El día que se pierde el empleo

 

. Todos salieron a mi encuentro, muchos me desearon lo mejor y algunos sí realmente lamentaron mi marcha.

Me habían despedido.

 

Mismo atasco, distinta hora. Pensaba en qué le diría.

 

Aparqué.

El motor parado pero la radio no quise apagarla, era como si darle al botón fuera el fin de una cotidiana y realizada vida, llena de estructura y sentido.

 

Llegó.

Viendo la hora y traduciendo mi cara supo lo que había pasado.

Me abrazó.

Saldremos de ésta, me dijo.

UNETE



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