. Un nanómetro es un milímetro dividido un millón de
veces o el grosor de un cabello humano dividido por cien mil. Es la ingeniería
molecular que permite cambiar las propiedades de los materiales, medir
porciones de ADN, cambiar de color las superficies y, en fin, manipular las
sustancias a la escala de unos cuantos átomos donde radica el carácter, las
propiedades y la naturaleza misma del material.
Su
zona de impacto incluye la ingeniería genética, la salud, los productos
farmacéuticos, el medio ambiente, la alimentación, los cosméticos, la
generación de energía, las comunicaciones y, claro está, la industria
armamentista.
En
el campo de la salud se puede llegar a fármacos de liberación controlada, esto
es, se cubre la medicina con materiales nanométricos que permiten su difusión
de manera sostenida de manera prolongada, siendo el ejemplo más elocuente el de
la insulina para que su efecto dure más tiempo sin necesidad de aplicar nuevas
dosis o el envío de los fármacos a un blanco específico donde se quiere obtener
el resultado positivo o el diagnóstico temprano de enfermedades como el cáncer
cuando esté aún reducido a unas pocas moléculas enfermas.
En
el campo de la energía se pueden lograr materiales capaces de almacenarla de
manera estable o la fabricación de celdas solares de alta eficiencia o la
separación del agua en hidrógeno en y oxígeno para generar energía limpia o la
creación de líneas de transmisión eléctrica de capacidades gigantescas.
En
el medio ambiente se pueden lograr nanomembranas para la limpieza del agua,
medios para reducir la contaminación ambiental o para reducir los efectos de
catástrofes de contaminación o la erradicación de contaminantes químicos en el
suelo o el uso de nanosensores para monitorear la calidad de los suelos y la
salud de las plantas o para lograr vacunas para el ganado o para almacenar
alimentos sin fuentes de energía.
Tendremos
computadoras más rápidas y más pequeñas, como ya lo percibimos en las
constantes ofertas y las mujeres ya reciben las ofertas de cosméticos basados
en partículas nanométricas,tales como cremas para la piel, bronceadores o
acondicionadores para el cabello.
El
camuflaje será recurso fundamental en los conflictos, con telas que cambian de
color, con chalecos antibalas más poderosos, mejores blindados y armas químicas
y nucleares de nueva generación.
Entre
los problemas consecuentes del desarrollo nanotecnológico se mencionan el
agrandamiento de la brecha entre el primer mundo y los países pobres, hacer
prescindibles grandes áreas geográficas y en consecuencia también muchos
recursos naturales que los países del tercer mundo producen. La UNESCO ya ha
advertido de esta brecha, no sin señalar que los importadores exigirán el
cumplimiento de ciertas exigencias técnicas no cumplibles por los exportadores
atrasados tecnológicamente. Y, por supuesto, aflora lo que hemos venido
mencionando sobre el comportamiento ético dominado por el afán de ganancia
rápida, que puede conllevar a la comercialización de productos nanotecnológicos
de efectos indeseables no estudiados u obviados.
La
nanotecnología molecular ha sido comparada, en capacidad de impacto, con la
revolución industrial. Su presencia conllevará a cambios en el sistema político
y en la organización social, así como en la economía y en el medio ambiente.
Los
organismos que se ocupan de su seguimiento han señalado hasta riesgos
existenciales en su proliferación y han hecho un elenco tanto de sus peligros
como de sus beneficios. Entre los primeros destacan un desequilibrio económico
hasta su potencial uso por criminales o terroristas, desde el riesgo para las
libertades personales o sociales hasta una competencia devastadora entre
programas que rivalizan entre sí. Entre los segundos pueden encontrarse desde
una respuesta a la escasez de agua dada que gran parte de ella se dedica a la
agricultura y los sistemas de producción hasta un abaratamiento total de las
computadoras o la solución a pobreza material y problemas sanitarios. Es
evidente que habría una multiplicidad de nanofábricas con una creación en masa
haciendo aparecer una abrumadora necesidad de reciclaje y mucho menos necesidad
de empleo de trabajadores o de mano de obra calificada. Y como siempre, todo
dependerá de un marco jurídico regulador que controle los potenciales
beneficios y el peligro de los spybots, esto es, la capacidad de vigilancia
extrema sobre todos los habitantes.
La
inteligencia artificial (IA)
Generalmente
se ubica a la Inteligencia Artificial (IA) en el campo de la computación dado
el gran esfuerzo por lograr que un programa se comporte de forma inteligente
sin tomar en cuenta la forma de razonamiento para lograr este objetivo.
Definición genérica a la que se han agregado muchas específicas como la de
crear máquinas capaces de realizar funciones que realizadas por personas
requieren de inteligencia o como lograr que las computadoras realicen tareas
que momentáneamente los humanos hacen mejor o como una rama de la computación
que se ocupa de la automatización de la conducta inteligente o como campo de
estudio enfocado a la explicación y emulación de la conducta inteligente de
procesos computacionales.
En
cualquier caso la IA procura una tecnología capaz de proveer a las computadoras
de capacidades de razonamiento similares a la inteligencia humana y como
investigación relativa a los mecanismos de la inteligencia humana que se emplean en la simulación de validación
de teorías. De allí en adelante se explayan las definiciones y los usos.
Construir
máquinas que puedan ejecutar tareas para las cuales se requiere inteligencia
humana ha implicado una mezcla de computación, fisiología y filosofía y, por
supuesto, robótica. De allí la abundancia de definiciones y el progresivo
enfrentamiento a sus problemas originales: lo computadores no tienen
significados verdaderos y no pueden pensar, no tienen autoconciencia y sólo
pueden hacer aquello para lo cual están programados.
La
computadora ejecuta órdenes y no puede razonar sobre dicha información. El
objetivo es lograr que se adapte al método de razonamiento y comunicación
humanos para que ponga en práctica no sólo los algoritmos que el hombre le
introduzca sino establecer los suyos propios. En pocas palabras, hacer de la
computadora un ser pensante.
Los
robots no son otra cosa que aparatos capaces de realizar tareas propias de los
seres humanos. Los hay industriales que realizan tareas mecánicas y repetitivas
, los llamados de servicio que los proporcionan directamente a los miembros de
la sociedad, los inteligentes que requieren el uso de razonamiento humano y los
humanoides que imitan determinadas peculiaridades del ser humano.
Máquinas
que piensan ya las encontramos por todas partes en los llamados Sistemas
Expertos (SE). Un experto en un tema es aquel que tiene un conocimiento
especializado sobre ese tema. En este campo a este conocimiento se le llama
conocimiento del dominio, entendiendo esta última palabra como énfasis en que
el conocimiento pertenece a un problema específico. Esto es, máquinas razón
ando como lo haría un experto humano (médico, ingeniero, arquitecto,
empresario). Podríamos denominarlos como el esfuerzo por computarizar dominios muy concretos. Es un software que
imita el comportamiento de un experto humano en la solución de un problema.
Pueden almacenar conocimientos de expertos para un campo determinado y
solucionar un problema mediante deducción lógica de conclusiones y que ya se
aplican en empresas y en diversos campos dado la gran cantidad de información
que debe ser manejada. Son el ejemplo de máquinas que piensan como el hombre
restringidas a un espacio de conocimientos limitados. Sus usos van desde
predicción meteorológica, previsión del tráfico, evolución de la Bolsa,
diagnóstico, deducir fallos a partir de sus efectos. diagnóstico médico,
detección de fallos en electrónica, análisis de imágenes, reconocimiento del
habla, inversiones financieras, configurar objetos bajo ciertas
especificaciones, diseño de circuitos, automóviles, edificios, control de
centrales nucleares y factorías químicas, depuración, prescribir remedios para
funcionamientos erróneos, desarrollo de software y circuitos electrónicos,
efectuar lo necesario para hacer una corrección, reparar sistemas informáticos.
Los vemos cada día, hasta cuando llevamos nuestro auto a reparar y es conectado
con una máquina que hace el diagnóstico o cuando en la TV se nos ofrece un
programa para manejar la contabilidad y todo lo relativo a los impuestos de las
empresas.
Muchos
creen que la capacidad de los microchips de un circuito integrado se duplicará
cada dos años y que este crecimiento permitirá que se alcance la capacidad del
cerebro para procesar la información lo que inauguraría la era de las máquinas
ultra inteligentes, definida por tal como la capaz de superar las actividades
intelectuales de cualquier ser humano lo que conllevará a la aparición de
problemas miles de veces más de prisa que la selección natural lo que
significará un presente muy distinto del pasado humano. Es lo que Vernor Vinge
(Un abismo en el cielo, Al final del Arco Iris) define como singularidad.
Vinge
es un autor de ciencia-ficción dura, pero su tesis de la singularidad
tecnológica según la cual la creación de inteligencias artificiales de
capacidades mayores a la humana, que a su vez producirían inteligencias aún
mayores y así sucesivamente, nos coloca en el mismo sitio de la discusión que
hemos abordado de la filosofía transhumanista o del hombre posthumano.
Se
parte así de la base de que la conciencia es codificable o del surgimiento de
una superinteligencia colectiva o de la interconexión entre humanos y
computadoras (prótesis, chips, cyborgs) y finalmente a la intervención de la
bioingienería sobre un hombre mejorado.
La
Web 3.0 debe ser una forma de integración lógica que nos lleve al surgimiento
del llamado cerebro global desde una conciencia y ética, también globales; y no
física como proponen algunos, que sueñan con la fusión entre humanos y
tecnologías, defendida por la ideología transhumanista.
La
aceleración del proceso cibernético ha logrado que un hombre en su vejez viva
en un mundo muy distinto al de su infancia. Una computadora se puede romper
pero sus programas pueden ser traspasados a otra. Leonardo fabricó una máquina
para volar, lo que constituyó un error, pues simplemente trataba de imitar a
los pájaros. Lo que hoy se plantea es no tratar de imitar a la mente sino de
entender los mecanismos que utiliza la mente para tratar de resolver los
problemas. Así, se pudo volar cuando se comprendieron las leyes que permitían
que un aparato volara. Hoy las máquinas procesan tal cantidad de información
que puede alcanzar un nivel de conocimiento hasta llegar a ser una entidad
inteligente.
Lo
que sostiene la cibernética parte de un recordatorio de la evolución desde los
organismos unicelulares hasta el homo sapiens y que las máquinas igualmente
evolucionarán hasta llegar a pensar y que son una nueva forma de la materia
altamente organizada. El asunto está en plantearse si ha terminado la evolución
humana. Algunos ven la tecnología como una ruptura con la lenta evolución
biológica y al siglo XXI como un equivalente a 20 mil años de desarrollo
lineal.
La
especulación está abierta: entidades no biológicas con copias del cerebro
humano, robots microscópicos en el cerebro, seres biológicos con inteligencia
mejorada por el efecto de millones de nanobots enviados a sus cerebros y que
también podrán existir en la realidad virtual. Es la conclusión que asola a
nuestro mundo: la humanidad no es el fin de la evolución sino el principio. Por
supuesto que no faltan los argumentos en contrario: las máquinas jamás serán
capaces de lograr la comprensión, inteligencia y discernimiento auténtico; los
estados mentales sólo pueden ser producidos por un sistema vivo y en función de
las propiedades bioquímicas del cerebro;
nuestra inteligencia no solo consiste en lo que sabemos sino también en
lo que somos; el funcionamiento de los ordenadores es secuencial y el proceso
del pensamiento es continuo por lo que no podemos comunicarnos con ellos porque
no comparten nuestro contexto; las características esenciales de la experiencia
humana no pueden ser captadas por modelos formales del tipo de la IA, porque se
arraigan en la experiencia corporal y en tradiciones sociales sin expresión
verbal; el concepto de sistema simbólico en si es propiamente lingüístico y lo
que los investigadores desarrollan en sus programas es en realidad un modelo de
argumento verbal y no del funcionamiento del cerebro.