“Un sencillo vestido negro”, Mariann Larsen

“Un sencillo vestido negro es un libro que crea su propio interés, el interés del lector artesanalmente convocado por la poesía y por la vida. Sus páginas apelan a todos los sentidos: al de la vista, singularmente, pero el oído, el olfato y aun el tacto también son convocados. Los sentidos llegan a estas páginas porque acaso se echen de menos en la vida urbana del siglo XXI, fuera de las páginas de este libro. Su ausencia no es dramática, pero tal vez ésta denuncie cierta aspereza de la vida cotidiana en la que apenas hay momentos para una conversación apacible, para disfrutar de la música, de un perfume, de un recuerdo, de una imagen, de la amistad o de la lectura, de los recuerdos y de las ilusiones. El libro proviene de un modo reconciliado consigo mismo, en el que el tiempo no es sólo la medida de su rentabilidad; un mundo en el que el entendimiento no es sólo un envoltorio de las cosas y de las personas, sino el aire en el que éstas se bañan”.

 

. Sus páginas apelan a todos los sentidos: al de la vista, singularmente, pero el oído, el olfato y aun el tacto también son convocados. Los sentidos llegan a estas páginas porque acaso se echen de menos en la vida urbana del siglo XXI, fuera de las páginas de este libro. Su ausencia no es dramática, pero tal vez ésta denuncie cierta aspereza de la vida cotidiana en la que apenas hay momentos para una conversación apacible, para disfrutar de la música, de un perfume, de un recuerdo, de una imagen, de la amistad o de la lectura, de los recuerdos y de las ilusiones. El libro proviene de un modo reconciliado consigo mismo, en el que el tiempo no es sólo la medida de su rentabilidad; un mundo en el que el entendimiento no es sólo un envoltorio de las cosas y de las personas, sino el aire en el que éstas se bañan”.
Con estas palabras nos describe Dámaso López García este delicado y sensitivo libro de Mariann Larsen.

 A estas sentidas observaciones podemos unir lo que José Jiménez Lozano  destaca en su presntación del mismo: “Y cierto es también que, al final del libro, la sensación que se tiene es la de que nos han dado muchas hermosuras, incluso como en pequeñas simientes mágicas, como cuando nos da noticia escueta de los “nombres aromáticos de una secreta geografía impresos en cartoncitos que nadie leía” o habiéndosenos nombrado igualmente “Memphis y Tebas o Abukir y Alejandría”. Por allá dentro de nosotros, puede suceder que, como los pájaros, recorramos esas y todas las otras geografías, breves e intensas, como de ínsulas y otros territorios fascinantes y extraños, encontrados”.

UNETE



Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

  • linkedin facebook twitter
  • ©reeditor.com
  • Todos los derechos reservados
  • Avisos Legales