.granma.co.cu/2012/07/03/nacional/artic09.html">El
reconocimiento por parte de las autoridades sanitarias cubanas, de un brote de
cólera en el municipio de Manzanillo, en la oriental provincia de Granma,
volvió a destapar la caja de Pandora del tema Cuba.
Parece cómo si se nos negara a vivir como
cualquier otro país, enfrentado a los problemas que puedan surgir en el día a
día, pero buscando por nuestros propios medios las mejores vías y métodos para
solucionarlos.
Resulta que ahora la noticia del cólera es el
tema preferido por quienes buscan el menor pretexto para opinar sobre Cuba y,
como suele suceder, lo hacen desde el apasionamiento, sin el análisis objetivo
de la situación real, a través de la lupa que citaba Galeano.
Empezando por la propia nota oficial del
Ministerio de Salud Pública cubano, dada a conocer días después de que ya el
rumor se hacía eco en varias provincias del país (no es primera vez que las
noticias se adelantan a los periódicos) y en un lenguaje en el que si bien no
se menciona explícitamente la palabra cólera, sí no duda en explicar el
hallazgo del Vibrión cholerae como
causante del “brote de infección gastrointestinal” observado en Manzanillo y
que afectaba (en el momento de publicada la información) a más de cincuenta
pacientes, cobrando la vida de tres adultos mayores de “95, 70 y 66 años de
edad, con antecedentes de enfermedades crónicas”; las críticas a la actuación
del gobierno no han dejado de llover, entre ellas, por el supuesto silencio
sobre el caso, mientras otras tergiversan descaradamente las noticias sobre el
suceso.
Por mi parte, desde cualquier arista que miro
tales reclamos me pregunto ¿por qué?
Leí por estos días un comentario de un usuario de
Facebook el cual afirmaba, en respuesta a una de las noticias sobre el supuesto
silencio del gobierno cubano, que en casos como estos, [en Cuba] “primero
llegan los médicos y después la prensa”. Su razonamiento es inobjetable.
En primer lugar porque tal silencio no existe.
Cada año, con la llegada de las lluvias de verano, numerosos spot inundan la
televisión y la radio nacional, alertando sobre las medidas
higiénico-sanitarias a cumplir con el incremento de las lluvias y el calor para
evitar, entre otras, las enfermedades diarreicas agudas.
Luego, la población sabe qué hacer para prevenir
enfermedades de este tipo pero, ¿las aplican realmente? Esto pasa también por
un componente de responsabilidad individual y eso sí no lo controla el
gobierno.
Pongo un ejemplo. El dengue es otra enfermedad
infecto-contagiosa que afecta (en mayor dimensión que el recién estrenado
cólera) a la población cubana. La campaña contra el vector trasmisor de la
enfermedad, el mosquito Aedes aegyptis
es una de las mayores que se realiza por las autoridades sanitarias del país (y
otras muchas entidades) y en la cual se invierte un elevado presupuesto.
Incluso cuenta con un programa televisivo semanal en el cual (desde hace más de
dos años) de forma continua se dan a conocer las medidas para evitar la
aparición de focos de este insecto; tanto y tan seguido que cualquier persona
es capaz de recitarlas de memoria. A pesar de esto, cada día se encuentran
focos de mosquitos y el dengue sigue incidiendo en el sistema de salud cubano.
En el caso del cólera, su prevención puede ser
más sencilla que en el caso del dengue (no existe un vector propagador), pues
con adoptar medidas higiénicos-sanitarias sencillas se evita el contacto con el
patógeno, el cual se adquiere fundamentalmente a través de agua y alimentos
contaminados.
Además, los médicos cubanos cuentan con una
amplia experiencia en el tratamiento de epidemias, incluso de cólera, tal y
como demuestra el papel que han venido desempeñando las brigadas médicas
cubanas que permanecen en Haití, país en la cual el número de víctimas por esta
enfermedad supera cifras de los millares.
Y ya que menciono la incidencia del cólera en
otros países, recurro a los datos ofrecidos en el artículo “Cólera en Cuba... Cuál es la bola”,
del blog http://cubanitoencuba.com en
el cual se citan casos recientes de brotes de esta enfermedad en algunas
ciudades de Estados Unidos y México. Entonces me pregunto, porqué la algarabía
con el caso cubano.
Somos un archipiélago ubicado en una región donde
la enfermedad es endémica en países como el propio Haití. Además, cientos de
cubanos prestan colaboración profesional en naciones (de la región y de otros
continentes) donde el cólera es un problema de salud constante, por lo que
estamos expuestos al riesgo permanente de la importación de esta y otras enfermedades
infecto contagiosa y, aún cuando está establecido un sistema de vigilancia
epidemiológica para evitar el ingreso al país de casos portadores, a todas
luces no es infalible.
Por lo pronto, es de esperar que cada día nuevas
publicaciones digitales se hagan eco de presumibles “fuentes oficiales”, “periodistas
independientes”, “cubanólogos” y otros que pinten un cuadro apocalíptico de la
situación epidemiológica cubana. Mientras eso ocurre, estoy convencido que
nuestros médicos, especialistas epidemiológicos y autoridades sanitarias, estarán
haciendo su mayor esfuerzo por solucionar este nuevo reto para el sistema de
salud cubano.
Al resto de los cubanos, por su parte, nos toca
la más importante de la tarea, aplicar lo que durante año se ha orientado, para
evitar el contagio con esta u otras enfermedades.