“Volcán” ("Volcano"), de Richard Doyle.

Richard Doyle, en su novela de acción, titulada “Volcán” ("Volcano", en el original), nos sumerge en un puntualmente interesante relato que bien pudiera rayar la ficción, según criterio de cualquier neófito del tema. En su prólogo nos desvela las claves del argumento, pero no los detalles, como es natural.

 

. En su prólogo nos desvela las claves del argumento, pero no los detalles, como es natural.
El descendiente del autor de las novelas sobre Sherlock Holmes nos sitúa en Goodwill, pueblecillo de la costa este estadounidense, donde está destinado que ocurra un acontecimiento único. El origen está en un volcán español, en las Islas Canarias, cuyo cataclismo provoca un tsumani de proporciones bíblicas.

Volcanes, terremotos y tsunamis pueden llegar a ser fenómenos perfectamente interactivos, como ha demostrado Doyle, quien además escribe sobre la base de una nueva hipótesis sobre el origen de los grandes tsunamis, de enorme actualidad.

Surfistas, politiquillos, inversores, marineros, comerciantes, productores de películas serie B, periodistas de pacotilla… son todos carroñeros, cada uno a su manera, de los avatares que van surgiendo en la costa de Maine. Se acerca un tsunami, provocado por el desprendimiento de la caldera de un volcán al otro lado del océano atlántico, cuyas fases eruptivas son extraordinariamente descritas, gracias al protagonismo dado a los vulcanólogos.

Como científico, les doy especial importancia a mis temerarios colegas: los vulcanólogos que estudian en La Palma el volcán Cumbre Vieja, que son tan heroicos como los que intentan defender la costa estadounidense de las gigantescas olas. Pero ambos se diferencian en que los primeros piensan a largo plazo. Esta peculiaridad es la que caracteriza los trabajos que sobre riesgos naturales vienen realizando a lo largo de muchos años tanto geólogos como meteorólogos y otros profesionales dedicados a estos temas. Desean conocer mejor el mundo para evitar que las personas sufran los daños indirectos de los fenómenos naturales inevitables, sean terremotos, inundaciones o sequías.

A los vulcanólogos, más por vocación que por cordura, que andan por la fragua de Vulcano intentando saber algo más sobre los mecanismos telúricos de nuestro planeta, les toca vivir muy directamente el riesgo para conseguir información sustancial. En esta novela, como en pocas, se detecta un conocimiento preciso de ese trabajo de campo, extremadamente peligroso en algunas situaciones. El autor se ha esmerado sobremanera sobre este particular, lo cual es de agradecer.

Es una novela en la que, salvo la erupción, todos los elementos confluyen en Goodwill, población donde se espera el mayor tsunami de la Historia. Y allí están los surfistas, a la espera del acontecimiento. Entre ellos, el Rey, quien sin quererlo ni saberlo, se convertirá en un mito, objeto de peregrinación de esos chalados de lo salvaje, que le venerarán como a un dios. Así se salvará económicamente un año sin ballenas y sin pesca.

Aunque pudo haber sido mejor para ese deporte si no hubiera estallado el buque cisterna, partiendo en dos la ola, porque El Rey habría pasado a la historia como el único en cabalgar una ola de cincuenta metros.

UNETE



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