Introducción
Introducción
.doc#_ftn1" name="_ftnref1" title="">[1]. Desde su aplicación – mediados de la década de los 80 y principios de los 90 – y hasta la fecha, la estabilidad macroeconómica se ha convertido en el objetivo prioritario de la estrategia económica en México. Al cabo de 30 años de la crisis de la deuda que padeció el país en 1982 y a 18 años del colapso financiero (1994 – 1995) más estrepitoso de la era contemporánea de México, nuestro país ha logrado alcanzar la estabilidad macroeconómica: inflación de un dígito, finanzas públicas sanas, estabilidad cambiaria, elevadas reservas internacionales, manejable déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, entre otras cosas. Sin embargo, no se ha logrado generar un elevado crecimiento económico sostenible, y se ha fracasado en el intento por estimular el desarrollo económico sustentable y social. En suma, la estrategia de política económica implementada no ha favorecido ni impulsado la construcción del patrimonio individual en México.
La construcción del patrimonio individual es una cuestión sistémica, es decir, es el resultado de conjuntar una serie de políticas públicas. El presente texto plantea tres estrategias que resultan vitales para avanzar en la construcción del patrimonio individual en nuestro país: 1) estímulos al ingreso y creación de empleos, 2) educación y cultura del ahorro, e 3) innovación financiera. Éstas estrategias no son excluyentes y cada una representa un canal de transmisión de la política económica, refuerzan el proceso de formación del patrimonio individual, el crecimiento económico, así como el desarrollo económico y social.1. Estímulos al ingreso y creación de empleosMéxico carece de un proyecto de desarrollo de largo plazo. Los esfuerzos han estado encaminados a reducir la inflación y sanear las finanzas públicas. Nuestro país necesita una estrategia de desarrollo incluyente, es decir, un proyecto que no sólo se concentre en estimular la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). Además de los objetivos macroeconómicos tradicionales, se deben de incorporar a la agenda económica las fuentes adicionales del desarrollo social: acceso a sistemas de salud y educación de calidad, garantizar el respeto de los derechos humanos básicos, acceso a un sistema de justicia eficaz y eficiente, protección ambiental, entre otras cosas (Streeten, 1994).En nuestro país hay más de 50 millones de mexicanos en la pobreza. Por tanto, una parte relevante de cualquier estrategia para reducir la pobreza e incrementar el patrimonio individual y el bienestar, debe concentrarse en estimular el ingreso y la generación de empleos, porque a mayor ingreso mayor capacidad para ahorrar. Para combatir la pobreza con eficacia se debe segmentar a la población de acuerdo con su nivel de ingreso, así la estrategia para estimular el ingreso se debe ajustar a las características y necesidades del segmento que atienda. Además, los esfuerzos deben encaminarse a incrementar el nivel del ingreso del 20% de la población más pobre del país (Basu, 2000).Por su parte, la generación de empleos es una herramienta fundamental para alentar el ingreso. La inversión pública en educación, salud, y en infraestructura es un elemento que favorece la creación de empleos y una mejor calidad de vida. A su vez, avanzar en el proceso de desregulación para el establecimiento de micro, pequeñas y medianas empresas constituye un elemento trascendental para generar empleos, elevar el nivel del ingreso e impulsar la producción interna (Stiglitz, 2003).2. Educación y cultura del ahorroLa educación es un elemento fundamental para el desarrollo económico y social. México se encuentra aún muy lejos del nivel promedio de educación de los países miembros de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Si bien es cierto que el gasto en educación primaria y secundaria ha crecido durante los últimos años, aún persiste una brecha muy grande entre el gasto que se realiza en esos niveles escolares y el nivel universitario. Como consecuencia, se han creado grandes rezagos en materia de educación los cuales obstaculizan los procesos de innovación que permiten incrementar la productividad interna y competitividad nacional. Uno de los seis papeles[2] que al menos debe jugar el gobierno para apoyar el desarrollo económico es la promoción de la educación (Stiglitz, 1997). Es imprescindible que la educación encabece la lista de prioridades del gobierno mexicano, si lo que se desea en realidad es alcanzar niveles superiores de desarrollo. Por tanto, es menester elevar el gasto público en materia de educación e investigación por encima de la media de los países miembros de la OCDE (5.6%). Sólo con el diseño de una estrategia de largo plazo que garantice un gasto anual permanente de al menos el 6.5% del PIB se podrán abatir los rezagos existentes, y se fortalecerá el proceso de innovación que a su vez haga posible incrementar la productividad y competitividad de la nación. Por otra parte, niveles superiores de educación contribuirán a la creación de una cultura del ahorro. La sociedad mexicana se caracteriza, entre otras cosas, por un alto grado de consumismo, resultado, en parte, de la falta de una cultura popular sobre la necesidad de destinar cierto porcentaje del ingreso al ahorro, en el mejor de los casos, o a los bajos nieveles de ingreso neto disponible. Mesurar el consumo presente en aras de un mayor consumo futuro, es un patrón de conducta que sólo puede ser construido por medio de la educación. Una cultura del ahorro coadyuvará al fortalecimiento de las finanzas personales, lo que a la postre conducirá a un nivel superior de desarrollo social.3. Innovación financieraEl sistema financiero en general y el sistema bancario en particular, juegan un papel fundamental en el crecimiento económico de un país por medio de la captación y canalización del ahorro de los individuos. Después de la crisis financiera a mediados de la década de los 90, México inició la transición de un sistema financiero basado en la banca a otro basado en el mercado. Desde entonces el papel del sistema bancario para estimular el crecimiento económico se ha debilitado dramáticamente.Se ha errado la discusión en nuestro país. No se debe relegar el papel de la banca dentro de la economía, ni se debe excluir al mercado como fuente alternativa de financiamiento. En contraste, se debe crear un ambiente macroeconómico, financiero e institucional que combine ambas fuentes de financiamiento (Levine, 2000). El papel de la banca para estimular el crecimiento y el desarrollo es fundamental; Alemania, Japón y Corea del Sur, entre otros países, son evidencias claras. En consecuencia, la banca debe retomar su papel protagónico dentro de la economía nacional en beneficio del ahorro y las actividades productivas que generen una expansión del ingreso y empleo.Un sistema bancario eficiente e innovador puede contribuir a la construcción del patrimonio individual. La innovación financiera dentro del sistema bancario es fundamental para alentar una mayor captación de ahorro per cápita. El fomento del ahorro debe empezar desde temprana edad. Nuevos y atractivos instrumentos de inversión a mediano y largo plazo que atiendan las necesidades de los jóvenes mexicanos podrían incrementar la propensión a ahorrar, lo que a la postre favorecería la construcción y consolidación del patrimonio individual a largo plazo.4. Conclusión preliminarLa construcción del patrimonio individual es un proceso sistémico, es decir, éste es el resultado de la interacción de una serie de factores y estrategias. El presente breve análisis se concentra en tres estrategias básicas y esenciales que se requieren en México para poder avanzar en la construcción del patrimonio individual: 1) estímulos al ingreso y generación de empleos; 2) educación y cultura del ahorro; 3) innovación financiera. Sin embargo, nuestro país necesita hacer un ajuste de política económica de mayor alcance que le permita enfrentar con éxito los desafíos que impone la globalización, y explotar al máximo sus beneficios. Nuestra nación requiere una estrategia de desarrollo de largo plazo, basada en los principios de eficiencia económica, sustentabilidad, y justicia social. El diseño de un modelo mexicano que conjugue liberalismo y equidad social, hará posible el fortalecimiento y consolidación del patrimonio individual, así como el arribo a estadios superiores de desarrollo. Esto último es el gran reto de nuestro tiempo.BibliografíaBasu, Kaushik (2000). On the Goals of Development. En: Meier, G. & Stiglitz, J. (2000).Frontiers of Development Economics. The Future in Perspective. Pp. 61 – 85. The World Bank. Herzog, Roman & Müller Klaus-Peter (2003). Die Globalisierungsdebatte. Positionspapier des Kuratoriums der Konrad-Adenauer-Stiftung. Konrad-Adenauer-Stiftung, Deutschland.Levine, Ross (2000). Bank-based or Market-based Financial Systems: Which is Better?National Bureau of Economic Research (NBER), working paper No. 9138, September, USA.Radke, Detlef (1995). The German Social Market Economy. An Option for the Transforming and Developing Countries. German Development Institute, GDI Book Series No. 4.Stiglitz, Joseph (2003). 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American Economic Review 84 (May), pp. 232 – 237.Todaro, M. & Smith C. Stephen (2003). Economic Development. 8th. Edition, The Addison-Wesley series in economics.Williamson, John (2004). The Washington Consensus as Policy Prescription for Development. Institute for International Economics, World Bank.Williamson, John (2000). What Should the World Bank Think about the WashingtonConsensus, the World Bank Research Observer, vol. 15, no. 2, pp. 251 – 264.Williamson, John (1991). El Cambio en las Políticas Económicas de America Latina, Gernika, Mexico.Williamson, John (1990). What Washington Means by Policy Reform, in Williamson, John (1990). Latin American Adjustment: How much has happened? Institute for International Economics.Yusuf, Shahid & Stiglitz, Joseph (2000). Development Issues: Settled and Open. En: Meier, G. & Stiglitz, J. (2000). Frontiers of Development Economics. The Future in Perspective. Pp. 227 - 268. The World Bank.[1] Dicho programa fue diseñado y promovido por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Para un análisis detallado del Consenso de Washington ver: (Williamson, 1991), (Williamson, 2000), (Williamson, 2004), (Stiglitz, 1998) and (Stiglitz, 2002).[2] El gobierno debe desempeñar al menos seis papeles esenciales. 1) promover y garantizar el acceso a la educación. 2) promover el desarrollo tecnológico. 3) promover el desarrollo del sector financiero. 4) invertir en infraestructura. 5) prevenir la degradación ambiental. 6) crear y mantener un sistema de seguridad social.Twitter: @viveros_a