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Carondelet, un personaje y un punto en la selva esmeraldeña.


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02/07/2012

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A raíz de conocer por dentro hace algunos años el Palacio de Carondelet en Quito, nació la inquietud de saber quién fue este personaje y todo lo relacionado con el edificio que hoy llama la atención a turistas nacionales y extranjeros, porque es la sede del Gobierno Nacional y porque ha sido escenario de múltiples eventos y acontecimientos a lo largo de la historia. Y así, buscando las huellas de esa historia encontramos en el mapa un punto en la selva. Al principio sólo sabíamos que estaba en Esmeraldas junto a un río y la línea férrea, hasta que llegó el día en que nos hemos paseado por las calles de ese pueblito de gente de raza negra, con la compañía de Nixon Mina, presidente de la Junta Parroquial, a quien conocimos horas antes en un evento cultural. Increíble la experiencia. El río que corre junto al pueblo se llama Bogotá y el tren ya no pasa porque están rehabilitando la vía.

Caballero de la Orden de Malta y Mariscal de Campo

En Carondelet poco saben sobre su patrono y solicitan nuestro apoyo para la conformación de un Club de Comunicación que aporte para la formación intelectual de los adolescentes del lugar. Para el conocimiento de todos, nuestro Palacio de Gobierno lleva el nombre del ilustre Luis Francisco Héctor, Barón de Carondelet, presidente de la Real Audiencia de Quito en 1799, fue quizás el mejor administrador en todos los aspectos; en ese tiempo ya pensó en el camino hacia Esmeraldas, proyecto concebido por el sabio riobambeño Pedro Vicente Maldonado. Carondelet nació en  Noyelles-sur-Selle, en la región de Flandes, al sur de Francia en 1748. Muy joven ingresó al servicio militar español como miembro de la guardia real participando en 1.775 en la expedición de Argel. En 1.783 fue Jefe de la IV División que viajó a Norteamérica y puso sitio al Castillo de Pensacola en Florida, en poder de los ingleses desde hacía 20 años. En 1.787 regresó a España con el grado de Coronel de Infantería y Caballero de la Orden de Malta. En 1789, fue nombrado intendente de San Salvador, reorganizó las milicias, protegió a los consumidores regulando los pesos y medidas y creó impuestos para los extranjeros con el fin de construir caminos y cárceles; estableció escuelas primarias y de artesanías. Entonces fue ascendido a Mariscal de Campo y el Rey Carlos IV de España lo nombró Gobernador de la Luisiana y de la Florida Occidental de 1791 a 1797. Tuvo el propósito de frustrar la política de los Estados Unidos negándole el acceso al río Misisipi.

Reconstruyó el palacio que leva su nombre

En diciembre de 1.798 llegó a Manta en compañía de su esposa, dos hijos, varios acompañantes y sirvientes. Pasó a Guayaquil, partió a la sierra y se encontró en Ambato con su antecesor Luis Muñoz de Guzmán que bajaba a Lima. Allí se informó sobre el estado de pobreza y ruina originado por el terremoto de 1.797, que asoló la zona central de la sierra destruyendo a la antigua Riobamba. El 3 de febrero de 1799 tomó posesión de la Presidencia de la Real Audiencia de Quito, cargo que ejerció hasta su muerte en 1807. En Quito hizo varias obras, como la reedificación del viejo Palacio Real, sede de los presidentes de la Audiencia, que encargó al arquitecto español Antonio García en 1801, o sea el actual Palacio de Carondelet; la remodelación del acceso principal de la Catedral Metropolitana de Quito y la construcción de su  cúpula; se preocupó de la apertura del camino a Malbucho que uniría Quito con Esmeraldas a través de la selva; este camino habilitó el comercio de toda una extensa región, permitiendo la fundación de un tambo en La Tola.

Comedido, moderado, nunca altanero ni arbitrario

Igual interés demostró en mejorar el camino a Guayaquil por Guaranda, Zapotal, Ventanas y Montalvo, que denominó "Camino Real", después fue conocido como la Vía Flores, hoy se encuentra casi abandonada, pues ha sido reemplazada por otra, pero sirvió para más tarde construir el ferrocarril. En el ámbito universitario Carondelet es historia aparte, para mejor el sistema de la época, como muy pocos mandatarios lo han hecho. El 8 de julio de 1.807 Carondelet se dirigió a inspeccionar el camino del mar, pero el 17 volvió enfermo por una dolencia en una pierna; viajó a la quinta de su amigo Juan Pío Montúfar en el valle de los Chillos, medicinándose con sus aguas; estaba aquejado de un dolor al hígado y como se sintió peor hizo testamento declarando por hijos a Luis y María Felipa, menores de edad. De regreso a Quito se le agravaron las dolencias y murió repentinamente el 10 de Agosto de 1.807 a los 59 años de edad; lo enterraron en la bóveda de los canónigos en la Catedral. Fue "Alto de cuerpo, sonrosado, enjuto de carnes, la cabellera cana". Su biografía ha sido publicada por Carlos Manuel Larrea. Comedido y moderado no usó nunca de la altanería y arbitrariedad tan del agrado de los funcionarios. Hombre culto y progresista, ayudó a Caldas y a Mejía, es decir, de entre todos los personajes de la colonia, quizás fue el mejor.

“Mi mejor encanto / Yo se lo dedico a la mujer del campo”

El pueblo de Carondelet es hermoso y tranquilo, se encuentra a una hora y cuarto de San Lorenzo o de Esmeraldas, tiene algunos adelantos, como calles pavimentadas, un colegio llamado “Barón de Carondelet”, un río de caudal regular, afluente del Mataje, con el nombre de la capital colombiana, como para bañarse a gusto y a cualquier hora y para lavar la ropa. Nixon me acompaña por sus calles, saludamos con la gente, pero antes les dice algo a sus paisanos y paisanas, sonríen generosamente, les tomo fotos y ellas cuchichean, seguramente dicen algo de este forastero. Una mujer me pregunta, ¿va ha venir siempre? Seguro, les digo. ¿Y cuándo? En un par de semanas, les ofrezco. ¿Quién eres tú? Me dice una negra de ojos vivaces y dientes muy blancos. Cuando vuelva te lo cuento, expreso. Carondelet acaba de cumplir 208 años de fundación, “es tierra de leyendas y mitos ancestrales, dueña de una cultura envidiable, con un desarrollo poblacional que crece cada día”, dice una publicación realizada por ellos. Y añade Nixon en su mensaje: “Que Yemaya (el océano, la esencia de la maternidad y protectora de los recién nacidos), Chango, Orula (la sabiduría, la inteligencia, la picardía y la astucia que se sobreponen al mal) y Ogún nos colme de bendiciones y sabiduría”, y con hermosa poesía concluye: “Mis mejores días / Mi mejor encanto / Yo se lo dedico a la mujer del campo / La que siembra amor con los pies descalzos / Y sus labios saben a piña y a mango…” ¿Qué bonito verdad…?

Antes esclavos, hoy libres como el viento

El pequeño pueblo de Carondelet que lo recorro muestra algunas obras: pavimento de las calles, modernas oficinas del Gobierno Parroquial, un malecón escénico, un puente peatonal, calles con nombres de Bolívar y Sucre, viseras en las paradas de bus, el grupo de danza “La Caña”, grupo de marimba, fachada del colegio pintada por militares, el “Centro Cultural Carondelet”, y otras, pero le hacen falta aulas al colegio y otras obras que esa hermosa gente de raza negra ---con sus manos, herencia ancestral de esclavos venidos del África hace centurias, hoy libres como el viento— ayuda a construirlas.  Ahora, nuestra palabra está empeñada. Vamos a trabajar en lo que sabemos, enseñando a los jóvenes, sobre el uso y don supremo de la palabra. Por supuesto todavía quedan de este pueblo muchas cosas qué contar, y para ello volveremos.

 

César Pinos Espinoza

cesarpinose@hotmail.com

www.proyectoclubesdecomunicacion.blogspot.com

 

 

 



Etiquetas:   Historia de Edad Moderna   ·   Medio Ambiente

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