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La Nanotecnología


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26/06/2012

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Los objetos pueden ser manipulados átomo a átomo, es la premisa fundamental de lo que llamamos nanotecnología. Un nanómetro es un milímetro dividido un millón de veces o el grosor de un cabello humano dividido por cien mil. Es la ingeniería molecular que permite cambiar las propiedades de los materiales, medir porciones de ADN, cambiar de color las superficies y, en fin, manipular las sustancias a la escala de unos cuantos átomos donde radica el carácter, las propiedades y la naturaleza misma del material.


Su zona de impacto incluye la ingeniería genética, la salud, los productos farmacéuticos, el medio ambiente, la alimentación, los cosméticos, la generación de energía, las comunicaciones y, claro está, la industria armamentista. 

En el campo de la salud se puede llegar a fármacos de liberación controlada, esto es, se cubre la medicina con materiales nanométricos que permiten su difusión de manera sostenida de manera prolongada, siendo el ejemplo más elocuente el de la insulina para que su efecto dure más tiempo sin necesidad de aplicar nuevas dosis o el envío de los fármacos a un blanco específico donde se quiere obtener el resultado positivo o el diagnóstico temprano de enfermedades como el cáncer cuando esté aún reducido a unas pocas moléculas enfermas.

En el campo de la energía se pueden lograr materiales capaces de almacenarla de manera estable o la fabricación de celdas solares de alta eficiencia o la separación del agua en hidrógeno en y oxígeno para generar energía limpia o la creación de líneas de transmisión eléctrica de capacidades gigantescas.

En el medio ambiente se pueden lograr nanomembranas para la limpieza del agua, medios para reducir la contaminación ambiental o para reducir los efectos de catástrofes de contaminación o la erradicación de contaminantes químicos en el suelo o el uso de nanosensores para monitorear la calidad de los suelos y la salud de las plantas o para lograr vacunas para el ganado o para almacenar alimentos sin fuentes de energía.

Tendremos computadoras más rápidas y más pequeñas, como ya lo percibimos en las constantes ofertas y las mujeres ya reciben las ofertas de cosméticos basados en partículas nanométricas,tales como cremas para la piel, bronceadores o acondicionadores para el cabello.

El camuflaje será recurso fundamental en los conflictos, con telas que cambian de color, con chalecos antibalas más poderosos, mejores blindados y armas químicas y nucleares de nueva generación.

Entre los problemas consecuentes del desarrollo nanotecnológico se mencionan el agrandamiento de la brecha entre el primer mundo y los países pobres, hacer prescindibles grandes áreas geográficas y en consecuencia también muchos recursos naturales que los países del tercer mundo producen. La UNESCO ya ha advertido de esta brecha, no sin señalar que los importadores exigirán el cumplimiento de ciertas exigencias técnicas no cumplibles por los exportadores atrasados tecnológicamente. Y, por supuesto, aflora lo que hemos venido mencionando sobre el comportamiento ético dominado por el afán de ganancia rápida, que puede conllevar a la comercialización de productos nanotecnológicos de efectos indeseables no estudiados u obviados.

La nanotecnología molecular ha sido comparada, en capacidad de impacto, con la revolución industrial. Su presencia conllevará a cambios en el sistema político y en la organización social, así como en la economía y en el medio ambiente.   

Los organismos que se ocupan de su seguimiento han señalado hasta riesgos existenciales en su proliferación y han hecho un elenco tanto de sus peligros como de sus beneficios. Entre los primeros destacan un desequilibrio económico hasta su potencial uso por criminales o terroristas, desde el riesgo para las libertades personales o sociales hasta una competencia devastadora entre programas que rivalizan entre sí. Entre los segundos pueden encontrarse desde una respuesta a la escasez de agua dada que gran parte de ella se dedica a la agricultura y los sistemas de producción hasta un abaratamiento total de las computadoras o la solución a pobreza material y problemas sanitarios. Es evidente que habría una multiplicidad de nanofábricas con una creación en masa haciendo aparecer una abrumadora necesidad de reciclaje y mucho menos necesidad de empleo de trabajadores o de mano de obra calificada. Y como siempre, todo dependerá de un marco jurídico regulador que controle los potenciales beneficios y el peligro de los spybots, esto es, la capacidad de vigilancia extrema sobre todos los habitantes.

 

La inteligencia artificial (IA)

Generalmente se ubica a la Inteligencia Artificial (IA) en el campo de la computación dado el gran esfuerzo por lograr que un programa se comporte de forma inteligente sin tomar en cuenta la forma de razonamiento para lograr este objetivo. Definición genérica a la que se han agregado muchas específicas como la de crear máquinas capaces de realizar funciones que realizadas por personas requieren de inteligencia o como lograr que las computadoras realicen tareas que momentáneamente los humanos hacen mejor o como una rama de la computación que se ocupa de la automatización de la conducta inteligente o como campo de estudio enfocado a la explicación y emulación de la conducta inteligente de procesos computacionales.

En cualquier caso la IA procura una tecnología capaz de proveer a las computadoras de capacidades de razonamiento similares a la inteligencia humana y como investigación relativa a los mecanismos de la inteligencia humana  que se emplean en la simulación de validación de teorías. De allí en adelante se explayan las definiciones y los usos.

Construir máquinas que puedan ejecutar tareas para las cuales se requiere inteligencia humana ha implicado una mezcla de computación, fisiología y filosofía y, por supuesto, robótica. De allí la abundancia de definiciones y el progresivo enfrentamiento a sus problemas originales: lo computadores no tienen significados verdaderos y no pueden pensar, no tienen autoconciencia y sólo pueden hacer aquello para lo cual están programados.

La computadora ejecuta órdenes y no puede razonar sobre dicha información. El objetivo es lograr que se adapte al método de razonamiento y comunicación humanos para que ponga en práctica no sólo los algoritmos que el hombre le introduzca sino establecer los suyos propios. En pocas palabras, hacer de la computadora un ser pensante.

Los robots no son otra cosa que aparatos capaces de realizar tareas propias de los seres humanos. Los hay industriales que realizan tareas mecánicas y repetitivas , los llamados de servicio que los proporcionan directamente a los miembros de la sociedad, los inteligentes que requieren el uso de razonamiento humano y los humanoides que imitan determinadas peculiaridades del ser humano.

Máquinas que piensan ya las encontramos por todas partes en los llamados Sistemas Expertos (SE). Un experto en un tema es aquel que tiene un conocimiento especializado sobre ese tema. En este campo a este conocimiento se le llama conocimiento del dominio, entendiendo esta última palabra como énfasis en que el conocimiento pertenece a un problema específico. Esto es, máquinas razón ando como lo haría un experto humano (médico, ingeniero, arquitecto, empresario). Podríamos denominarlos como el esfuerzo por computarizar  dominios muy concretos. Es un software que imita el comportamiento de un experto humano en la solución de un problema. Pueden almacenar conocimientos de expertos para un campo determinado y solucionar un problema mediante deducción lógica de conclusiones y que ya se aplican en empresas y en diversos campos dado la gran cantidad de información que debe ser manejada. Son el ejemplo de máquinas que piensan como el hombre restringidas a un espacio de conocimientos limitados. Sus usos van desde predicción meteorológica, previsión del tráfico, evolución de la Bolsa, diagnóstico, deducir fallos a partir de sus efectos. diagnóstico médico, detección de fallos en electrónica, análisis de imágenes, reconocimiento del habla, inversiones financieras, configurar objetos bajo ciertas especificaciones, diseño de circuitos, automóviles, edificios, control de centrales nucleares y factorías químicas, depuración, prescribir remedios para funcionamientos erróneos, desarrollo de software y circuitos electrónicos, efectuar lo necesario para hacer una corrección, reparar sistemas informáticos. Los vemos cada día, hasta cuando llevamos nuestro auto a reparar y es conectado con una máquina que hace el diagnóstico o cuando en la TV se nos ofrece un programa para manejar la contabilidad y todo lo relativo a los impuestos de las empresas.

Muchos creen que la capacidad de los microchips de un circuito integrado se duplicará cada dos años y que este crecimiento permitirá que se alcance la capacidad del cerebro para procesar la información lo que inauguraría la era de las máquinas ultra inteligentes, definida por tal como la capaz de superar las actividades intelectuales de cualquier ser humano lo que conllevará a la aparición de problemas miles de veces más de prisa que la selección natural lo que significará un presente muy distinto del pasado humano. Es lo que Vernor Vinge (Un abismo en el cielo, Al final del Arco Iris) define como singularidad.

Vinge es un autor de ciencia-ficción dura, pero su tesis de la singularidad tecnológica según la cual la creación de inteligencias artificiales de capacidades mayores a la humana, que a su vez producirían inteligencias aún mayores y así sucesivamente, nos coloca en el mismo sitio de la discusión que hemos abordado de la filosofía transhumanista o del hombre posthumano.

Se parte así de la base de que la conciencia es codificable o del surgimiento de una superinteligencia colectiva o de la interconexión entre humanos y computadoras (prótesis, chips, cyborgs) y finalmente a la intervención de la bioingienería sobre un hombre mejorado.

La Web 3.0 debe ser una forma de integración lógica que nos lleve al surgimiento del llamado cerebro global desde una conciencia y ética, también globales; y no física como proponen algunos, que sueñan con la fusión entre humanos y tecnologías, defendida por la ideología transhumanista.

La aceleración del proceso cibernético ha logrado que un hombre en su vejez viva en un mundo muy distinto al de su infancia. Una computadora se puede romper pero sus programas pueden ser traspasados a otra. Leonardo fabricó una máquina para volar, lo que constituyó un error, pues simplemente trataba de imitar a los pájaros. Lo que hoy se plantea es no tratar de imitar a la mente sino de entender los mecanismos que utiliza la mente para tratar de resolver los problemas. Así, se pudo volar cuando se comprendieron las leyes que permitían que un aparato volara. Hoy las máquinas procesan tal cantidad de información que puede alcanzar un nivel de conocimiento hasta llegar a ser una entidad inteligente.

Lo que sostiene la cibernética parte de un recordatorio de la evolución desde los organismos unicelulares hasta el homo sapiens y que las máquinas igualmente evolucionarán hasta llegar a pensar y que son una nueva forma de la materia altamente organizada. El asunto está en plantearse si ha terminado la evolución humana. Algunos ven la tecnología como una ruptura con la lenta evolución biológica y al siglo XXI como un equivalente a 20 mil años de desarrollo lineal.

La especulación está abierta: entidades no biológicas con copias del cerebro humano, robots microscópicos en el cerebro, seres biológicos con inteligencia mejorada por el efecto de millones de nanobots enviados a sus cerebros y que también podrán existir en la realidad virtual. Es la conclusión que asola a nuestro mundo: la humanidad no es el fin de la evolución sino el principio. Por supuesto que no faltan los argumentos en contrario: las máquinas jamás serán capaces de lograr la comprensión, inteligencia y discernimiento auténtico; los estados mentales sólo pueden ser producidos por un sistema vivo y en función de las propiedades bioquímicas del cerebro;  nuestra inteligencia no solo consiste en lo que sabemos sino también en lo que somos; el funcionamiento de los ordenadores es secuencial y el proceso del pensamiento es continuo por lo que no podemos comunicarnos con ellos porque no comparten nuestro contexto; las características esenciales de la experiencia humana no pueden ser captadas por modelos formales del tipo de la IA, porque se arraigan en la experiencia corporal y en tradiciones sociales sin expresión verbal; el concepto de sistema simbólico en si es propiamente lingüístico y lo que los investigadores desarrollan en sus programas es en realidad un modelo de argumento verbal y no del funcionamiento del cerebro.





Etiquetas:   Nanotecnología   ·   Robótica   ·   Inteligencia Artificial

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