La ciencia, la condición humana y algo de México

 

. No digo nada nuevo, el tema y nuestros temores son tan añejos como la civilización.

 

El imaginario colectivo (sobre todo religioso) sigue viendo a la ciencia como nociva, atribuyéndole la invención de las armas que han servido para matar hombres. Sin embargo esta noción tiene que ver más con la condición humana y su vocación autodestructiva. Lo ocurrido en Hiroshima por ejemplo con la bomba atómica, solamente se diferencia por haber tenido un carácter masivo (ahí, una llamarada que duró escasos segundos mató a 40 mil seres humanos).

 

Entonces, nada nuevo ocurrió, salvo que alteramos la escala de nuestra indiferencia hacia los hombres. La desolación que generó la bomba y las ruinas de la civilización formularon la pregunta: ¿ciencia para qué?

 

Los humanistas dicen que los científicos tienen la culpa, ya que, ningún letrado ha fabricado una bomba. Con igual desprecio, los científicos dicen que los intelectuales, ¿qué hacen para ayudar directamente a la sociedad? Esta división hace que el grueso de la gente se convenza de que es buena persona dado que su profesión, no hace daño a nadie, aunque tampoco el menor bien. Ser complaciente con la mediocridad es una tendencia colectiva pero pensar y crear es una meta humana. 

 

 

Por lo tanto no hay razón alguna para limitar la práctica de la ciencia, el pensamiento o el arte como lo pretenden los gobiernos. En la ciencia abundan, ciertamente, las invenciones útiles, y las teorías científicas son concebidas, por hombres cuya imaginación queda orientada hacia la utilidad de su época; Tomás Alva Edison buscó la electricidad porque no había luz en su tiempo. Los descubrimientos de la ciencia y las obras de arte son exploraciones que toda sociedad se deben permitir.

 

La ciencia, como el arte, no es una copia de la naturaleza, es una recreación de la misma. En el acto del descubrimiento, del poema o del teorema, rehacemos la naturaleza. Son revelaciones de la vida. En conclusión, tanto el arte como la ciencia son por excelencia elementos civilizadores.

 

El descubridor o el artista nos ofrecen dos aspectos de la naturaleza, y los funden en uno. Esto es el acto creador, en el que nace un pensamiento original. Si el grueso de los mexicanos se concibiera como estos descubridores o artistas, la nación se construiría de otra forma y no estaríamos tan preocupados de quien gobierna sino de cómo dirigiremos ese gobierno.   

 

UNETE



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