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El Ejército en campaña contra el frío


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07/07/2012


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Cuando 14 personas en situación de calle mueren de frío, cuando los hospitales y postas de urgencia colapsan por el aumento de pacientes afectados por problemas respiratorios, el gobierno toma una sana medida: instalar hospitales de campaña de las FFAA y organizar albergues para que la gente que vive en la indigencia pueda resguardarse en este frío invierno. Nadie ha rasgado vestiduras, se ha sentido como una medida racional y republicana. Con los recursos de la Defensa Nacional se refuerza la protección a las personas y es algo que parece lógico, a no ser de los precedentes que han rodeado esta decisión.


Chile parece haber aprendido de las torpezas y desaguisados del 27 de febrero de 2010, cuando por apreciaciones ideológicas dogmáticas, el gobierno de Michelle Bachelet demoró 36 horas en nombrar los Jefes de Plaza y sacar a los militares a la calle para hacerse cargo de la seguridad de las personas. En la retina ciudadana permanecen los saqueos televisados, los pobladores organizados en piquetes para defender sus poblaciones de los delincuentes. Y cuando se puso mano dura, no faltaron los que salieron al baile reclamando por los derechos humanos de esos vándalos y saqueadores. Eso es Chile, pero al parecer la sensatez arriba y los prejuicios del pasado comienzan a desaparecer. Mientras esos albergues y esos hospitales de campaña sirvan para aliviar a una persona desamparada y en situación de vulnerabilidad, la acción es merecedora de una aprobación unánime.

Han pasado 40 años casi del golpe militar, los protagonistas están octogenarios y la mayoría ya ha fallecido. Chile no debe olvidar, pero debe también entender que pasado ese tiempo, lo que se quiera seguir argumentando en pro o en contra del golpe contra la institución democrática, es algo que quedará para el juicio histórico, episodios dolorosos y lejanos para los jóvenes de hoy, que nacieron después de recuperada la democracia, la transición y sus muchos defectos; hijos de las generaciones que  son producto de las épicas luchas por la recuperación democrática. La vuelta a la doctrina de un Ejército Profesional y No Deliberante, respetuoso del orden institucional es hoy un hecho de la causa. Ahora bien, si esa institucionalidad mantiene el sesgo autoritario y centralista que implantó una Constitución ilegítima, es un problema de la actual ciudadanía cambiarla, pero ya se percibe que las Fuerzas Armadas no son ya los pretorianos de ese orden   heredado del régimen militar, sino un brazo necesario del aparato público que debe cuidar a la Nación  y el Territorio de las amenazas externas.

Recuerdo los abrazos que en las celebraciones del NO el año 1988 se daban los pobladores y estudiantes con los carabineros, en señales de reencuentro, de un nuevo comienzo. Ahora, al ver a los conscriptos desplegando sus carpas y la gente encontrando atención de emergencia en forma digna, uno no puede dejar de alegrarse, porque vientos de racionalidad republicana van aislando las visiones dogmáticas y por esa vía es factible sentarse a conversar de los cambios que requiere el sistema para sacar al país de una dialéctica confrontacional.

Quizá resulte exagerado extrapolar consecuencias políticas de una situación coyuntural, pero la decisión del gobierno ha sido acertada y no se ha levantado en su contra la crítica ácida de los contradictores. Por eso, como de pequeñas señales se nutre la historia, no es loco pensar en que se puedan abrir negociaciones racionales que encaminen ideas fuerza para un gran acuerdo social; para un país sin miseria; para refundar la democracia con la legitimidad de las nuevas mayorías y de los liderazgos que asoman en medio de las movilizaciones, batucadas y discursos. Espacio de refresco para nuevos actores de la política chilena. Vientos de cambio positivos, para hacer de Chile un país más justo y más seguro.



Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz,  7 de julio de 2012.

 

 

 



Etiquetas:   Defensa   ·   Política   ·   Democracia

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