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Santiago de fiesta...


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04/07/2012


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Ya arrancó la edición 32 del Festival del Caribe, uno de los pocos eventos que han logrado sortear la estrategia de concentrar actividades de este y otro tipo en la capital del país, con el supuesto ánimo de “ahorrar recursos”.


Afortunadamente el Festival salió “ileso” a esa política que le bajó los rangos al Festival de Coros y al ahora denominado Encuentro de Trovadores, entre otros cadáveres insepultos de eventos culturales que han visto cerrados sus espacios o, en el mejor de los casos, permutados sus escenarios hacia predios capitalinos.

Ya se adueña de barrios, teatros, plazas, cines y cuanto escenario sea propicio, toda la tradición cultural caribeña y confunde en esta ocasión sus trajines con los preparativos del Carnaval santiaguero.

Así, Caribe y Carnaval (¿acaso son elementos diferentes?) marcarán los derroteros de una ciudad que une a los movimientos sísmicos que la marcan desde su gestación, los de una idiosincrasia fiestera por naturaleza (aunque algunos seamos más reacios que otros para mover los pies).

Una buena demostración de lo que significa el Festival la ciudad pudo vivirse anoche en el céntrico parque Céspedes, durante una de las primeras actividades de la Fiesta del Fuego. Cientos de personas fueron colmando espacios para disfrutar (a su propio estilo y desde sus propias intenciones) de un evento multicultural como pocos de los que se celebran año tras años en esta urbe.

Claro que el no todos dan loas a estas jornadas. Para muchos este mes de julio se convierte en un verdadero dolor de cabeza, que anuncia sus primeras molestias bien temprano, mucho antes de que los primeros golpes sean dados al cuero del tambor.

Desvíos del transporte urbano, el ruido estridente de la sierra eléctrica que alista los tablones para las tarimas, el ensayo de las diferentes congas y comparsas; ahogan a la ciudad en nuevos maremagnos de sonidos que a no pocos hacen clamar por el fin de la fiesta aún sin esta haber empezado.

Pero así es la vida, esos que en las previas (y aún durante el clímax de las celebraciones) reclaman y arremeten contra bullicios, quizás son los primeros en mover los pies tras la primera conga que se anuncie con el grito de una corneta china.

Nota: esta columna también está publicada en Santiago en mi.



Etiquetas:   Santiago de Cuba   ·   Cultura   ·   Crónica

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