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Mensaje de los poderosos


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22/06/2012

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Tal vez sea la justicia o, mejor, el concepto de justicia el que más se ha estudiado en  teoría política  o, si se quiere,  en filosofía política. No sólo ha sido desmenuzado  por John Rawls al postularlo como imparcialidad ( justice as fairness ) en una comunidad inexistente de hombres “libres” e “iguales” , poseedores de una sabiduría más o menos general pero de una ignorancia particular  (debido al velo de ignorancia),  sino que incluso en los primeros momentos del pensamiento y la reflexión política ya  uno de aquellos sofistas de los que tanto se mofó injustamente  Sócrates , como  es Trasímaco, se refería a la misma como el interés del más fuerte o del más poderoso. Es decir, la justicia estaría lejos de ser algo imparcial y  obedecería fundamentalmente  a quien sustenta el  poder (sea político, económico, etc.).


Hace un año exactamente y ante la muerte de Hamza al-Khatib, un niño sirio de apenas 13 años, quien, tras ser devuelto a su familia por las autoridades sirias luego de un mes de desaparecido, se había  convertido en el símbolo de las protestas contra el gobierno de Al-Assad al difundirse un video que mostraba su cadáver ensangrentado ( con heridas de bala en sus brazos, abdomen, pecho, con claros signos de haber sido torturado y con su pene amputado), escribíamos que el caso de Siria no era el caso de Libia. Que Siria poseía poco petróleo,  que era  aliada de Irán y que tenía una vieja amistad con Rusia; que parecía muy poco probable que EEUU, después de su incursión en países como Afganistán, Irak y libia, acompañara a la OTAN en una nueva aventura intervencionista; y que sus vecinos, entre los que se encontraba Turquía y el mismo Israel, parecían preferir la presencia en el gobierno de Al-Assad. Que la comunidad internacional se encontraba en un dilema, pues si bien la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) no permite la injerencia de unas naciones en los asuntos de otras ( como se puede leer en el preámbulo de la Declaración de la Organización de la Naciones Unidas , que versa “Sobre los principios de derecho Internacional referente a las relaciones de amistad y a la cooperación entre estados “. O en el mismo apartado que lleva por título “El principio de la igualdad de derechos y de la libre determinación de los pueblos”, donde se proclama que : “En virtud del principio de la igualdad de derechos y de la libre determinación de los pueblos, consagrado en la Carta de las Naciones Unidas, todos los pueblos tienen el derecho a determinar libremente, sin injerencia externa, su condición política y de procurar su desarrollo económico, social y cultural, y todo Estado tiene el deber de respetar este derecho de conformidad con las disposiciones de la Carta” ) , no es menos cierto que la Declaración Universal de los Derechos Humanos,  en su artículo 2 dice que toda persona tiene derecho a la vida, a la libertad, a la seguridad, a no ser sometido a torturas, etc. “sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.

Por todo ello,  me terminaba preguntando si la comunidad internacional se quedaría con los brazos  cruzados mientras los civiles eran masacrados porque nos está impedida la injerencia en los asuntos de internos de otros Estados; si se debía intervenir o no  cuando los ciudadanos de algunos Estados están siendo asesinados por gobiernos que no desean ser desplazados; si pueden los gobiernos autoritarios doblegar a sus ciudadanos y gobernar contra la voluntad popular apelando a la no intervención en sus asuntos internos; o si, en fin, se puede gobernar contra los deseos de buena parte de la población por el hecho de que un grupo dispone y está en posesión del monopolio de la fuerza.

El caso es que ahora se ha corrido la especie de que la solución que ha encontrado la comunidad internacional , ante el continuo veto de países como Rusia y China en el Consejo de Seguridad de la ONU a las diferentes resoluciones contra Siria , es, similar a lo que sucedió en Yemen con Abdullah Saleh, que la dupla Medvédev y Putin  conceda asilo a Bashar Al-Assad , el cual gozará de total impunidad y no podrá ser juzgado a partir de ese momento por ningún tribunal internacional. Al parecer los 6.000 millones de dólares que Al-Assad ha transferido a suelo ruso parecen confirmar este rumor.

El comportamiento de la familia Al–Assad parece rubricar de esta manera ese mensaje que viene de antiguo; esto es: que la justicia está de parte de los poderosos si estos juegan bien su papel. Pues el mismo padre de Bashar Al.-Assad liquidó en 1982  a unos 30.000 habitantes de la ciudad de Hama  y, sin embargo, no sólo murió tranquilo en su cama sino que le transfirió el poder a su hijo, quien, dicho sea de paso, ha demostrado ser un digno sucesor de su padre.





Etiquetas:   Naciones Unidas   ·   Derechos Humanos   ·   Conflictos Armados

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