...en los tiempos del cólera



 

quier otro país, enfrentado a los problemas que puedan surgir en el día a día, pero buscando por nuestros propios medios las mejores vías y métodos para solucionarlos.

Resulta que ahora la noticia del cólera es el tema preferido por quienes buscan el menor pretexto para opinar sobre Cuba y, como suele suceder, lo hacen desde el apasionamiento, sin el análisis objetivo de la situación real, a través de la lupa que citaba Galeano.

Empezando por la propia nota oficial del Ministerio de Salud Pública cubano, dada a conocer días después de que ya el rumor se hacía eco en varias provincias del país (no es primera vez que las noticias se adelantan a los periódicos) y en un lenguaje en el que si bien no se menciona explícitamente la palabra cólera, sí no duda en explicar el hallazgo del Vibrión cholerae como causante del “brote de infección gastrointestinal” observado en Manzanillo y que afectaba (en el momento de publicada la información) a más de cincuenta pacientes, cobrando la vida de tres adultos mayores de “95, 70 y 66 años de edad, con antecedentes de enfermedades crónicas”; las críticas a la actuación del gobierno no han dejado de llover, entre ellas, por el supuesto silencio sobre el caso, mientras otras tergiversan descaradamente las noticias sobre el suceso.

Por mi parte, desde cualquier arista que miro tales reclamos me pregunto ¿por qué?

Leí por estos días un comentario de un usuario de Facebook el cual afirmaba, en respuesta a una de las noticias sobre el supuesto silencio del gobierno cubano, que en casos como estos, [en Cuba] “primero llegan los médicos y después la prensa”. Su razonamiento es inobjetable.

En primer lugar porque tal silencio no existe. Cada año, con la llegada de las lluvias de verano, numerosos spot inundan la televisión y la radio nacional, alertando sobre las medidas higiénico-sanitarias a cumplir con el incremento de las lluvias y el calor para evitar, entre otras, las enfermedades diarreicas agudas.

Luego, la población sabe qué hacer para prevenir enfermedades de este tipo pero, ¿las aplican realmente? Esto pasa también por un componente de responsabilidad individual y eso sí no lo controla el gobierno.

Pongo un ejemplo. El dengue es otra enfermedad infecto-contagiosa que afecta (en mayor dimensión que el recién estrenado cólera) a la población cubana. La campaña contra el vector trasmisor de la enfermedad, el mosquito Aedes aegyptis es una de las mayores que se realiza por las autoridades sanitarias del país (y otras muchas entidades) y en la cual se invierte un elevado presupuesto. Incluso cuenta con un programa televisivo semanal en el cual (desde hace más de dos años) de forma continua se dan a conocer las medidas para evitar la aparición de focos de este insecto; tanto y tan seguido que cualquier persona es capaz de recitarlas de memoria. A pesar de esto, cada día se encuentran focos de mosquitos y el dengue sigue incidiendo en el sistema de salud cubano.

En el caso del cólera, su prevención puede ser más sencilla que en el caso del dengue (no existe un vector propagador), pues con adoptar medidas higiénicos-sanitarias sencillas se evita el contacto con el patógeno, el cual se adquiere fundamentalmente a través de agua y alimentos contaminados.

Además, los médicos cubanos cuentan con una amplia experiencia en el tratamiento de epidemias, incluso de cólera, tal y como demuestra el papel que han venido desempeñando las brigadas médicas cubanas que permanecen en Haití, país en la cual el número de víctimas por esta enfermedad supera cifras de los millares.

Y ya que menciono la incidencia del cólera en otros países, recurro a los datos ofrecidos en el artículo “Cólera en Cuba... Cuál es la bola”, del blog http://cubanitoencuba.com en el cual se citan casos recientes de brotes de esta enfermedad en algunas ciudades de Estados Unidos y México. Entonces me pregunto, porqué la algarabía con el caso cubano.

Somos un archipiélago ubicado en una región donde la enfermedad es endémica en países como el propio Haití. Además, cientos de cubanos prestan colaboración profesional en naciones (de la región y de otros continentes) donde el cólera es un problema de salud constante, por lo que estamos expuestos al riesgo permanente de la importación de esta y otras enfermedades infecto contagiosa y, aún cuando está establecido un sistema de vigilancia epidemiológica para evitar el ingreso al país de casos portadores, a todas luces no es infalible.

Por lo pronto, es de esperar que cada día nuevas publicaciones digitales se hagan eco de presumibles “fuentes oficiales”, “periodistas independientes”, “cubanólogos” y otros que pinten un cuadro apocalíptico de la situación epidemiológica cubana. Mientras eso ocurre, estoy convencido que nuestros médicos, especialistas epidemiológicos y autoridades sanitarias, estarán haciendo su mayor esfuerzo por solucionar este nuevo reto para el sistema de salud cubano.

Al resto de los cubanos, por su parte, nos toca la más importante de la tarea, aplicar lo que durante año se ha orientado, para evitar el contagio con esta u otras enfermedades.