La gran derrota de los medios de comunicación y sus encuestadoras
Confesiones.
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La gran derrota de
los medios y sus encuestadoras.
Habría quien puede decir que perdiendo se gana o viceversa,
según sea el caso y las condiciones por supuesto, en esta oportunidad en que
nos referimos a la participación de algunos medios de comunicación en
especifico y las empresas encuestadoras que contrataron para el seguimiento de
la campaña presidencial, ganaron perdiendo.
Evidentemente en este análisis destacan las empresas Televisa
y Grupo Milenio, entre tantas otras de cobertura nacional y local y las
empresas Consulta Mitofsky y GEA/ISA, a las que las primeras contrataron para
el manejo del levantamiento de preferencias.
Como antecedente, habría que decir que el periodista y
analista Leo Zuckerman, publico a mediados del desarrollo del proceso electoral
un estudio muy completo, mediante el cual matemáticamente establece que ninguna
de las empresas de este ramo en México, podían presumir de haber atinado
siempre en sus pronósticos.
También que desde el inicio del proceso muy diversos
sectores sociales comenzaron a dudar de la seriedad de la presentación de las
cifras, pero sobre todo del manejo que las empresas de medios de comunicación
llevaban a cabo para tratar de influir con ellas.
No había duda de que Enrique Peña Nieto comenzó la campaña
encabezando las preferencias, lo que se ponía en entredicho eran los márgenes a
su favor que se reportaban.
Sobre todo cuando en el transcurso del proceso sucedían
acontecimientos que indudablemente tendrían que reportar efectos y variaciones
en las mediciones, a favor o en contra de los cuatro aspirantes presidenciales
y las encuestas se mantenían sin cambio.
En simultaneo a estos aspectos, los conductores y analistas
políticos de estos medios, claramente y sin el menor recato se dieron a la
tarea de tratar de influir en la opinión del electorado abiertamente a favor
del candidato del Partido Revolucionario Institucional.
Como bien podremos recordar estas actitudes promovieron una
molestia mayúscula en varios grupos sociales, principalmente de jóvenes
estudiantes, que incluso se manifestaron masivamente en las instalaciones de
Televisa y TV Azteca, en contra de la manipulación informativa.
Esto provoco que el tono y la actitud de comunicadores y
propietarios cambiaran a efecto de retomar una suerte de imparcialidad y
pluralidad que a esas alturas ya no resulto creíble.
En resumen tanto consulta Mitofsky como GEA/ISA pronosticaron
que la ventaja de Peña Nieto, en este caso sobre Andrés Manuel López Obrador,
su más cercano perseguidor era al menos de dos dígitos y que en promedio le
daría un triunfo al primero sobre el orden de los diez y ocho a los veinte
puntos.
Al cierre de la contabilidad de los votos ese margen se
convirtió en solamente seis punto cinco puntos porcentuales, lo que confirma la
manipulación y la intención de asumir las encuestas como un objeto
propagandístico.
Entretanto surgió la encuesta realizada por el observatorio
ciudadano de la UNAM, con el respaldo técnico de Berumen y asociados, propiedad
del Dr. Edmundo Berumen, quien es y por mucho el encuestador mexicano más
prestigiado y reconocido a nivel internacional.
Durante mi paso por la Secretaria de Gobernación, tuve la
ocasión de conocer, tratar y trabajar con Edmundo Berumen, relación que
continuo después cuando tuve oportunidad de dirigir una empresa de monitoreo de
medios, Edmundo Berumen es un científico de primera línea, un profesional.
Esta medición señalaba en un rango de máximos y mínimos una
diferencia entre Peña Nieto y López Obrador de aproximadamente entre cuatro y
ocho puntos, como finalmente termino por suceder.
Ahora bien el resultado del trabajo del Dr. Berumen no fue
producto de la suerte, vamos no le atino, simple y llanamente fue el fruto del
levantamiento más serio y robusto posible en esas condiciones, pero sobre todo
realizado sin ninguna tendencia.
Recordemos como Ciro Gómez Leyva, quizá el periodista que más
evidente hizo su oficiosidad y servilismo, trato con soberbia incluso de
descalificar a Edmundo Berumen, recibiendo el rechazo de todos sus compañeros,
incluso hasta de aquellos que como él, evidentemente tenían una instrucción
superior para utilizar sus espacios para favorecer una causa.
Ahora toda vez que la elección ha concluido y que Enrique
Peña Nieto la gano como se esperaba, pero obviamente no con los puntos que
estos medios trataron de establecer como un dogma, Gómez Leyva se desmarca de
GEA/ISA, cuando antes la defendía con uñas y dientes, pide disculpas en su
columna y anuncia que Milenio nunca más las volverá a usar, un reconocimiento
no del error, sino de la intención.
La diferencia del resultado final real y los pronósticos de
las encuestadoras señalan diferencias en promedio de diez puntos en general,
aun y que le atinaron al ganador, los márgenes son abismales y eso pone en
entredicho, su seriedad y eficiencia.
Lo que las empresas de medios y las encuestadoras perdieron
en esta elección, mas allá de los beneficios económicos que pudieron negociar
por concepto publicitario en la campaña, es precisamente lo más preciado de su esencia,
la credibilidad.
La respuesta de las encuestadoras es que no hicieron trampa,
que se apegaron a la metodología y que en todo caso la gente les contestaba con
engaños, lo que ahonda el problema, porque si los encuestados les mienten y no
creen en ellas, entonces no sirven realmente para nada.
Con mucha antelación en este espacio advertimos que la
manipulación de los datos obedecía a una estrategia propagandística, de hecho
comentamos como Roy Campos de Consulta Mitofsky, preparaba el terreno,
curándose en salud, señalando los altos rangos de indecisos y volátiles, sin
embargo aun así continuo utilizando las mediciones como elemento mercadotécnico.
El binomio medios-encuestadoras gano si se considera que se
la jugaron con el triunfador y que eso les ha de ver reportado, grandes
ganancias económicas, pero perdieron porque al desviarse por completo de su
compromiso con la imparcialidad y la objetividad ponen en grave riesgo su
futuro.
Nos queda perfectamente claro que a través de este ejercicio
se ejerce una suerte de influencia en la opinión pública, sin embargo si esta
se tergiversa pierde cualquier posibilidad de tener efecto.
Porque de lo que se trata es de ofrecer información y
análisis objetivos para que sea el público quien discrimine esos datos y se
cree un juicio propio y personal, no se puede en ello manifestar una
preferencia personal porque eso va en contra precisamente de la intención.
En México las encuestadoras dejaron de ser respetadas, su
función incluso está perdiendo rápidamente la importancia y la magnitud que
deberían tener, como sucede en casi todos los demás países en donde se
utilizan.
Al permitir que los medios de comunicación las manejen de
acuerdo a sus intereses, probablemente hayan ganado dinero, pero tal vez eso ya
no será así por mucho tiempo.
En el caso de los medios de comunicación que se prestaron a
la manipulación el asunto es todavía mucho peor, ellos tienen que enfrentar a
la opinión pública cotidianamente y ya no cuentan con la calidad moral
suficiente para hacerlo, por ende se quedan sin influencia real alguna.
A nivel local en nuestro estado, la situación es muy
similar, incluso aun después de los resultados, algunos medios continúan
tratando de administrar la información, aun y cuando esta no es real y los
acontecimientos están consumados.
Varios de esos medios se lanzaron en contra del candidato de
las izquierdas sin objetividad, crearon un efecto contrario y en cierta medida
también son responsables del resultado.
Seguramente sus propietarios y directivos pensaron que la
estrategia le traería beneficios al candidato de su predilección, pero la
realidad fue otra, incluso porque sus posturas terminaron por perjudicarlo
cuando no había necesidad alguna para ello.
Fueron los medios los que fomentaron de alguna manera cierta
animadversión contra el candidato priista, sin que este hubiera hecho nada para
ganársela, lejos de protegerlo lo enfrentaron a una agenda que no estaba
contemplada en sus planes, pero que finalmente tuvo que resolver.
Hay quienes han dicho que derivado de esto es necesario
democratizar a los medios de comunicación, lo que resulta un contra sentido,
simplemente porque es el lector, el oyente y el escucha, quien se encarga de
eso.
Hoy la sociedad cuenta con muy diversas herramientas de
información, acceso a muchas fuentes, no hay necesidad pues de implantar un
esquema de censuras, simple y sencillamente respetar las reglas establecidas de
forma y de fondo.
Se trata de respetar y no de intentar manipular porque eso
se hace muy evidente y es lo que provoca el rechazo, como ya quedo de
manifiesto con toda claridad.
Estos medios de comunicación y estas encuestadoras, son las
que salieron perdiendo no con el resultado mismo de la elección, sino por su
decisión de intentar convertirse en protagonistas de un proceso, del cual en
todo caso tendrían que haber sido garantes en función de su objetivo y
compromiso con la sociedad.
guillermovazquez991@msn.com
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