Cuando empecé a estudiar Periodismo, todavía se utilizaban los cíceros como medida tipográfica para diseñar un periódico y en las redacciones había un cuarto repleto de impresoras ensordecedoras, que no paraban de escupir teletipos fechados en lugares que sonaban demasiado lejanos. Hablamos de la prehistoria, claro. De hace “sólo” veinte años. Todavía recuerdo cuando por primera vez me explicaron qué era Internet: una idea imprecisa de algo que hacía que mi ordenador (mi primer ordenador en mi primer trabajo) pudiera enviar y recibir información de otros ordenadores… ¡¡¡de cualquier parte del mundo!!! Vamos, hombre…




