La estrategia se fracturó. Triunfo presidencial en riesgo.

Los medios y sus informadores, como nunca, tomaron partido. Contrastaron dos cosas, los dos polos más rentables. Si bien es su derecho, políticamente también es un riesgo. Por un lado, apostaron por el desgaste de la figura presidencial con el tema de la lucha contra los narcotraficantes, y, por el otro, posesionaron la imagen del candidato de su preferencia. A pesar de que está en juego la estabilidad política del país, no les interesó formar parte de un movimiento que culminara en la integración de un pacto nacional, que impidiera  la simulación de los actores políticos, en la difícil tarea de combatir la delincuencia organizada.

 

. Contrastaron dos cosas, los dos polos más rentables. Si bien es su derecho, políticamente también es un riesgo. Por un lado, apostaron por el desgaste de la figura presidencial con el tema de la lucha contra los narcotraficantes, y, por el otro, posesionaron la imagen del candidato de su preferencia. A pesar de que está en juego la estabilidad política del país, no les interesó formar parte de un movimiento que culminara en la integración de un pacto nacional, que impidiera  la simulación de los actores políticos, en la difícil tarea de combatir la delincuencia organizada.
En lugar de ello, las empresas televisoras –Televisa y TV Azteca-vislumbraron la posibilidad de impulsar a una figura política, como su candidato preferido para ocupar la presidencia de la República. Desde siempre, la apuesta fue descalificar sistemáticamente al presidente Calderón y su estrategia de lucha contra la delincuencia organizada y destacar la figura del gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto como un político cumplidor, con capacidad de gobernar al país.

Al final lograron su cometido y Peña fue electo como candidato único del PRI a la presidencia de la República. No fue un candidato de un partido político sino el representante de los llamados poderes fácticos que quieren, un presidente a su medida. Si bien es válido, la política en un escenario así deja de tener su contenido fundamental: ser el fiel de la balanza.

Impulsar un movimiento en favor de México, hasta llegar a la firma de un pacto político viable para combatir la inseguridad no fue de su interés, en cambio promovieron la carrera política de un gobernador al que cuidaron desde las cámaras de televisión hasta llegar a donde se lo propusieron: la candidatura a la presidencia de la República. Esto demuestra el poder que ejercen las televisoras en México; hacen de actores políticos, incluso desprestigiados, figuras públicas con niveles de aceptación de artistas de la farándula. Lejos han quedado los partidos políticos de tener el monopolio del poder público, ahora lo comparten subordinadamente  y en segundo plano con los medios de comunicación.

Sorpresivamente y sin dar crédito a lo que sucedió, ese poder se vio tocado en su centro de gravedad por jóvenes universitarios de una escuela privada. El movimiento de los jóvenes universitarios denominado “Yo Soy el 132”, rompió con la estrategia del duopolio televisivo, esa unión poderosa e inquebrantable para unos e inevitable para otros, que más que el PRI, llevaría al candidato Enrique Peña Nieto en la presidencia de la República. Bastó un error, un hecho prácticamente fortuito, coyuntural para demostrar la fragilidad del manejo de los medios a partir de un movimiento que no controlan como son las redes sociales; medio de comunicación que identifica a los jóvenes en el mundo.

El movimiento estudiantil nació de una presentación en la Universidad Iberoamericana[1], institución de educación superior privada, donde el candidato del PRI fue rechazado por los estudiantes que lo presionaron severamente. La reacción del “cuarto de guerra” de su campaña reviró rápido pero equivocadamente al desestimar la actitud de los estudiantes. El resultado fue el peor error que un político puede hacer: sacar a los estudiantes de las aulas universitarias.

Al igual que la televisión desgastó la estrategia del Presidente Calderón durante casi seis años, los jóvenes rompieron la estrategia que parecía inevitable de llevar a un candidato a la presidencia de la República por medio del control y manejo de los contenidos de la información. Los universitarios contrarrestaron el poder de la televisión con el poder mediático de las redes sociales.

Como lo narra María Luisa Arredondo, con la osadía propia de su juventud, expresaron su rechazo a Peña Nieto durante su visita a la Universidad. Al grito de consignas como “Fuera, fuera, la Ibero no te quiere”, obligaron al candidato del PRI a huir por la puerta de atrás. Las declaraciones en defensa del candidato no fueron las más adecuadas, señalando que no eran estudiantes o que estaban manipulados; la reacción fue inmediata. “Acusados por el equipo de Peña Nieto de haber sido manipulados y de ser unos impostores, los jóvenes se dieron a la tarea de difundir a través de las redes sociales un video llamado “Somos 131” (antecedente del movimiento “Yo Soy el 132”) en el que se identifican, con su credencial en mano, como alumnos de esa Universidad”[2].

En apoyo al movimiento estudiantil “Yo Soy el 132” se sumaron alumnos de otras universidades, como la Anáhuac, el Tecnológico de Monterrey, el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y de otras universidades del país. Como  lo define María Luisa Arredondo, el movimiento no estaba definido con un candidato. A pesar de ello, difícilmente se podía pronosticar qué tan grave fue el daño que sufrió Peña Nieto a raíz de su visita a la Ibero. “Lo que sí se supo es que, desde ese día, los jóvenes, que potencialmente representan 14 millones de votos, decidieron salir a las calles y hacer oír su voz”[3].

Otro factor que descompuso el puerto seguro que parecía tener la estrategia de las televisoras, en particular de la empresa Televisa, fue el señalamiento, desde el gobierno de los Estados Unidos, del ex gobernador de Tamaulipas Tomás Yarrington Ruvalcaba de tener nexos con el cártel del Golfo. De inmediato hubo una posición  mediática, un deslinde urgente por parte del equipo de campaña y la dirigencia nacional del PRI. Vale destacar puntualmente que ninguno de los dos acontecimientos – el de los estudiantes y los nexos con la delincuencia organizada- se debieron a medidas promovidas por los candidatos del PAN y el PRD y menos fueron acciones concertadas por los estrategas de cada equipo de campaña.

Las televisoras y sus informantes tal vez, desde su objetivo, tuvieron éxito en desgastar la estrategia de lucha contra el presidente Calderón, pero eso no los blindó de los efectos negativos al hacerse público los supuestos nexos de gobernadores del PRI con la delincuencia organizada, entre otros, Fidel Herrera, ex gobernador de Veracruz. Es decir, la estrategia de las televisoras fue tan errática como la que le fabricaron al Jefe del Ejecutivo.

El error del presidente Calderón se puede resumir en una frase escrita por Malcolm Beith: “En ninguna parte del instructivo Calderonista había un capítulo acerca de ganarse las mentes y los corazones”. Y ahí se refugiaron los medios. A pesar de la labor social y comunitaria que brinda el Ejército Mexicano y la Marina Armada de México, no fue la nota que acreditara su presencia en las calles; por el contrario su actuar estuvo duramente criticado por un tema tan sensible como el respeto a los derechos humanos.

De “la guerra de Calderón”, “los muertos de Calderón”, se pasó al señalamiento constante de los militares como violadores permanentes de derechos humanos. No hubo tregua ni matices, la cosa fue desprestigiar al presidente en su empeño por combatir a la delincuencia organizada. Siguiendo con Beith, “los capos mexicanos siempre han sabido cómo manipular la opinión pública; las autoridades, al parecer, no tenían ni idea”[4].

Ni modo, la estrategia de los medios se fracturó y su apuesta por la presidencia de la República está en riesgo. Los jóvenes están en las calles por un mal manejo del “cuarto de guerra” y los medios ahora no pueden evitar difundir la nota de funcionarios públicos ligados al narcotráfico, en particular, los identificados con el PRI.

 

[1] La presentación del Enrique Peña Nieto  se llevó a cabo en el Auditorio “Sánchez Villaseñor” de la Universidad Iberoamericana, el viernes 11 de mayo de 2011.

[2] Ver. María Luisa Arredondo. “Enlace: Primavera en la Ibero contra Peña Nieto”. http://www.laopinion.com/Primavera_en_la_Ibero_contra_Pena_Niet_en_Mexico

[3] Ibid.

[4] Ver. Malcolm Beith. “El último narco”. EdicionesB. México 2011. Página 141.

 

UNETE



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