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Los Partidos Políticos ¿Receptáculo Social? !O Séptico!


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19/07/2012

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Un mero supositorio…

Supuestamente los partidos políticos deberían de ser el receptáculo natural y legal para acoger prácticamente todas, o casi todas, las formas de pensamiento y sentimiento políticos y sociales. Esto en teoría, pero por desgracia de todos nosotros eso no es más que un mero supositorio ¡Perdón! ¡Supuesto! O… ¡Bueno! Ambas cosas porque es un hecho bien sabido, o cuando menos intuido por casi todos nosotros que tales organismos están completamente tomados y coptados por diminutas, pero muy poderosas, mafias bien afianzadas en las cúpulas del poder, así como por unas pesadas y anquilosadas burocracias afines a, y dependientes de, las dirigencias que no permiten movilidad alguna, situación que se puede apreciar con total claridad, irónicamente gracias a su opacidad, tanto en los niveles distritales, regionales y por supuesto, nacionales.

Mira mi cuate, me interesas mucho… pero nomás de lejecitos ¿Vale?

Los nuevos y viejos adherentes les interesan en tanto pueden allegarse votos y con ellos más y mejores cuotas de poder y recursos económicos provenientes de las jugosas y apetitosas partidas federales y estatales que vía el Instituto Federal Electoral y los Institutos Electorales Estatales les son asignadas y entregadas. Conviene ser muy puntuales, lo anterior no quiere decir, ni con mucho, que tales bases partidistas, o votos duros, como se les suele llamar, resulten atractivos, para partido político alguno, como participantes activos, pensantes y actuantes y menos aún como posibles competidores por algún apetitoso "huesito", sea este del tamaño que sea.

"Te quiero para mi, tan solo para mi…"

El poder, según convicción y fuero internos, y más según su práctica cotidiana, está hecho para ellos, sus familias, amantes e incondicionales, aunque en el discurso público y populachero se empeñen en decirnos que "es para servirnos a nosotros, cuidar nuestros intereses" y un eterno bla, bla bla.. En el subconsciente popular permanece, casi perceptible a flor de piel, la sensación de que a los políticos lo único que les interesa es tomarnos el pelo y sacarnos la lana de alguna manera, quizá sea por eso que los llamados "baños de pueblo" sean tan importantes, especialmente si se está en medio de una campaña electoral, quieren generar la precepción de que están solidarizándose con algunos de nuestros pares y que tal "solidaridad" se hace extensiva para nosotros. No se a usted, apreciable lector, pero a mi no me venden el cuento y además me caen muy gordos por hipócritas, falsos y sobreactuados.

Si intentas entrar toparás con pared, no hay "chance".

Hace poco más de tres décadas intenté militar el un partido político, Acción Nacional, creí sentirme atraído por sus principios, estatutos internos, propuestas políticas y por la aparente honestidad y elocuencia de sus dirigentes, el resultado fue que que más que

decepcionado, me sentí asqueado. Las juntas distritales, pletóricas de discursos que yo calificaría como simple "coco wash", no solo carecían de espacios para que el público asistente pudiera manifestarse, sino que más bien parecían diseñadas, estructurales y conducidas para evitarlo a toda costa. Ya ni hablar de las regionales del Distrito Federal así como de las de "la nacional". Más pronto que tarde me alejé de todo aquello, comprobé que no tengo un buen hígado como para aguantarlo y tampoco sé, como se recomienda en política: "tragar sapos sin hacer pucheritos ni gestos". Muchos años después fui invitado por unas dulces ancianitas, fundadoras del PAN y entrañables amigas de mi familia a participar en la campaña electoral de un candidato a diputado, eran los tiempos en los que Carlos Salinas de Gortari acababa de ser destapado como "el elegido por los tres sectores del PRI" que en realidad se limitaban a acatar la decisión presidencial, es decir, a servir de comparsas para el tristemente célebre "dedazo presidencial". El tricolor se llevaba el carro completo, así que el candidato, que no tenía la menor "chance" de ganar, así que sabedor de ello se limitó a despacharse con la cuchara grande, a comprarse coches de super lujo y a mandar a su hijo a pasear a Alemania, todo ello con el dinero que le dieron para su campaña. Como es natural suponer, no quería colaboradores, ni cercanos, ni lejanos, simplemente le estorbaban.

Los carroñeros también son feroces.

La tradición de vivir del presupuesto continúa. Aún a niveles casi de la base piramidal, la ambición por llevarse aunque sea un poco de grasita pegado al hueso de la chuleta. Durante los cinco procesos electorales federales en los que fungí como consejero electoral distrital propietario pude ver como al principio de las contiendas los representantes de los diversos partidos políticos llegaban a las juntas en camioncitos, peseras o taxis y como a los tres o cuatro meses de iniciadas estas ya estacionaban enfrente de ñla sede distrital un auto del año, recién sacadito de agencia y aún con los permisos provisionales para circular, claro está que los pleitos al interior de los diversos partidos políticos, alianzas y coaliciones por ocupar tales asientos son fenomenales pues como es natural comprender todos quieren roer aunque sea un poquito de la apetitosa chuleta y no resulta raro para nadie ver que de buenas a primeras tal partido o coalición estrena nuevo representante. Y esto es en los sótanos de la política, ya podemos comenzar a calcular cómo se las gastan en las alturas. Así que el ciudadano común se queda como el chinito "nomás milando".

¿Y las llamadas redes sociales?

Sí, en cierto aspecto muy limitado aún en cuanto al acceso que el gran público en general tiene a ellas y a su alcance y repercusiones en el mundo real, fuera de las pantallas de las computadoras y sobre todo de la realización como persona que pueda tener el usuario, pero bueno, aunque poco, ya es un avance, no en vano algunos candidatos presidenciales en esta elección, como Manuel Andrés López Obrador (MALO) les encargaron a sus fans que les cuidaran las espaldas en las redes sociales y los protegieran de todo ataque. Y algunos periodistas, como Carlos Loret de Mola se empeñaron en minimizarlas y desdeñarlas al máximo a fin de contrarrestar los golpes que por esa vía le llovieron.



Etiquetas:   Políticas Sociales   ·   Democracia

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