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Evaluación docente en Chile: ¿perdidos en el espejismo numérico?


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07/04/2011

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Los resultados de la evaluación docente 2011 en Chile mantienen una consistencia que lo avala como instrumento nacional. Un 2,9% de los profesores fue evaluado como insatisfactorio, cifra comparable con la del 2006 cuando fue de un 2,8%, y que está por debajo del 3,8% de los años 2003 y 2004. Pero como siempre la exageración de los medios de comunicación engaña e intenta colocar a nuestro profesorado como elemento crítico, mezclando estos resultados con los de la categoría siguiente: “Básico”. Así, se señaló en varios medios que el 35,9% de los profesores es “Insatisfactorio”. Sin duda el mismo Mineduc ha tenido una responsabilidad clave en esta confusión (¿casual?), al mezclar en todo su informe las categorías “Insatisfactorio + Básico” y “Competente + Destacado”, dicotomizando (y simplificando) la realidad. Y claro es más simple dividir el mundo en buenos y malos que en grises. Lamentablemente para nuestra tecnocracia, la realidad educativa está llena de matices, y es bueno considerarlos. 






Hay que decir a propósito de esta discusión de categorías que un desempeño Insatisfactorio significa que éste “presenta claras debilidades en el conjunto de los indicadores evaluados y éstas afectan significativamente el quehacer docente”, mientras un desempeño Básico implica que “cumple con lo esperado, pero con cierta irregularidad. Esta categoría también se usa cuando existen algunas debilidades que afectan el desempeño, pero su efecto no es severo ni permanente”. Es decir, cuando las autoridades están mezclando estas dos categorías se está realizando un ejercicio de desprestigio al estamento docente, gratuito e incorrecto.





Esta guerra contra las profesoras y profesores es antigua, y lamentablemente no escuchamos públicamente las vivencias pedagógicas producidas con estos procesos de evaluación. Las columnas y artículos de nuestra prensa abren sus páginas a expertos, políticos “comprometidos con la educación”, movimientos “pseudo ciudadanos por la educación”, y sellan todo con editoriales políticamente correctas. Todas coinciden en poner a los docentes en el purgatorio: ¡hay que expulsar a los “malos”! A pesar de que este deporte de desprestigio es antiguo, las encuestas siguen mostrando que son los profesores/as uno de los actores en los cuales más confía la sociedad chilena, en oposición a la clase política.





Al observar los resultados presentados por el gobierno en su “powerpoint” (www.docentemas.cl), causa particular interés unos gráficos marginales a la hora de presentar los resultados. En ellos se exhiben los resultados de unas cinco preguntas realizadas a los mismos profesores/as (¡por fin aparece su voz, aunque sea con porcentajes!), y aparecen consensos relevantes: no están satisfechos con las oportunidades de desarrollo profesional; la evaluación docente no aporta mayormente al prestigio profesional ni tampoco impacta mayormente en sus ingresos económicos;  el número de tareas a realizar en la escuela supera el tiempo disponible. Sin embargo sobre estos aspectos no se profundiza en las propuestas ministeriales que parecen avanzar con un paso más decidido en dar mayor centralidad a rol conductor-controlador de los directores de escuela y a la política de incentivos –ambas vigentes desde los gobiernos de la Concertación, pero con escaso resultado-. 





Es en este momento donde desaparece mi “Escuela Ideal”. Me imagino que con estas políticas de evaluación docente, irá desapareciendo cada vez el sentido formativo que tenía en el año 2003 cuando culmina el proceso de construcción de ésta entre Colegio de Profesores y Mineduc, para dar paso a un instrumento más entre tanta tecnología estandarizada, que entregue un buen puntaje para la página web que rankeará a los docentes (Infodocente), para asegurar así que los apoderados puedan “elegir bien” –¿racionalidad de mercado?-. 





Desaparece mi ideal de pensar la pedagogía como un trabajo potencialmente colectivo, donde los resultados no dependen de la acción heroica (o displicente) de un maestro, sino de un colectivo de docentes, que tiene tiempos para generar micro-política educativa en sus escuelas, junto a sus alumnos/as, apoderados, y funcionarios, en una estrecha vinculación con el medio social. 





Con estos porcentajes seguimos cayendo en una especie de espejismo, donde creemos que los números nos indican todo, pero nos quedamos ensordecidos por el ruido de tanto análisis reaccionario y sancionador. Espero que reconstruyamos esta capacidad crítica y no nos quedemos en la superficie estigmatizadora de quienes se han empeñado en vaciar las culpas sobre nuestras profesoras y profesores. 





Campinas, 01 de abril de 2011



Etiquetas:   Educación

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