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Tutorías


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24/06/2012

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TUTORÍAS






Vicente Adelantado Soriano





Sabiamente dice Epicteto: “las ovejas no se jactan ante su pastor de cuánto han comido cada día sino que lo demuestran con su leche, su lana y sus crías.”

Juan Luis Vives, Las disciplinas.





Se dice, con toda razón, que no hay momento más depresivo para el profesorado que el fin de curso. Durante diez meses, yendo en muchas ocasiones contra corriente, contra todo y contra todos, este ha tratado de explicar, enseñar, y hacer comprender, en sus clases, a sus queridos alumnos, los principios y fines de la ciencia que ha escogido, y que se considera importante en la educación de la juventud.

-Eso de escoger -me dijo un amigo profesor- es cosa del pasado. Ahora, en estos tiempos tan modernos, no sólo no escoges la asignatura que impartes sino que tampoco, y menos todavía, a tus propios alumnos.

-¿Quieres decir que cualquier persona puede impartir cualquier asignatura?

-Más o menos. Un historiador puede dar clases de lengua y literatura, y uno de inglés puede dar clases de historia. Y viceversa.

-Entonces, ¿para qué tanta especialización?

-Yo tampoco he entendido -me dijo socarronamente- que en la Naturaleza haya tanta profusión de flores, plantas y animales. Con tener merluzas, corderos, atunes, vacas y un poco más, ya es suficiente, ¿no te parece?

-¡Hombre! ¿Qué quieres que te diga?

Era a finales de curso, y mi amigo el profesor estaba especialmente socarrón. Entendí que era una forma como otra cualquiera de defenderse de los momentos duros y difíciles que estaba viviendo, como todos los años. Desde luego debe de ser muy decepcionante encontrarte con exámenes en blanco después de haber estado meses y meses explicando y resolviendo dudas. O con otros exámenes con tantas faltas de ortografía que hasta en su propio nombre las cometen.

-Esto no funciona -me dijo mi amigo-. Lo que te voy a decir a ti ahora, en voz baja, me podría costar más de un disgusto si lo dijera en cualquier lugar público sin susurrarlo.

-Supongo que porque no es políticamente correcto.

-Supones bien. Contra eso y los tópicos es muy difícil luchar. Sin duda porque hay muchos intereses de por medio.

-O porque es la forma más fácil de “comprender” el mundo.

-Sí, desde luego. Y sea como sea, esto de la educación obligatoria es una memez que no funciona. La educación no tenía que ser obligatoria. A veces, cuando veo la forma de entrar de muchos alumnos en las aulas, me acuerdo de mi infancia: entonces los curas, y los maestros, nos obligaban a ir a misa.

-Sí, lo recuerdo. Aquello no nos sirvió de nada ni para nada.

-Para perder el tiempo. Pero nosotros, al menos, estábamos callados durante la misa, hoy se dice eucaristía. Y ya te cuidarías muy mucho de hablar o de reírte. Actualmente, sin embargo, raro es el alumno, sin ganas de estudiar, que no está en clase incordiando y molestando al profesor y al resto de los alumnos.

-Ya lo dice el refrán: la casa de la chica llana no lo quiere ser ella sola.

-Más o menos. Antes a estas personas se las mandaba a un aula con un profesor de guardia, o a clases de refuerzo... Ahora, con la crisis, que a más de uno le ha venido muy bien, no hay aulas, ni para ellos ni para los alumnos con cualquier otro tipo de problemas: todos han de estar juntos y revueltos. Nada de discriminaciones ni favoritismos.

-Pero así no se puede enseñar. Así no se podrá dar una clase ni explicar nada.

-Eso no le importa a casi nadie. Lo que importa es que los críos estén en un aula y no por la calle. Saber o no saber no tiene ninguna importancia, máxime si te percatas de la profundidad de pensamiento de nuestros políticos, del comportamiento de muchos personajes públicos, y de la vaciedad de nuestro cine en particular y de nuestro arte en general. No te hablo del teatro porque ya ha pasado a ser una pieza arqueológica. Cosas del pasado, que nunca volverá.

-Entonces -le dije sorprendido- no hay trabajo más absurdo que el tuyo.

-Sí, me puedes tomar por un aparcacoches, o algo similar, aunque los alumnos no son muebles, ni la escuela un guardarropías. No obstante, ni todos los tiempos son uno, ni todos los muchachos son iguales. Además hay algo de mi juventud, mayo del 68, que perdura en mí. Eso me mantiene en pie. Y algunos alumnos me apuntalan. En todas las clases, gracias a los inmortales dioses, siempre me tropiezo con gente con ganas de saber y estudiar. Con personas educadas. Doy la clase para ellos. El resto ha sido puesto allí para molestar, para que no ascendamos mucho o no sean muchos quienes nos sigan. El lastre.

-Es una pena. Ya sabes que yo no tengo hijos; pero oyéndote hablar a ti, he tomado conciencia del mundo de la educación, y de vez en cuando, he leído obras, tratados y ensayos.

-No sirven de nada -me dijo mi amigo con contundencia-, no se pueden aplicar. Mira, para comenzar, la enseñanza no tendría que ser obligatoria. Y no sólo eso, sino que al alumno, para que fuera admitido en la escuela, se le debería hacer un examen. Y se debería rechazar a todo aquel que no tenga aptitudes o que no esté dispuesto a desarrollarlas. Luego, si van a estudiar letras, y como dice Luis vives, se debería avisar a los padres de que los que sus hijos van a estudiar los van a hacer mejores, más educados y más personas, pero de poco más les va a servir.

-¿Y eso no es mucho?

-En otro mundo tal vez, en este, no. ¿O es que acaso no triunfa siempre el que más vocifera, el que más ruido mete o el que se pliega a lo que le dice el poder o mueve el incensario ante sus narices? Los políticamente correctos. Eso sin olvidar, y también lo dice Vives, que la educación se ha convertido en un negocio.

-Hace tiempo. Hace mucho tiempo de eso. No hay más que acordarse de Sócrates y de los sofistas.

-Efectivamente. Imagínate ahora la enorme cantidad de academias que hay. Sin olvidar que el Estado, pobrecico él, se ha quedado sin dinero, y no puede, en consecuencia, hacer nuevos institutos. Recurre entonces a los ya hechos, que, por regla general, pertenecen a la Iglesia. Son los llamados colegios concertados. Y allí, igual que en los institutos públicos, se acepta a todo tipo de personal. No está reservado el derecho de admisión. Y contra más alumnos, más concierto, es decir, más dinero. Y el cincuenta o sesenta por ciento de los alumnos están allí perdiendo el tiempo, es decir, no engrosando las filas del paro.

-Qué mal se lo deben pasar los que quieran estudiar.

-A veces también les viene muy bien: les sirve de excusa el comportamiento de la clase para lograr superar las asignaturas con el mínimo esfuerzo. No obstante, y a pesar de todo, siempre hay gente buena. Y sí, esos lo pasan mal. Bastante mal.

-¿Y no se puede hacer nada al respecto?

-¿No te parece que ya estamos bastante desprestigiados los profesores? Sólo nos faltaba pedir que no hubiera tanto alumno por clase, y que nos dieran tiempo para estudiar o investigar. O que la educación no fuera obligatoria. Nos podía pasar de todo. Algunos hasta serían capaces, por nosotros, de resucitar a la Santa Inquisición. Y por otra parte, siempre aparecerá algún periodista, víctima de la LOGSE, o con claros intereses políticos, diciendo que no hace falta prepararse nada para enseñar a sumar o a hacer un análisis sintáctico. O para explicar a Juan Ramón Jiménez, que ya se dio el año pasado, y el otro y el anterior.

-Y esa persona ¿no ha tenido en cuenta que todo cambia y evoluciona?

-Bueno, en esta vida todo es relativo: Garcilaso de la Vega podía pedir un verdadero renacimiento, una vuelta a los clásicos, a la mitología griega; y otros, como san Vicente, también querían una vuelta a los clásicos, pero a los que van después, es decir a san Agustín y a la patrística.

-¿Y qué haces ante semejante tesitura?

-Lo mismo que hice cuando me tocó, para mi desgracia, hacer el servicio militar: desear que llegue pronto el día de la licenciatura, o el de la jubilación, para entendernos. La última diana.

-Con semejantes perspectivas no es extraño que nada bueno salga de colegios e institutos.

-No seamos injustos. La mitología griega es una maravilla, y san Agustín otra distinta. Hay gente buena, y hay padres que se percatan de las dificultades, y de lo complicado que es, a veces, mantener una clase, de 30 o más alumnos, en silencio y prestando atención.

-Máxime con la falta de respeto y educación que nos alumbra.

-Ese es otro problema. Y no menos grave. El otro día, en una tutoría, le conté a un padre que mi sueño era hacerme millonario y montar un colegio por mi cuenta y riesgo. En mi colegio, le expliqué, no se admitirá a cualquiera, y la enseñanza será totalmente gratuita.

-¿Y de qué te alimentarás tú?

-No me estropees el sueño, por favor. Allí todo alumno que no tenga ganas de estudiar, o no tenga el comportamiento adecuado, será expulsado.

-¿Y qué te dijo el padre?

-Que uno de los libros de lectura que le había puesto el profesor de literatura a su hijo no estaba escrito en castellano sino en argentino o mexicano, ya no recuerdo. Y que su hijo estaba avergonzado porque el protagonista, o un amigo suyo, en un momento determinado no hace un uso correcto y honesto de su cuerpo.

-¿Y qué le dijiste?

-¿Qué quieres que le diga? Nada. Me acordé de lo que, un día, me contó la jefa de estudios del instituto: su profesor de Historia de la Educación le dijo, en una clase, que era una incongruencia que a cualquier persona se le obligue a sacarse el carnet de conducir para llevar un coche, y nadie esté obligado a sacarse ningún carnet para ser padre. Y ahí empieza el verdadero problema del sistema educativo. ¿Qué te parece? Un libro que estaba escrito en argentino o en chileno, y eso le molestaba. Y el nacimiento sexual de un adolescente, también.

-Sin palabras.

-Me contó más cosas. Ninguna de ellas relacionadas con el sexo. Pero hasta de recordarlas me avergüenzo. Efectivamente tenía razón aquel hombre: no tiene sentido pedir el carnet de conducir o el de manipulador, y no exigir un mínimo para ser padres. ¿Sabes? Muchos de los comportamientos en el aula, por parte de los alumnos inadaptados, no es más que un deseo de llamar la atención, de reclamar del profesor, aunque de forma burda, el cariño y la atención que no tienen en casa.

-Sí, ya lo dijo Vives: Miserum illum qui admonitorem non habet quum aget.

-También lo dijo aquel cuando la supuesta esclava le anunció, resignada, que tendría su cuerpo pero jamás poseería su corazón: no se puede tener todo en esta vida. Y si no tienen quien los corrija cuando se equivocan, o lo necesitan, tienen, al menos, gente preocupada porque estén en clase los doce meses del año. Algo es algo.

-Si esa es la solución que el Señor nos coja confesados. Y con la selección de fútbol clasificada para lo que sea.

-Amén. Eso es imprescindible. El principio de la felicidad.







Etiquetas:   Educación   ·   Profesores

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