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La profesión del miedo


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21/07/2012

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Gratis no trabajo, sin preguntas no hay cobertura, sin periodismo no hay democracia… últimamente el mundo del periodismo ha estado muy entretenido mirándose el ombligo… y ya era hora. Somos uno de los sectores más castigados por la crisis, con sueldos irrisorios y condiciones laborales lamentables. Formamos parte de un grupo de trabajadores que no tienen capacidad de protesta, o al menos no lo tenía hasta ahora, creyendo hasta hace bien poco que poner el acento en nuestros problemas sería algo así como decuidar nuestras obligaciones. Afortunadamente parece que eso se ha acabado.


 

Hartos de pasear involuntariamente la vitola de privilegiados con los bolsillos más que vacíos, los periodistas hemos salido a relucir, sobre todo en las redes sociales, para reclamar la dignificación de una profesión que ahora mismo goza de las peores reputaciones del mundo laboral. Pero, ¿qué nos ha mantenido callados tanto tiempo? El miedo.

 

Amordazados por el temor hemos asistido a la marcha de compeñeros que se han ido a  calle de forma totalmente injusta, hemos sabido de empresas que ofrecen míseros sueldos a cambio de tu trabajo, hemos comprobado cómo nuestros derechos laborales se han cercenado cada vez con menos pudor. Y todo en el más absoluto silencio. Si ustedes supieran todo lo que tenemos que tragar cada día para que al encender la tele o la radio, o al comprar el periódico, puedan leer lo que ha acontecido en el mundo…

 

Pero vivimos en la profesión del miedo. Cuando comencé a estudiar Periodismo –maldita la hora…- sabía que no iba a ser un camino de rosas. Entonces pensé que lo verdaderamente problemático sería poder destacar entre los miles de jóvenes que pretendíamos un mismo puesto. La competencia, en definitiva. Sin embargo, al llegar al mundo real, a las redacciones, te das cuenta que tienes que lidiar con algo más: gente con padrino, compañeros envidiosos, tontos útiles, jefes miopes y demás fauna.

 

El primer miedo que experimentas es al político. Fruto de la inexperiencia, el pudor de hacer preguntas comprometidas es en muchas ocasiones más fuerte que el deber de informar. Y ocurre entonces un fenómemo curioso: conforme vas perdiendo ese temor de principiante, te inoculan otro muy distinto: el de no molestar, el de no poner en el punto de mira a tu jefe o a tu empresa. En definitiva, aprendes a deberte a un poder superior al que creías que te mantenía –el de decir la verdad- y pasas a rendir cuentas a otros menesteres íntimamente relacionados con lo económico.

 

Pero aún hay otro miedo. Y este se ve de puertas para adentro, en las propias redacciones. Existe en todas ellas y es aún más despreciable que el anterior. Se trata de ese miedo al despido, el que te hace comulgar con ruedas de molino; el temor que te lleva a aceptar cualquier condición laboral bajo la convicción de que si tú  no lo haces, hay treinta en la calle esperando sustituirte. Y no es mentira, la presión que se siente es casi insoportable y, lo que es peor, silenciosa. Nadie habla de ello, o por lo  menos se cuida mucho con quien hacerlo, porque nunca se sabe dónde puede estar el correveidile del jefe, el emisario acusica que puede sacarte de tu sitio por la razón más estúpida. Te intentan convencer de que el periodismo es el único trabajo en el que no va ligado esfuerzo con sueldo… ¿se imaginan que un fontanero al terminar su tarea no la cobrara? ¿o que un albañil, al finalizar la obra para la que había sido contratado, no tuviera su contraprestación económica? Eso ocurre en el mundo del periodismo.

 

Con estos mimbres tenemos que dar lustre a un trabajo que, para colmo, “podría hacer cualquiera”; con este ánimo nos presentamos cada día en nuestro puesto de trabajo, amordazados por un sueldo mísero pero necesario, presionados por unas guerras que no son las nuestras y con la sensación de que hagas lo que hagas, te esfuerces o no, trabajes como el que más o dormites frente a tu ordenador, cualquier día te pondrán de patitas en la calle. ¿Es o no es para tener miedo?





Etiquetas:   Política   ·   Desempleo   ·   Periodismo

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