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Israel, arden las esperanzas del hombre común.


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15/07/2012


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ARDEN LAS ESPERANZAS DEL HOMBRE COMUN


 

La sociedad israelí ha sido espectador privilegiado para contemplar de cerca como arden las esperanzas de un hombre común..

 

Sí, un ciudadano israelí de 50 años, una persona común como cualquier otra, decidió levantar una de aquellas protestas  imposible de pasar por alto e imposible de no advertir ni siquiera para el más acérrimo partidario del stablisment gobernante israelí (¿o quizás si?).

 

Pero, ¿Qué puede llevar a un individuo a autoinmolarse inflingiéndose así mismo y a su cuerpo una tortura incandescente?. ¿Locura, Impotencia, Desesperanza?.

 

Hay un poco de todo ello. Quemarse a lo bonzo para hacerse oír e intentar conmover al cada vez más impertérrito sistema que lenta y progresivamente se va consumiendo las fuerzas y energías de un país con su inequidad, sin duda es una acto de locura basada en la desesperanza y la frustración.

 

Hace ya  un año y por todo Israel, más de un millón de persona levantó su voz para reclamar en contra de un sistema que demuele las esperanzas de sus ciudadanos, el  que sin embargo, no encontró respuestas a la altura de las exigencias hechas por un pueblo acostumbrado a entregarlo todo por su país.

 

La clase política y gobernantes, no recogieron aquellos llamados que un millón de voces levantó entonces -y que seguro reflejan a la gran mayoría que se acostumbró a callar y a sobrevivir- y decidió implementar como respuesta,  todo un paquete de soluciones que no solucionaron otra cosa que no fuera la permanencia de los status quo de los poderes fácticos, aquellos que sin contrapesos, imponen el rigor sobre su estoica población.

 

Comisiones allá y acá  para atender esos reclamos, mucha "parafernalia" publicitaria, políticos asomándose por las protestas para “solidarizar” pero desapareciendo en las instancias de resolución, es decir, todo siguió igual, nada cambio y se impuso la visión sobre estas manifestaciones que eran generadas por un grupo elitistas y que no representaban a la sociedad israelí. Craso error.

 

La inequidad es transversal a todos los organismos del modelo de poder de la sociedad israelí donde no extraña constatar que su población cada vez se divorcia más de sus líderes (de todos). Estos no han estado a la altura. Incompetentes para resolver el creciente costo de vida para la familia. Inútiles para reaccionar adecuadamente  ante la insolente desigualdad de cargas públicas y económicas que benefician a Haredim en desmedro grave de la población laica. Indolentes para asumir responsabilidades ante tragedias como el fatídico incendio en el Carmel y que costara la vida de 40 personas, entre otras tantas expresiones de desaciertos que marcan el día a día de un pueblo que no tiene descanso y que vive entre las amenazas de los enemigos externos y los errores (horrores) de conducción económica, social de gobiernos de distintos signos que parecen no escuchar.

 

Indignarse ante esto o ante los desaciertos que significan enormes derroches de recursos que se denuncian cada día y la constatación de que nadie responde por ellos es casi una obligación.

 

Mientras a la población común se le elevan los costos de energía y se  les advierte sobre racionamientos en los consumos, a los dependientes, familiares y amigos de quienes trabajan en esas empresas de energía, no solamente se les entregan tarifas de privilegio si no que se les entrega pareciera, un certificado que les permite "abusar" de esos consumos sin ninguna limitación y vergüenza, es simplemente un insulto diario.

 

Acumular frustración cuando compruebas que los precios de los productos y servicios se elevan desmesuradamente y sin control que permita entender trasparencia o justificación para ello, mientras los salarios se mantienen en un "eterno estancamiento sujetos a una realidad que no es la de la sociedad israelí, pero sí es la visión de sus dirigentes y líderes políticos, que no palpan la realidad de su pueblo pero si demuestran agilidad, comprensión y presteza para mejorar sus propios ingresos, desde ya exorbitantes e injustos para lo que hacen.

 

Es  casi explicable que cualquier israelí entonces pierda las esperanza y pueda llegar a acometer una locura y atentar contra su vida protestando contra tanta inequidad.

 

El PM Netanyahu ha lamentado lo ocurrido y lo ha catalogado como "una tragedia personal". Claro que es una tragedia Sr. Ministro, es verdad, pero no cierre sus ojos en sólo ese concepto y para este caso en particular. Esto podría llegar a ocurrirles a muchas personas. Muchas familias no viven, si no que sobreviven y con agudas angustias con sus estancados sueldos mínimos y elevado costo de vida, acumulando diariamente, desesperanza, frustración y hasta ira, mientras comprueba que en la vereda de enfrente, grupos privilegiados obtienen y disfrutan de prebendas o tratamientos especiales o cuando comprueba la indolencia de sus líderes para hacer una lectura adecuada de la realidad que afecta a su población y que es ese mismo pueblo –a diferencia de grupos injustamente beneficiados- el que ha estado siempre dispuesto y disponible para defender a su país.

 

Sr. Primer Ministro Benjamín Netanyahu, ésta no sólo ha sido una tragedia personal de un israelí, ha ardido con él, las esperanza de un hombre común y que es el grito de angustia de toda una nación que no quiere más inequidad.





Etiquetas:   Movimientos Sociales   ·   Sociedad

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4 comentarios  Deja tu comentario


Manuel Ernesto Aguirre Rosales, Respetando la memoria de la persona y las personas que necesitan de ejemplos como este para reaccionar creo es cruel. Solo pienso si Gandhi o Mandela hubiese hecho esto, jamás hubieran logrado sus objetivos. Mientras exista vida hay esperanza. Respetuosamente


Francisca Almeida, Artes Me he quedado pensando en la pregunta que haces respecto a qué motiva a un hombre a autoinmolarse: ¿Locura, Impotencia, Desesperanza? Y si bien concuerdo que es una suma de todo, también añadiría “heroísmo”.
Quizás esta última sea menos preponderante en el actuar de esta persona, pero si puede terminar siendo la más trascendente de su acto.

Antes de leer esta columna, y como muchos otros occidentales, sólo tenía una vaga impresión del malestar ciudadano con el actual gobierno Israelí. Pero a partir de este hecho, la atención de muchos ha llegado hasta ahí y nos ha obligado a plantearlo como tema de conversación y análisis.

Pero además de esta atención externa que ha generado, también este acto suele ser un catalizador social y que logre una mayor cohesión de los ciudadanos en pos de conseguir sus demandas. Y en esto es imposible no recordar la similar actuación, cuando hace más de un año un joven tunecino se prendió fuego por su desesperada realidad, hecho que dio origen a la llamada Primavera Árabe.

Es difícil aventurar el alcance que tendrá el actuar de ese hombre común, pero espero que suficientemente lejos para evitar que la realidad interna israelí cobre una vida más.


marcela marco, Las reacciones no pueden dejarse esperar.


moran cohen, Descarnada descripción y desgraciadamente cierta.





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