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¿Democracia Profunda o clichés de progresismo?


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18/07/2012


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Este artículo integra el libro Crónicas de Dos Siglos, Fondo Editorial Periodismo-Proidad, 2010. Escrito el 2008, resulta pertinente para entender el descontento que los chilenos tenemos de nuestros políticos, en particular de quienes predican con la izquierda y cobran con la derecha.


 Democracia Profunda o clichés de progresismo.

¿Por qué desconfío de los discursos actuales de la pseudo izquierda progresista? ¿Cómo volver a enhebrar las ideas de progreso, equidad y esfuerzo cotidiano, integrando un movimiento político ciudadano que revitalice la política?

Rechazo las etiquetas livianas de esos pseudo progresistas que hablan de izquierdismo pero actúan encadenados al poder, castrados de proyectos, incapaces de abrir caminos diferentes, encerrados en sus burbujas, respirando el aire enrarecido y sin animarse a abrir ventanas al cambio generacional, resignados a administrar un sistema que se ha demostrado centralista, concentrador de la riqueza y depredador de la naturaleza.

Rechazo el izquierdismo que no se compromete categóricamente con la lucha antidroga. Rechazo el relativismo respecto a la ética, respecto a los afectos, abogo por la familia sólida, educadora y formadora de personas; por la sexualidad responsable que es parte del amor y no creo en el libertinaje que se viste de progresismo. Si ello me ubica como conservador también lo rechazo, ya que pensar en una sociedad justa que apunta a la felicidad pasa por cultivar el amor, el respeto, la dignidad como eje de las comunidades, como la esencia de las familias, de la relación filial y fraternal que hoy se extraña y que es necesario recuperar para superar la dispersión social de las nuevas generaciones.

No compro discursos izquierdistas panfletarios, porque vi. a muchos compañeros de ruta abandonar las utopías frente al becerro de oro, porque fui victima directa de una traición que manipuló los afectos y que provino de esa percepción ingenua de que las personas treinta años después siguen intactas, manteniendo su compromiso y consecuentes con sus ideas. Bajar la guardia por creer que era real ese mundo idealizado, me costó largas penurias, hasta lograr escapar de sus secuelas.

Desconfío de esos políticos que ayer levantaban el puño mientras entonaban la marsellesa y ahora son lobbistas de multinacionales, desconfío de esos discursivos perpetuos que nunca trabajaron un día a nadie, desconfío de esos blasones académicos que muchos compraron, desconfío de su idoneidad moral porque les he visto armar ingenierías de corrupción, desconfío porque los vi ser irresponsables con sus hijos, porque debilitaron la familia y sus valores, desconfío de ellos porque esgrimen el tema de los derechos humanos sólo cuando les conviene. Desconfío de sus fortunas porque nunca dieron cuenta de la ayuda que recibieron durante la dictadura y que era para construir espacios democráticos en Chile, Desconfío de las cofradías del silencio, de las negociaciones que echaron bajo la alfombra los vicios en que han sido sorprendidos.



Me duele tener que asumir a la distancia que esos principios y sueños por los que luché en nuestra breve adolescencia política, fueron manoseados por personas que nunca creyeron de verdad en cambiar el mundo, que demostraron ser fríos y calculadores operadores tras el poder, pero en beneficio de grupos, de la misma forma como lo ha hecho la derecha tradicional, sólo que ésta lo ha hecho siempre con claridad entre sus dichos y acciones. Hoy el relativismo se ha apoderado de las propuestas, nada es real ni definitivo, flaquean las convicciones y te sorprendes en calidad de díscolo, crítico, blasfemo o inquisidor, denunciando canalladas que ocurren con ritmo de normalidad, pero que siguen remeciendo tu conciencia.

Cuando reviso el estado de cosas, adhiero a la vida y vuelvo a lo fundamental, la calidad interior y el compromiso que distingue a las personas por el ejercicio cotidiano de su libre albedrío, por los gestos inconscientes que se expresan articulando el bien o el mal.

De esta visión madura extraigo una lección, que apunta a encontrar espacios para seguir luchando por la democracia profunda, por la doctrina del esfuerzo, por el rescate de la verdad cautiva en lo políticamente correcto.

Se buscan ideas y sueños. Algo de lo que carecen aquellos que simplemente luchan por sus intereses personales y que en función de aquello no trepidan en venderle el alma al diablo.

 

Atacama, 8 de diciembre de 2008. 



Etiquetas:   Ciudadanía   ·   Corrupción   ·   Ética

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