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¿Qué diablos nos pasa a los mexicanos?


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09/07/2012

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 ¿PORQUÉ NO PODEMOS SER IGUAL DE EXIGENTES EN MATERIA POLÍTICA?


¿SOMOS EXIGENTES Y CONFORMISTAS AL MISMO TIEMPO?

Se dice el pequeño y selecto mundillo de las encuestas empresariales que el público mexicano es muy exigente, mucho más que en otros países el 69% de los clientes insatisfechos con algún producto o servicio suele transmitir su sentimiento, casi de inmediato, y con singular vehemencia, con sus allegados y con todo aquél que le proporcione el menor pretexto para desahogarse.  Esto a diferencia de las encuestas electorales pues tienen el propósito real de conocer tendencias y preferencias del público consumidor mas no la de influir a los electores para que se pronuncien sobre votos útiles o se vayan con la cargada, por no decir la finta, y llevar al poder a un candidato predestinado por poderes fácticos como los medios de comunicación masiva, es decir, la radio y la televisión.  Sirva la mención para ilustrar al ex presidente Vicente Fox, de pasadita y como sin querer queriendo, sobre el asunto de las encuestas y regresando al tema que nos ocupa, el dato de la  impresionante exigencia del mexicano en su calidad de consumidor llamó poderosamente mi atención, en primer lugar porque tenía la falsa impresión de que éramos más bien conformistas y dejados, agachones, pues.  La segunda es porque no encuentro razón alguna para no aplicar estos niveles de exigencia a los terrenos de la política y de la administración pública, sea esta municipal, estatal o federal.

ALGUNOS BOTONES DE MUESTRA.

Por citar un ejemplo, no veo porqué los damnificados por las inundaciones, que casi siempre son los mismos, año tras año, no han puesto un hasta aquí  y puéstose a revisar qué es lo que está pasando con las multimillonarias participaciones de fondos federales que, también año tras año, se les asignan a los estados y municipios para, entre otras tantas cosas, crear infraestructura que evite tales desgracias. Tampoco comprendo, por citar otro ejemplo, aunque en el mismo sentido, porqué el pueblo de Coahuila no le cobró muy cara la factura al Partido Revolucionario Institucional (PRI) y a sus candidatos encabezados por Enrique Peña Nieto (EPN) en las recientes elecciones del descomunal, injustificado y por supuesto ilegal, sobre endeudamiento, con la friolera de 36 mil millones de pesos que el hermano del actual gobernador del estado y expresidente del PRI, Humberto Moreira, les endigó sin haber rendido cuentas a nadie hasta el momento sobre los destinos de tan abultada fortuna.

 Por supuesto tampoco comprendo el que muchos millones de mexicanos crean ciegamente en la supuesta “honestidad” personal, política y de grupo del señor López Obrador cuando estás rodeado un nutrido grupo de corruptos y sinvergüenzas que a su nombre y representación y bajo su eficaz cobijo y protección lo mismo salen con maletines repletos de billetes de cien dólares, y hasta las ligas se llevan  de las oficinas de un empresario no menos corrupto y despreciable que estos y amante de otra notable perredista, ex jefa del Gobierno del Distrito Federal por el PRD.  Eso sin contar con los grupos que igual bajo las siglas y colores del PRD se dedican a despojar a las personas de sus propiedades y a invadir predios bajo pomposas, y también mugrosas, mantas que rezan: “Predio gestionado por Asamblea de Barrios” u otras similares. ¡Por cierto!  El tabasqueño “encapsuló” las cuentas de los llamados “segundos pisos del Periférico”, la onerosa e inservible “ciclopista” y algunas otras cosillas más.  ¿Qué diablos está pasando?

¿Porqué el campo mexicano tuvo que sufrir los devastadores  embates de las brutales sequías? ¿Qué pasó con las presas existentes y las que se debieron de haber construido? ¿Porqué no contamos con modernos sistemas de riego? ¿Es que acaso no hay autoridad alguna que pueda obligar a los gobernadores de los estados sobre el destino de estos multimillonarios recursos?

¿En dónde está pues el carácter exigente del mexicano?  ¿Somos realmente  exigentes? O más bien somos indolentes, conformistas y dejados por vocación y decisión propias.

 





Etiquetas:   Políticas Sociales   ·   Sociedad

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