. En la Argentina si no tenés
los pies sobre la tierra, si no comprobás que tus pies pisan tierra firme, que
se manchan, te pasan por encima. Gajes de la actualidad reciente, el gobierno
de Cristina Fernández por un lado; la
CGT y Camioneros con Hugo Moyano por otro. Hace tan poco se
querían y juraban amor eterno, cual telenovela en horario central. Cómo
olvidarse de los APDV con Cristina, que titulaba Julio Piumato en Twitter, que
Facundo Moyano es diputado por el Frente para la Victoria (por ahora), que
Moyano era ovacionado en la tribuna de 6,7,8, que era una mixtura irrompible y
tantas cosas más. No, no. La ecuación se modificó y el resultado es negativo
para ambas partes. Lo que antes fue dicha y beneficios paralelos, ahora se
reniega, el desdén presente, tan visceral, tan soberbias de un lado y tan “caza
zurdos”, del otro. Néstor y Hugo se retroalimentaron, crecieron, apuntados en
un poder que parecía no resquebrajarse, una sociedad política fructífera, que
les dio protagonismo y un poder a priori eterno. Eterno, en la contextura
argentina, valga aclarar en que cualquier desperfecto político, mínimo, puede
hacer caer cualquier estructura. Eterno, en ese marco de fragilidad.
La muerte de Néstor cambió los planes.
Los ojos de Cristina nunca fueron complacientes con Moyano, aguantó y aguantó
hasta que el 54% golpeó la puerta. Ahí, liberada por ese apoyo popular empezó
el operativo derrumbe. Tenue, pero consistente en el tiempo. Como una erosión,
como las olas que golpean las rocas, Cristina fue, fue y fue, despacio pero con
el objetivo fijo, ése instinto político tan característico de ella, que aflora
en su verba, inflamada e irónica al límite en los últimos días. Lo sabe a Moyano
entre las cuerdas y hasta que el juez no cuente hasta 10 no va a parar. Ya en
las listas para octubre, la presencia del sindicalismo fue menor a la esperaba,
un primer aviso. Luego, el vacío. Después, el destrato. El mínimo no imponible
para las ganancias es el tema del momento. Pero el tema es otro. Es una
vocación de poder dentro de la CGT,
con algunos integrantes a la espera que CFK le dé el golpe de gracia definitivo
a Moyano. Y ellos, ayudando, desde las sombras, para la caída final. Peronismo,
ni más ni menos.
La política y los medios en la Argentina siguen una
lógica desbordada de panquequismo. Aquél “negro” que trababa con sus camiones
las salidas de Clarín y La
Nación, ahora es bendecido con la magnitud de un mesías que
se aproximó a la tierra. El paro de ayer salió desde los estudios de TN y la
relación Bonelli – Moyano es digna de analizar para cualquier especialista de la Psicología. De ser
“negro”, pasó a ser una especie de Brad Pitt en “Troya”. Ay, periodismo. En el
otro bando, Moyano entró en el escenario de la “Corpo”, y el héroe de antes se
convirtió en un villano, en un traidor, en un enemigo. Y ya que estamos lo
metemos a Scioli en el medio en esta conspiración masiva, más cercana a un
thriller clase C, berreta. Scioli, a otro que le tiraron las orejas desde el
atril presidencial por “no saber gestionar”. Ya habrá mucha tinta a futuro con
ese tema. Y uno en el medio, en el entrecruzamientos de mensajes, que van,
vienen, que cambian de sentido tan opuestamente. No nos hacemos los sorprendidos,
ni mucho menos, solamente advertir al lector que se refuerce las clavijas
porque en este tren, tan pero tan loco que se llama Argentina, todo puede
pasar.