la decadencia

Ustedes me condenan a irme, yo, los condeno a quedarse…

 

. Una señora encopetada acompañada por otras dos mas y sentadas en una mesa redonda con cubierta de cristal celebraban el premio que durante toda la tarde habían anhelado. -¡Felicidades amiga! Ya era hora, con esto casi te amanas esta tarde ha sido fatal, yo he perdido ya la colegiatura de los niños, mi marido me va a matar – dijo conchita una de sus compañeras de azar. Acto seguido se apareció una rémora vestida con pantalón negro camisa blanca y un chaleco muy al estilo de calico Jack con un trofeo en la mano derecha y en la siniestra un fajo de billetes en una pequeña charola imitación de plata, al son de unos 5,500.00. pesos el lauro ganado. -¡Felicidades, aquí tiene su premio! Dijo la susodicha trabajadora- Coloco la charolita y contó delante de la señora Regina el pago correspondiente -Felicidades nuevamente señora, agrego en espera de la propina. -Gracias mija, dijo la señora y le dio un billete mejor conocido como sor Juana. Innumerables y hambrientos en numero como langostas van llegando amas de casa, estudiantes, padres de familia, empresarios, empleados y todos, en busca de la fortuna, cuales piratas en los tiempos del gran Pier, prisioneros de su adicción y esclavos de su obsesión desbordada, llenan día con día las salas que ofrecen diversión, azar, recreación y entretenimiento. En estos santuarios brindan, los grandes ladrones, el maridaje perfecto, juego, alcohol, ilusión y aventura, victimas de ellos, los que han perdido la sana conciencia y la razón, como premio la ruina material y espiritual, claro que los bucaneros disfrazan el verdadero fin ofreciendo luces de colores en algunos casos espectáculos de barata y rifas sin costo alguno, como consolación. Estos bribones favorecidos con la patente de los corsos, van generando angustia, pánico, tristeza, enojo y demás sentimientos ya que al fin, son un manantial de emociones, mientras literalmente atracan a los incautos. Esta ansiedad demencial que provoca en las personas el acto de jugar, en espera de ganar fortuna rogándole a san Birjan, santo ampliamente conocido por la familia de ludópatas y de esta manera resolver sus necesidades económicas o, por lo contrario de acabar con sus riquezas materiales, ha sido y será sin duda alguna la causa y motivo para que los grandes zares sigan abriendo catedrales al despilfarro al nihilismo y a la desintegración social y familiar por consiguiente. Hermosa herencia que la humanidad debe a los Indus, Chinos o Persas, la historia no es precisa en ese dato, y mientras el bandolerismo en su forma grotesca disfruta de las mieles del desamor individual. Los personajes asiduos a dichos recintos los podemos identificar fácilmente al verlos deambular por la ciudad carentes de cualquier sentido de la vida, sin rumbo ni orden, ya que para ellos el juego y el acto de apostar es su motivo de vida, reitero, siempre con la ilusión falsa de ganar unas monedas una corona de laurel o el galardón dorado, situación que pocas veces lograremos ver.  Con un frenesí desbordado intentan apuestas intrépidas comprando bolas, jugando a los dados, en el juego de la bestia cuya suma de sus números nos da 666 y una opción de ganar entre 38 posibles, en la maquinas conocidas como traga perras o en el libro foráneo mejor conocido como book, donde los merlines adivinadores de resultados deportivos apuestan en una selección de una hasta 10 posibilidades, una aventura de locura, donde siempre la gran sorpresa de la semana provoca impotencia, nervios, rabia, desilusión y perdida, aunado a las emociones y sentimientos antes mencionados, obsesión que lleva al delirio y a la mas completa desesperación capaz de arriesgar todo y maltratarse en cuestiones sentimentales y espirituales hasta llegar a un estado cataléptico. “Actividad recreativa” sometida a reglas leoniles manejadas por controladores mecánicos y eruditos matemáticos descendientes de Pitágoras y de los números sagrados supervisados por aves rapaces del orden falconiforme apoyados por mapaches y al final de la fiesta hienas hambrientas disfrazadas de corderos indefensos en el puesto de cajeros. La decadencia en su máxima expresión, el estado evolutivo en franca descomposición es el resultado de la falta de educación, de conciencia y razón, la lucidez y confianza en uno mismo, serian un buen rival a estos depredadores. Expresiones como, “dame el sol de hoy” que podemos escuchar en las filas de la caja, acompañada de “tips” son el vocabulario coloquial y común, la esperanza como resultado de la ignorancia es el icono de las salas de juego… Causal de enfermedades como la bronquitis, producida por la bacteria mejor conocida como deuditis jueguitis.  

UNETE



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