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¿Qué es un tic?


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19/07/2012


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A la hora de responder a la pregunta sobre qué es un tic, la mayoría de personas describen un tic como un movimiento involuntario de diferentes grupos musculares y que se produce sin motivo aparente. Revisando la información disponible en internet ocurre exactamente lo mismo. Por ello, desde terapeutas conductuales queremos ofreceros una descripción detallada y precisa que permitirá entender el origen psicológico de los tics, es decir cómo se aprende a emitir un tic, por qué se mantiene en el repertorio de conducta de las personas y finalmente cómo se puede aprender a no emitir ningún tic.


Definición.

Comencemos encuadrando el término y describiendo las principales características. Un tic está formado por 2 tipos de movimientos. Por un lado, tenemos el tic primario, es decir, el tic propiamente dicho. Por otro lado el tic secundario. Este, acompaña al tic primario pudiendo ser de prevención (qué hace la persona antes del tic) y de ocultación (cómo trata de ocultarlo).

Con respecto a las características de los tics es importante señalar que éstos, son voluntarios. Dado que es voluntario, la persona puede emplear diferentes distracciones para modificar su frecuencia, es decir, puede aumentar o disminuir la emisión de tics. Todos hemos visto como en determinadas situaciones, personas con tics en nuestro entorno, en ocasiones lo hacen con una mayor frecuencia.

Otra característica es que en un sujeto con tics, no se da atrofia muscular en los grupos musculares implicados en el tic. Finalmente es importante señalar que cuando se emite un tic, éste no es doloroso.

Frente a los tics, con las características señaladas anteriormente, existe otro tipo de movimientos, denominados de causa orgánica. Éstos se clasifican en 3 tipos:

·       Espasmos

·       Corea

·       Temblores

Los 3 tipos de movimientos poseen unas características que los hacen diferentes a un tic. En este caso hablamos de movimientos involuntarios, su frecuencia no se puede modificar mediante técnicas distractoras, a diferencia de los tics. Otra cualidad es que se termina dando la atrofia muscular en los grupos de músculos implicados y en la mayoría de ocasiones son dolorosos.

Una vez encuadrado el concepto, pasemos a clarificar el origen psicológico de los tics. ¿Cómo se aprende a emitir un tic? ¿Qué es lo que hace que una persona aprenda a emitir un tic? ¿Por qué los niños en ocasiones emiten tics? ¿Por qué se eliminan en niños?

Existen numerosas explicaciones al respecto del origen de los tics, sin embargo, el mayor exponente en España sobre el estudio de los hábitos nerviosos, Arturo Bados, define un tic como “un movimiento truncado de retiro o agresión que se ve reforzado si coincide con la terminación del estímulo inductor de miedo o de tensión. Posteriormente, se generaliza a otras situaciones y llega a convertirse en un fuerte hábito” (Bados y col., 1991; Bados, 1995).

Siguiendo a Bados, un tic es un movimiento que se aprende a emitir para aliviar el estado de malestar o ansiedad que tiene un individuo ante determinadas situaciones o personas. Es decir, una persona en un momento determinado de su vida, en una situación dada o ante determinada persona, aprende que emitiendo determinado movimiento alivia en parte la ansiedad o el malestar que siente.

A la hora de referirnos a los niños, ocurre exactamente lo mismo. Generalmente, cuando un niño emite un tic, lo hace tratando de eliminar el nerviosismo que le provocan determinadas situaciones o personas. Además del alivio, es importante señalar que un niño suele obtener otro beneficio, la atención de los adultos del medio. A este respecto, cabe destacar que en algunas ocasiones, los niños emiten determinados movimientos o muecas, por imitación de los adultos de su entorno.

Cuando el tic está instaurado en el repertorio de conducta, tanto un niño como un adulto, ha condicionado el intento por disimularlo con la emisión del tic, haciendo que tan solo con intentar encubrirlo, aumente la ansiedad o nerviosismo, haciendo que aparezcan los tics con mayor frecuencia.

Pongamos un ejemplo, imaginemos una persona (X) que comienza a emitir un tic (“guiño de un ojo”). Ante situaciones en las que se encuentra incómodo ha aprendido de manera “automática” que emitiendo el guiño, nota cierto alivio. Cada vez que se pone nervioso ante una situación como expresar su opinión en presencia de personas con las que no tiene confianza o que no conoce, emite el tic porque alivia, en cierta medida su malestar.

Durante un tiempo, esta estrategia le sirve para sentirse mejor. Sin embargo, pasado un tiempo esta técnica deja de serle útil. Por mucho que emita el tic su malestar no disminuye pero no puede dejar de emitirlo en esas situaciones que le generan malestar. Esto es debido a que está condicionado de manera clásica con dichas situaciones. Es decir, la persona en esa situación lo emite, independiente mente de que obtenga el alivio buscado. ¿Qué suelen hacer las personas que emiten tics en estas circunstancias? Comienzan a emitir otros tics, intentando buscar otra estrategia que le sea útil. En el momento en el que encuentran un movimiento que les alivia momentáneamente, lo emiten, pasando éste al repertorio de conducta de la persona y permaneciendo, incluso aunque deje de serle válido pasado un tiempo.

Generalmente, encontramos que las personas que emiten tics, suelen tener más de uno en su repertorio de conducta.

¿Por qué se eliminan en niños?

En niños, tal y como hemos explicado, en ocasiones aparecen determinados tics que al poco desaparecen. ¿Por qué? La razón hay que buscarla en la atención que mantienen los adultos sobre la emisión de los tics de los niños. Todos hemos visto a algún niño haciendo muecas y cómo al verlo sus padres le riñen. Una posible solución podría ser eliminar, como hemos comentado, la atención. Por lo tanto, cada vez que el niño emita el tic, retiraríamos nuestra atención. Otra posible solución podría ser felicitarle por emitir conductas incompatibles con el tic. Por ejemplo, una vez que el niño haya tomado conciencia de su tic, ante determinadas situaciones, el hecho de que haga algo incompatible con el tic, si lo reforzamos hará que esta respuesta sea reforzada y no emita el tic.

¿Qué puedo hacer si emito tics?

Como hemos comentado en muchas ocasiones, de nada sirve acudir a un médico, puesto que no estamos ante ninguna patología orgánica, por lo tanto, el tratamiento farmacológico es simplemente paliativo y tiene muchas veces importantes efectos secundarios que pueden llegar a ser graves. Los principales fármacos que se emplean son: haloperidol y pimocida. Desde terapeutas conductuales, dado que estamos ante un problema psicológico, el primer paso es la búsqueda de un psicólogo cualificado. Un profesional que sepa explicar el origen y el mantenimiento del problema psicológico. De nada sirve acudir a un psicólogo cuya única tarea consista en aplicar pautas o técnicas sin ton ni son sin haber identificado qué nos pasa o qué está manteniendo el problema. Una vez localizado el experto, éste tiene que analizar en profundidad el problema. Para ello, la recogida de información es básica y fundamental. Con todos la información recogida, el experto tiene que ser capaz de dar una explicación fehaciente de qué es lo que está manteniendo el problema, cómo se ha originado, qué objetivos se fijan, junto con el cliente y qué técnicas se van a emplear para que la persona aprenda a superar su problema. Una vez que se haya hecho esto, es decir, una vez entregado el análisis funcional del problema psicológico, comenzaría la parte activa para el cliente, la aplicación del tratamiento.

Cada caso es único, atendiendo a la información recogida en el análisis funcional del problema de cada sujeto, por lo tanto, en un hipotético caso de tics, siempre se aplicarían las técnicas en función de dicho análisis. Las técnicas o instrumentos aquí mencionados son los que pueden emplearse en un caso de tics.

Relajación muscular progresiva. Para conseguir un estado de relajación en la persona, dado que como hemos explicado, la tensión puede agudizar los tics.

Autorregistro de los tics. Antes de iniciar el entrenamiento y durante una o dos semanas, se ha de obtener un autorregistro diario de la frecuencia y, quizá, de la intensidad de cada uno de los tics en varios momentos y actividades a lo largo del día. Es conveniente registrar, además las circunstancias de ocurrencia de los tics o las situaciones o eventos que lo agravan o reducen. El autorregistro permite ser más consciente de los tics cada vez que se producen, lo cual es un paso muy importante para controlarlos. Además, permite juzgar más objetivamente hasta qué punto los tics están influyendo en la propia vida. El autorregistro debe continuar durante el tratamiento, ya que permite ir viendo los progresos.

Autorregistro de Identificación de las situaciones que afectan a la ocurrencia de los tics. Permite identificar y enumerar las situaciones, actividades y personas que favorecen o dificultan la ocurrencia de los tics, ya que éstos no suelen aparecer por igual en todas las situaciones. De este modo, cuando el sujeto esté a punto de entrar en las situaciones facilitadoras de los tics o acabe de hacerlo, puede practicar las reacciones incompatibles adecuadas, esto ayuda a prevenir la ocurrencia del tic.

Práctica masiva (emisión y detención voluntaria). Con esta técnica la persona aprende a controlarlos y consigue reducirlos. Para identificarlos, se elabora un listado para saber qué hace la persona antes de emitir un tic y después. (Tics secundarios). Es decir, se describen y se detectan los tics. Estos dos componentes tienen como objetivo que el sujeto sé de cuenta de cómo lleva a cabo sus tics y de la ocurrencia de todos ellos. Para esto, se pide a la persona que describa en detalle el tic mientras lo realiza deliberadamente. Si no puede ver directamente el tic, puede emplearse un espejo o una grabación de video. Para enseñar al paciente a detectar sus tics, el terapeuta en la consulta le avisa en una primera fase cada vez que un tic ocurre, y en la segunda fase

Una vez elaborado, el cliente reproduce deliberadamente el tic con una frecuencia elevada durante un cierto tiempo (30 a 120 minutos) que incluye varios períodos de ejercicios separados por pequeños descansos. Se espera que de esta manera se genere cansancio y un impulso inhibidor contrario a la ejecución de los tics, y que la no ocurrencia de estos se vea reforzada por la reducción de la fatiga.

Entrenamiento en reacción de competencia. Mediante esta técnica, el cliente aprende a emitir movimientos incompatibles con los tics, hasta que disminuyan las ganas de emitir el tic.

Práctica negativa contingente. Surgió como una modificación a la práctica masiva. Consiste en que el niño repita el tic tan exactamente como pueda durante 30 segundos después de cada ocurrencia del tic. De este modo, se busca reducir la ocurrencia del tic haciendo que la práctica deliberada del tic sea contingente a la misma. Esta práctica es un procedimiento aversivo.

Revisión en detalle de los inconvenientes de los tics. Se trata de revisar en detalle con el sujeto todas las molestias e inconvenientes que causan los tics, así como las ventajas y aspectos positivos de reducirlos o eliminarlos.





Referencias.



Azrin, Nathan H. (1987). Tratamiento de hábitos nerviosos Tartamudez, tics, morderse las uñas, arrancarse el cabello, etc.

Bados López, Arturo (2002). Los tics y sus trastornos Naturaleza y tratamiento en la infancia y adolescencia.    



Etiquetas:   Psicología

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