El perdón

Winston Churchill decía que si el presente trata de juzgar el pasado, perderá el futuro. Estas palabras vienen a mi mente mientras veo las caras de miedo de la ejecutiva de Novagalica Banco encarnadas en José María Castellano y su adlátere.

 

. Estas palabras vienen a mi mente mientras veo las caras de miedo de la ejecutiva de Novagalica Banco encarnadas en José María Castellano y su adlátere.
Las diferentes entrevistas en televisión tratando de explicar un proyecto ilusionante y con futuro solo demuestra el miedo que sienten ante una verdad incómoda. Precisamente el miedo de saber que el futuro de la entidad es mucho más difuso de lo que ellos mismos quieren creer; ni los estadounidenses podrán evitar que lo que está construido sobre un castillo de naipes se derrumbe. Ningún banco puede sobrevivir sin activos, y los de Novagalicia Banco tienen tanto miedo como su directiva. Ya no confían en un banco al que no creen sólido ni sólido es su proyecto. Y un banco sin clientes es una empresa condenada al fracaso.

Más allá del propósito de enmienda – para muestra un botón: renuncian a recurrir las sentencias condenatorias por la colocación de participaciones preferentes entre clientes cuyo conocimiento financiero era nulo – que encarna una gran campaña de marketing en el que se engloban las entrevistas, y que pretende limpiar su imagen, lo cierto es que  debo reconocer la agudeza del perdón. Efectivamente, hay mucho por lo que pedir perdón, y las responsabilidades deberían depurarse en su debida forma. Aunque no es menos cierto que hasta el momento ningún otro directivo ha pedido perdón por los actos erróneamente cometidos. Por supuesto que esto no es suficiente, pero pedir disculpas les honra – a la vez que muestra su vulnerabilidad.

Pedir perdón no es ni mucho menos lo único que debemos esperar, pero hay algo de cierto en todo ello y es que desde luego, si nos quedamos en el pasado, no podremos avanzar. Existe la necesidad de reconocer la avaricia y la desvergüenza, pero también la de ponerse a trabajar para cambiar las cosas.

Porque la crisis quizás nos enseña, seis años después de su comienzo, que debemos iniciar nuevos proyectos e ilusiones y tratar de cambiar aquello que no funcionaba, pero también  que debemos basarlos en la solidez. Basta de ilusiones sostenidas en prestado. Es hora de iniciar un camino diferente, para asentarlo en el presente y que pueda tener un recorrido sostenible en el futuro.

Pedir disculpas está bien, juzgar los errores también. Lástima que ellos no sean los que deberían pedir disculpas…

UNETE



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