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Aún no lo hemos visto todo


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22/07/2012


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"El niño que crece sin padre presenta un riesgo mayor de enfermedad mental, de tener dificultades para controlar sus impulsos, de ser más vulnerable a la presión de sus pares y de tener problemas con la ley. La falta de padre constituye un factor de riesgo para la salud mental del niño" (Angel & Angel, 1993).













El panorama familiar y social fue cambiando con el transcurrir de los tiempos. Paralelamente a todos estos enormes cambios, la imagen paterna fue perdiendo dimensión y su rol se fue edulcorando. Hasta llegar a extremos donde pueden observarse hoy, a muchos de los nuevos padres, aspirando a ser amigos de sus hijos, con lo cual dejan vacante su paternidad y la consecuente responsabilidad. Habiéndose transformado absolutamente todas las relaciones que actualmente se establecen dentro de la familia y también viéndose afectado el funcionamiento de la sociedad en su conjunto.





Los cambios, que aún no han terminado, no fueron el producto de ninguna evolución natural o un signo de las nuevas épocas, sino que fueron operados con toda la intencionalidad de lograr un individuo más libre para decidir qué hacer con su vida, sin que nadie se interponga en sus acciones conducentes a obtener sus objetivos. Es decir, que finalmente se logró, producir un hombre nuevo, liberado de todo tipo de condicionantes culturales, que tiene cada vez menos limitantes para lograr sus objetivos materiales y de todo tipo. Objetivo que lo conecten con el goce y lo dirijan hacia, lo que considera, la felicidad. Es decir, que se ha conseguido producir un individuo cada vez más consumista y cada vez más hedonista.





Estamos entonces en presencia de una persona con mayor libertad para actuar según lo que sus impulsos le demanden, en un medio donde conviven lobos y aves de corral sin que existan límites materiales que protejan a los más débiles del voraz accionar de los más poderosos. Siendo el padre quien ponía límites y protección a su prole en función del rol que le asignara la cultura judeocristiana a la que también se la ha ido licuando, junto con la figura y el anterior rol del padre. Tampoco los hijos tienen el acompañamiento permanente de la madre, quien divide su tiempo entre la maternidad y su trabajo.





Este proceso, a mi entender, se irá profundizando porque la cultura se transmite por contacto entre las personas. Y quienes han internalizado un tipo de paternidad y familia posmoderna, jamás podrán migrar hacia otro lugar que no sea el de reeditar la propia experiencia. Ya que no conoce otra forma de cumplir con los roles, que no sean los conocidos e incorporados en su experiencia de vida.





Como una demostración de que este fenómeno no es casual, adjunto en este enlace un trabajo realizado por el Dr Ricardo Chouhy bajo el título: FUNCIÓN PATERNA Y FAMILIA MONOPARENTAL: ¿CUAL ES EL COSTO DE PRESCINDIR DEL PADRE?. Donde se analizan las nefastas consecuencias de lo que denomina un experimento social sin precedentes –en la sociedad norteamericana-, en cuanto a cambios en la estructura de la familia. Sociólogos, psicólogos, criminólogos y economistas han intentado estudiar este fenómeno y su impacto a nivel individual, familiar y social, y de alguna manera evaluar cuantitativamente el costo de la ausencia del padre. 





De la lectura del trabajo de investigación se pueden sacar conclusiones sobre lo que nos está pasando como sociedad. Sobre todo si a los problemas que ocasionan los cambios operados en la paternidad, se le suman la incidencia de la droga, como otro ingrediente que se suma agravando aún más la situación. 





Pudiendo asimilarse lo que sucede con los niños y jóvenes de la comunidad negra en los EE.UU, con los niños y jóvenes de los asentamientos informales, donde los padres no forman parte del núcleo familiar, en gran parte de las familias. Es decir donde su presencia, directamente no existe. Como así tampoco en la cantidad cada vez más significativa de hogares monoparentales en nuestra sociedad, por disolución de los vínculos conyugales. Situación que atraviesa transversalmente a todas las clases sociales.





Por lo que es muy probable que el deterioro se siga profundizando, sobre todo porque no existe fuera de la familia quienes le puedan poner coto a la misma. Pudiéndose afirmar sin ninguna duda, que aún no lo hemos visto todo, en lo que a profundización de la situación de inseguridad se refiere. 

















Eugenio García

http://garenioblog.blogspot.com











Etiquetas:   Educación   ·   Familia   ·   Adolescencia

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