España no me convence, máxime cuando ahora sé de esos fondos rastreros que oculta tras la apariencia. Mi propia experiencia personal conviene en allegarse a esa expresión de hartazgo que se escucha a menudo en la calle sobre que los españoles padecemos una justicia de mierda. No creo en la integridad judicial del mismo modo que colegí el corporativismo miserable de un Colegio de profesionales vergonzante cuando no estulto, prevaricador y pleno de corruptela.




