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La burbuja educativa


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21/07/2012

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Toda burbuja especulativa tiene como base la idea de que especulando sobre distintos aspectos de la realidad, se obtendrá un beneficio a corto o largo plazo. El ser humano tiene expectativas que a veces deposita en las cosas más increíbles, no hay más que leer sobre la burbuja de los tulipanes en la Holanda del XVII. Aquella crisis se originó por la especulación sobre los bulbos de tulipán, cuyo precio alcanzó niveles inauditos (un bulbo llegó a valer el equivalente a 24 toneladas de trigo), e hizo que muchos comerciantes de la época se hipotecaran e incluso se arruinaran cuando la burbuja estalló.


Se ha hablado largo y tendido de la burbuja inmobiliaria, basada en especular sobre un bien de primera necesidad como la vivienda.Aunque seguramente cualquier pueblo nómada nos diría eso de que cuatro paredes no son de necesidad inmediata cuando se tiene todo el horizonte para acampar. Pero las sociedades occidentales somos especialistas en burbujas. Desde que existe el dinero, existe la especulación, y con ella, el riesgo de que cualquier producto se convierta en objeto de deseo especulativo.

Mi generación quedará registrada en los libros de historia como la que sufrió dos tipos de burbujas al mismo tiempo: la inmobiliaria y la educativa. Se han generado unas expectativas falsas ante la idea de que tener una licenciatura iba a generar automáticamente una seguridad y una estabilidad laboral. Y nada más lejos de la realidad.

La mayoría de los que estudiamos una carrera de letras lo hicimos por vocación. Tampoco teníamos mucha idea sobre las salidas laborales. La orientación necesaria en los institutos falló, simplemente no teníamos guías. Y muchos de nosotros queríamos ser profesores de enseñanza secundaria. Así se creó la trampa perfecta. Millones de jóvenes nos lanzamos a estudiar la carrera que nos gustaba con la mayor ilusión del mundo.

Esto debería ser un buen dato. Millones de jóvenes estudian según su vocación esperando devolver el conocimiento adquirido a la sociedad. Pero resulta que esa sociedad no tiene salida laboral para todos. Entonces alguien te dice que si estudias más, podrás competir en mejores condiciones. Y a continuación vienen los másteres, los cursos de idiomas, los programas de postgrado. Todo el mundo invierte en su educación porque cree que a la larga le va a reportar un beneficio. Y no es así. El beneficio es educativo, de satisfacción personal. Pero en un país sin apenas industria y en donde apenas se invierte en desarrollo e innovación, las profesiones con futuro estarán siempre relacionadas con el sector servicios.

La primera vez que hice una entrevista para trabajar en un instituto de enseñanza secundaria en Suecia me preguntaron cuántos años tenía de experiencia como profesora en la enseñanza pública española. Han leído bien, entrevista. Aunque Suecia tenga un nivel más alto de trabajadores en el sector público que España, a este sector se accede mediante una entrevista de trabajo. Los trabajadores tienen los mismos derechos y obligaciones que en la empresa privada, incluso el despido si procede.

El director del instituto no daba crédito a mi respuesta. Ninguna experiencia. No entendía el sistema de oposiciones, no entendía la palabra funcionario, no entendía el hecho de que después de estudiar una carrera hubiese que ponerse a estudiar otra vez para aprobar un examen. Yo tampoco daba crédito a lo que estaba experimentando en esos momentos: el director de un instituto de enseñanza público me evaluaba el currículum y pensaba contratarme.

En Suecia los universitarios encuentran trabajo al poco tiempo de acabar una carrera universitaria, que por cierto son gratuitas para la población. Es un país que cree en la educación como inversión para el futuro, no como gasto. Cualquiera puede estudiar si se lo propone, puede estudiar lo que le plazca y además encontrar salidas laborales al terminar. El gobierno tiene una red de préstamos a los estudiantes (CSN) para cubrir las ayudas que se puedan derivar del alquiler, la compra de libros, etc. Pero las matrículas de la universidad siguen siendo gratuitas. Ese préstamo habrá que devolverlo cuando se empiece a trabajar.

En España una generación entera ha invertido el dinero de sus padres en estudiar carreras que no servían para nada. Han depositado unas expectativas falsas en un título que no les será útil ni en España, ni en otros países extranjeros, puesto que el gran defecto de las universidades españolas ha sido la falta de asignaturas prácticas en las carreras, sobre todo las de letras. Esa generación ha invertido sus ahorros y su tiempo en academias privadas para intentar aprobar unas oposiciones.

El director del instituto me dio el trabajo de profesora de español. Una vez allí me di cuenta de que lo que me habían enseñado en la universidad y en el CAP no servía para nada, que había profesores de 25 años con mucha más experiencia laboral que yo, que me faltaba la preparación pedagógica básica para preparar y dar las clases, y lo más importante, una vez más comprobé que cada país vive en su burbuja particular pensando que el resto de los países son como él.

 





Etiquetas:   Educación   ·   Universidad

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