. En días pasados los conocidos libreros mexicanos "Gandhi"
pusieron una serie de anuncios de los denominados espectaculares en el área
metropolitana con la leyenda: "Si la letra con sangre entra, México está
leyendo mucho"; esta leyenda puede resultar lapidaria pero la realidad es
aún mucho más avasalladora y nadie puede sustraerse a sus problemáticas.
Lo
paradójico del caso es admitir que cualquier cosa que se haya planteado a nivel
de la ficción se ha quedado corta, pero el hecho de que el país no parezca
presentar rumbo y que la sociedad civil se haya disociado de la sociedad
política debería ponernos en la antesala de una advertencia mayúscula, y ello
implica que cuando un divorcio de esta magnitud se presenta la legitimidad del
orden público atraviesa por momentos dramáticos.
En
este escenario de poco o nada ha servido el hecho de que mediáticamente el
Estado se encuentre presentando cifras y estadísticas del combate a la
delincuencia organizada porque ello no ha inclinado la percepción de la opinión
pública en su favor del gobierno en turno. En los hechos, la ciudadanía piensa
en las cifras e imágenes que suele presentar la Procuraduría de Justicia de la
República en escenarios montados, es decir, de un manejo mediático que lo que
intenta es desvirtuar la realidad y, ello resulta preocupante en la medida en
que la credibilidad del Estado es prácticamente letra muerta.
El
escenario de la legitimidad y credibilidad del Estado no puede ser analizado
como cosa menor debido a que sus fines no pueden ser realizados o concretados
de la mejor manera si la población no acompaña al Estado, cuestión que en estos
momentos es una constante del sentir social y de la percepción generalizada.
De
continuar las cosas en este escenario, lo que habrá de pasar será que el Estado
se encontrará solo contra las tareas de combate a la delincuencia y como efecto
dominó- cuestión que ya ha iniciado-, diversas esferas del trabajo público
serán abordadas sólo desde las propias fuerzas de la administración pública cuestión
que pone entre la espada y la pared al Estado.