirla como lo que es: un soberbio rompecabezas donde hasta las subtramas tienen subtramas, donde todas las piezas encajan con una facilidad asombrosa gracias a un hábil guión abierto a múltiples lecturas y, en el cual, nada está colocado al azar. Batman es ahora un héroe asentado, totalmente definido, que deberá hacer frente a aspectos como el odio a su propia figura por parte del pueblo de Gotham –ciudad cuya propia presencia física y su espíritu aparece diluido en la película, todo lo contrario de lo que ocurría en su predecesora- y, además, a su primera crisis de identidad importante. Nolan refleja así una de las tramas más recurrentes en el material de partida: que la vida del caballero oscuro, como en la mayoría de enmascarados, no es un camino de rosas y que las dudas sobre su razón de ser están a la orden del día.

Considerada la mejor adaptación de un cómic de la historia, quizá El Caballero oscuro esté un tanto sobrevalorada a pesar de que no sobren ni uno de sus 154 minutos de duración y que corrija los principales defectos de su predecesora, como unas escenas de acción demasiado rutinarias; esto quizá se deba a que no es tan explícita visualmente como cabría esperar y que, pasada la primera hora y media, la película no consigue mantener el nivel. Asimismo, el hecho de contar con un villano tan histriónico y carismático como el Joker –máxime en manos de Ledger, que consiguió apoderarse de la perversidad y visceralidad de su personaje de una forma casi sobrehumana-, supone eclipsar por completo no sólo a Batman, el verdadero protagonista de la película, sino al otro villano, al excesivamente tecnológico y fallido Dos Caras (Harvey Dent). Obra frenética, madura, impregnada de una atmósfera con personalidad propia que rezuma aires de cine clásico por los cuatro costados, Nolan se esfuerza por dotar a su fluida y bien tejida historia de una extraordinaria coherencia dramática y argumental que reclama varios visionados para captar toda su naturaleza, debido además a su apabullante cúmulo de acontecimientos y los recovecos de la trama. Quizá se eche en falta un final más abierto como el de Batman Begins, capaz de mantener la tensión hacia una hipotética tercera parte, pero en su lugar tenemos, junto a esa sucesión de lapidarias frases finales del inspector James Gordon (Gary Oldman), ese incierto futuro de un justiciero oscuro perseguido por las autoridades y carcomido por sus dilemas morales internos hasta el punto de creerse situado más cerca del Mal que del Bien.

En definitiva, El caballero oscuro impresiona por sus contundentes estampas y sus trabajadísimas y vigorosas perspectivas de cámara , conmueve por la autenticidad de unos personajes atrapados en un torrente de emociones y en unos potentes diálogos (“Creías que podíamos ser hombres decentes en tiempos indecentes”) y, finalmente, demuestra que con un estratosférico presupuesto se puede hacer una película tan intimista y reflexiva como lo fue The Amazing Spider-Man (Marc Webb, 2012), donde los efectos especiales son lo de menos, un mero vehículo narrativo al servicio de una saga que, cuatro años más tarde, regresó de nuevo por la puerta grande. Pero eso es otra historia.

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales