Mal día



Hay días en los que sería preferible no salir de casa, so pena de abandonar definitivamente una supuesta cordura.

 


Días en los que es mejor ni hablar y mucho menos escribir: en el primero de los casos el viento cómplice puede desmentir lo dicho, en el segundo suele no haber vuelta atrás.

Hoy es uno de esos. Yo, sin embargo, me he visto obligado a ignorar todas las precauciones posibles: he salido, y poco ha faltado para “perder la cabeza”; he hablado (¡incluso tuve que brindar un consejo!) y ahora escribo, aunque sea para espantar fantasmas y pesimismos.