. Así lo siento al
recordar las tardes neblinosas de este pueblo, que apenas guarda hoy los
indicios de un ayer como aquel que me tocó vivir: confiado en la intensidad de
una juventud que nunca se interrogaba por sus excesos, y de una existencia que
se perdonaba cualquier extravío, porque se sentía segura de su condición”. Con
esta confesión César Gedler inicia su libro Tren
sin Retorno. Texto con una estructura fragmentada que remite a la idea de dispersión,
de huida… Simbólicamente también se puede entender como una mirada sobre los pequeños
trozos que han quedado de una ciudad, pedazos que la memoria porfiada se empeña
en recoger y pegar como si fuera un rompecabezas. Cada fragmento es una crónica
que cuenta la historia de vidas, de lugares, de sueños.
En Tren sin Retorno,
César Gedler reencuentra memorias que deja plasmadas en estas crónicas. Desde
una perspectiva lúcida, analítica y crítica, el autor relata una serie de
acontecimientos que transformaron a un pequeño pueblo en un territorio
atomizado por una cultura globalizada. Mediante una prosa exquisita, Gedler nos
recuerda las expresiones ricas en significados que utilizaban los viejos
pueblerinos para nombrar la vida cotidiana. Estos indicios del discurso nos
conducen a explorar otra noción latente en estas crónicas, específicamente
un
factor particular en el discurso que César Gedler va desplegando en cada
relato, se trata de la violencia.
El escritor tequeño, nos
muestra una situación de violencia muy singular, porque no es propiciada por
los personajes que él nos presenta, sino por una irrupción de la alteridad: el
progreso que, paradójicamente, va destruyendo todos los espacios de Los Teques poco
a poco. El cronista retrata de manera magistral las situaciones donde la
violencia no sólo es un contenido conceptual dentro de la obra, sino también el
espectáculo siniestro que se ofrece en el mundo fáctico.
En cada capítulo que Gedler
dedica a un hecho, personaje o lugar determinado, percibimos cómo esa violencia
larvada trata de justificarse en la ideología del progreso; ese fanal oscuro al que tanto temía el poeta
Charles Baudelaire. El trabajo literario de Gedler nos muestra que el progreso ha
devenido en una producción de mercancías, de bienes vendibles, en palabras del
autor: “Ahora la raza de los mercaderes decide nuestro modo de vivir y sus
gustos sustituyen la inspiración de aquellos días”.
La sociedad que muestra estas
crónicas representa una estructura de producción comercial, en la que el poder político
y económico fue desterrando al pueblo acogedor y tranquilo. En su lugar sólo dejaron
una ciudad donde “la basura tiene vida propia”, y duerme su pesadilla en medio
de la rutina comercial y el clima sofocante que sustituyó la maravillosa
atmosfera que hizo de Los Teques una ciudad propicia, no sólo para descansar y
recuperar la salud, sino también un refugio para poetas y bohemios que llegaron
a llamarla “la pequeña Suiza”.
El escritor va describiendo
lugares arrasados por el espectáculo progresista, su palabra se dilata en
remembranzas y juega cuando habla de personajes que aún están vivos y pueden
dar cuenta del pasado. En Tren sin
Retorno, César Gedler trata el tema de la violencia como un acontecimiento que
no se puede evitar. La misma sociedad es víctima de la violencia que practica
diariamente sin percatarse de esa transformación en victimarios, porque la
realizan en medio de la desidia y la apatía. En esta situación se violenta el
derecho del otro, pero nadie tiene conciencia de ello porque se obedece a
viejos patrones instaurados por el poder político y económico que han implando
una forma de vida que rinde tributo al fetichismo urbanístico y mercantilista. Tren sin Retorno no es una crónica novelada, no pertenece al ámbito de
la invención literaria, es un testimonio que denuncia la destrucción, no sólo
de un pueblo, sino del ideario colectivo de miles de personas que añoran vivir
en un lugar mejor. Gedler, desde las páginas de sus crónicas reclama una
justicia que reivindique al pueblo que tanto daño ha recibido. El autor no
propone una vuelta atrás, sino un viraje que proporcione una toma conciencia
respecto al entorno donde habitamos. El encuentro con
esos espacios que pueblan la obra de César Gedler, nos proporciona el
territorio para que el contenido psíquico se exprese a sí mismo libremente, buscándonos
en las instancias del pensamiento y la reflexión que pueden modificar el
devenir de nuestra ciudad.
Tren sin retorno
está disponible, de forma gratuita, en el sitio Web del autor:
http://cesargedler.blogspot.com/2009/03/blog-post_141.html
Lesbia Quintero