Uno, dos, tres…cuento mentalmente el tintinear del cursor sobre el fondo blanco del documento Word que permanece abierto en la pantalla de mi monitor. Una y otra vez tecleo una línea que nace, muere y se rehace en cuestiones de segundos, impulsada por la duda, o tal vez un bloqueo mental…cuatro, cinco, seis…Me detengo otra vez ante el ritmo mudo de la pequeña barra vertical.




