Vivimos tiempos de revolución social alentada por personajes emblemáticos como José Luis Sampedro, nonagenario con el arte visionario de la llamada a la resistencia social ahora que, casual será, gobierna el liberalismo. Antes llegó el ¡Indignaos! del también nonagenario y no menos caradura Stéphane Hessel que realizó pingüe negocio aprovechando la visión editorial del oportunismo, pretendiendo el personaje erigirse guía de una rebelión cuyo fin real era apoyar a la izquierda radical, responsable de los problemas provocados.Una reivindicación justo por esa izquierda a la que llegaba el finiquito electoral, en muchos países, con la perspectiva del relevo político.




